Nueva téoria de la evolución
Entrevista Discover, Erik Winfree
lunes, diciembre 5, 2011, 04:01 AM
e52b Entrevista Discover: Erik Winfree, 05.12. 2011

La siguiente es una traducción de un artículo publicado en la edición del 11 de agosto de 2009 de la revista Discover titulado La entrevista: Erick Winfree, escrito por Stephen Cass. Al final se encontrará mis comentarios.

La entrevista Discover: Erick Winfree, gracias, Evolución, por hacer el gran material de construcción llamado ADN

Las computadoras electrónicas son grandes en lo que hacen. Pero para llevar a cabo tareas físicas realmente complicadas como la construcción de un insecto-Erik Winfree dice que tienes que desarrollarlo a partir del ADN.



La ameba más humilde realiza hazañas de manipulación molecular que son la envidia de cualquier ingeniero humano. En el montaje de estructuras biológicas complejas de forma rápida y con precisión atómica, la ameba es prueba viviente del poder de la nanotecnología para transmutar la materia inerte en formas maravillosas que viven. Las amebas y las células de su cuerpo, para el caso, son expertas en estas habilidades, ya que han tenido miles de millones de años para perfeccionar su juego de herramientas moleculares. Erik Winfree, profesor de ciencias de la computación y la bioingeniería en Caltech, está decidido a aprovechar toda la maquinaria pulida por la evolución. Él está buscando formas de explotar los métodos de la biología celular para crear un nuevo tipo de ingeniería a escala molecular. Aunque todavía está en sus primeros días, esta línea de investigación podría conducir a formas revolucionarias de tratamiento de la enfermedad o la creación de máquinas complicadas por su cultivo en lugar de ensamblarlas a partir de piezas.

Winfree, quien en 2000 ganó una "beca para genios", MacArthur centra su investigación particularmente en el ADN, la molécula que almacena la información genética. Nuestras células utilizan esta información para construir las proteínas que forman la estructura de nuestro cuerpo y hacen casi todo el trabajo que supone el estar vivo. Pero Winfree va más allá de la biología. Él quiere explotar las propiedades químicas únicas del ADN para procesar la información como una computadora (usando nuevas disciplinas científicas conocidas como la programación y la informática molecular ADN) e incluso colocar la molécula de ADN como un andamio sobre el cual construir estructuras útiles. Winfree habló con el editor en jefe de Discover, Stephen Cass, sobre su trabajo y sus implicaciones para la comprensión del origen de la vida, y donde este tipo de investigación podría conducir en el futuro lejano.

Usted trabaja en computación biomolecular. ¿Qué es exactamente eso?

Es diferentes cosas para diferentes personas. Para mí, significa entender que los sistemas químicos pueden llevar a cabo el procesamiento de información y estar diseñados para llevar a cabo diversas tareas. Una manera en que yo lo veo es por analogía: Podemos diseñar ordenadores para llevar a cabo todo tipo de tareas de información, y son particularmente útiles cuando se puede conectar esas computadoras para controlar los sistemas electromecánicos. Por ejemplo, usted puede conseguir información desde una cámara de vídeo. Puede enviar los resultados a un motor. La meta para la computación biomolecular es desarrollar controles similares para los sistemas químicos y de escala molecular. ¿Cómo se puede programar un conjunto de moléculas para llevar a cabo las instrucciones?

¿Cómo te involucraste en este campo tan exótico de la investigación?

Me interesé en la conexión entre la biología y la computación antes de la preparatoria, en la década de 1980. Estaba aprendiendo a programar una computadora Apple II y al mismo tiempo estaba leyendo libros como “El gen egoísta” de Richard Dawkins. Estas cosas se fusionaron en mi mente. Yo estaba interesado en la programación de sistemas biológicos, los juegos que la evolución está jugando. Y yo estaba interesado en las complicaciones biológicas de todas las formas, en particular las complicaciones neuronales: ¿Cómo funcionan los cerebros? Al mismo tiempo que estaba desarrollando un amor por algoritmos. Estudié las matemáticas y la teoría de las ciencias de la computación como estudiante en la Universidad de Chicago. Fui a Caltech como estudiante de posgrado, interesado en redes neuronales para la robótica. Entonces di una presentación sobre la obra informática de Leonard Adleman [de la Universidad de California del Sur] en computación del ADN. Era una nueva forma de pensar acerca de la conexión entre los sistemas moleculares y computación. No era sólo el campo de un teórico, sino una área donde usted puede realmente comenzar a tener ideas para los algoritmos moleculares y ponerlas a prueba en el laboratorio.

Usted no es el primero en su familia en ganar una beca MacArthur-su padre, Arthur Winfree, consiguió una en 1984 por su trabajo sobre la aplicación de las matemáticas a la biología. ¿Cómo influyó su pensamiento sobre Usted?

Cuando yo era niño, él no era un ganador de beca MacArthur; era sólo mi papá. Y excéntrico, tal vez. Le encantaba mostrar las cosas a nosotros los niños. He desarrollado mi hábito de nunca acabar de creer cosas porque él siempre trataría de atraparnos y hacernos pensar por nosotros mismos. Una gran cantidad de sus amigos que conocí cuando era niño con el tiempo se convirtieron en becarios por sí mismos, así que crecí pensando que su original forma de pensar y de ser era normal.

Esas conexiones con becarios MacArthur lo han seguido a lo largo de su vida, ¿verdad?

Algo de eso ha ocurrido por accidente, y pero otros no. Trabajé para Stephen Wolfram [un matemático independiente que creó el influyente paquete de software “Mathematica”] durante un año después de conocerlo en una Conferencia MacArthur con mi papá. Así que no fue por casualidad. Pero más tarde, mi asesor de Ph.D., John Hopfield, era un compañero becario MacArthur que conocí por casualidad, supongo que porque yo estaba buscando a la gente que realmente respetara. Luego otras personas que conocí se convirtieron en becarios. Pasé algún tiempo en la Universidad de Princeton y conocí a Michael Elowitz, que me enseñó acerca de la microscopía; se convirtió en un becario en el año 2007. Y luego Paul Rothemund, quien fue un post-doctorado en mi laboratorio; consiguió una beca también.

¿Acaso ese sentido de comunidad libertaria refleja la forma en que funciona su laboratorio en Caltech?

Trato de alentar una actitud muy independiente en mi laboratorio, en parte porque sé que mi éxito se debe en gran parte debido a que mi asesor me dio mucha rienda suelta. En realidad, su frase favorita era que él me daba suficiente cuerda como para ahorcarme. Vuelvo a pensar en los antiguos filósofos griegos y la forma en que se reunían teniendo debates en los que todos llevaban su propia historia y proceso a la mesa de discusiones. Así que, cuando un estudiante entra en mi laboratorio, me gusta decir, "OK, así que trae un proyecto y me dices la semana que viene lo que vas a hacer." A veces es un proceso angustioso para ellos. Ellos no toman una semana, sino un mes o un año o dos años antes de que realmente averigüen lo que les interesa. A pesar de que puede ser doloroso, creo que es un proceso mejor que decirle a la gente que llevan a cabo cosas específicas en las que no encuentren un modo de saber muy bien lo que les gusta.

Los sistemas biológicos reales utilizan proteínas para manejar la mayoría de los trabajos, pero en su práctica de laboratorio se centran en el uso de ADN. ¿Por qué?

Las proteínas son mucho más complicadas que el ADN. El ADN es más predecible, sin embargo, puede llevar a cabo una enorme gama de funciones. Es algo así como un kit de Lego para construir cosas a nanoescala; es mucho más fácil de encajar las piezas juntas que con las proteínas. En un sentido, no estamos haciendo nada nuevo. Los biólogos tienen una hipótesis de que había una vez un mundo de ARN [el ARN es un primo de una sola hebra de ADN que actúa como un traductor entre el ADN y las fábricas de proteínas en las células vivas]. Si nos fijamos en la historia de la vida en este planeta, probablemente hubo un tiempo antes de que las proteínas evolucionaran. En aquel entonces ARN era a la vez un sistema de almacenamiento de información y un elemento activo, llevando a cabo la mayoría de las funciones dentro de la célula. Esa visión nos dice que podemos hacer una gran cantidad de ácidos nucléicos, ya sea ARN o ADN.

Pues bien, ¿qué tipo de tareas se pueden lograr con el ADN de ingeniería?

Es muy emocionante. Vemos diferentes tipos de sistemas moleculares como modelos de computación. Un modelo de cálculo, para un científico de la computación, es un conjunto de operaciones primitivas y formas de poner esas operaciones primitivas en conjunto para obtener el comportamiento a nivel de sistema.

Por ejemplo, los diseñadores de circuitos digitales tienen puertas lógicas simples, tales como ESTO ADICIONAL u OTRO, como operaciones primitivas. Usted puede cablearlas juntas en circuitos para hacer funciones complicadas. [Su PC funciona con los comandos, por ejemplo.] Pero hay muchos tipos diferentes de modelos de computación considerados en ciencias de la computación.

Animo a una actitud muy independiente en mi laboratorio, porque sé que mi éxito se debió a que mi asesor me daba rienda suelta.

Uno de mis principales intereses es en el estudio de cuales modelos de computación son apropiados para pensar en sistemas moleculares. En los últimos cuatro años hemos conseguido interés en las redes de reacción química, donde se tiene un conjunto de reacciones: Molécula A más molécula B reacciona para formar la molécula C y X más C forma A. Tradicionalmente, las reacciones químicas se han utilizado como un descriptivo idioma para explicar las cosas que vemos en la naturaleza. En su lugar, los estamos tratando como elementos de un lenguaje de programación, una forma de expresar comportamientos que estamos tratando de obtener. Cuando se puede mover partes de una molécula de un lugar a otro, es como un algoritmo informático que actúa sobre los datos. En el mundo molecular, la estructura de datos es en realidad un ejemplo de estructura física, en moléculas de ADN. Así, el desarrollar algo de ADN se puede considerar como una modificación de una estructura de datos. El reto es tomar un programa escrito en esa lengua y su aplicación con verdadera moléculas. Hemos tenido algunas manifestaciones de eso, y estamos muy interesados en ver qué tan lejos podemos llegar. También pensamos acerca de cómo tomar una molécula y controlarlo para que se pliegue en una estructura muy específica. Paul Rothemund desarrolló eso. [Rothemund fue noticia en 2006 por la construcción de caras sonrientes microscópicas de ADN programado]. Y luego están los motores de escala molecular. Todas estas cosas se han demostrado en una forma primitiva con sistemas de ADN.

Eso suena fascinante desde una perspectiva teórica, pero ¿cuáles son las implicaciones prácticas de ser capaz de controlar las moléculas de esa manera?

Hay mucho entusiasmo acerca de la terapéutica inteligente, donde las interfaces de química con sistemas biológicos sirven para curar la enfermedad; una visión basada en la informática podría desempeñar un papel. Para ese tipo de trabajo, tenemos que distinguir entre los sensores, actuadores y unidades de procesamiento de información. A escala macroscópica, estamos familiarizados con la idea de que los sensores y actuadores tienen que lidiar con el mundo físico, pero la unidad de procesamiento de información se aísla del mundo físico. Es completamente simbólico: ceros y unos. No le importa lo que el significado de los ceros y unos tengan; sólo los procesa. Con terapias inteligentes en donde habrá mucho trabajo requerido de sensores y actuadores para interactuar con los sistemas biológicos de manera significativa [tales como la detección y manipulación de moléculas con el fin de curar la enfermedad] lo que es realmente difícil. Pero la esperanza es que un día vamos a ser capaces de construir una unidad de procesamiento de ADN que pueda conectarse a los sensores y actuadores y tomar decisiones acerca de a que células dirigirse o que productos químicos producir. Esto es algo especulativo. Estoy muy lejos de ser investigador biomédico personalmente.

¿Qué hay acerca de la utilización de la computación biomolecular desarrollando dispositivos o máquinas, ¿cómo pudiera eso funcionar?

Aquí, de nuevo, la idea es que hay una parte del trabajo que se puede hacer por el ADN como parte programable. Y luego hay una parte donde usted necesita alguna sustancia químicamente viable que esté vinculada al ADN; que es la parte del actuador. Hay toda una serie de químicos para sujetar cosas como las proteínas, los nanotubos de carbono, o puntos cuánticos [puntos metálicos de 5 a 10 nanómetros con propiedades ópticas interesantes] en localizaciones específicas del ADN. Eso sugiere que si se puede construir un andamio de ADN, luego los podría procesar químicamente para conseguir algo útil. Por ejemplo, un arreglo de nanotubos de carbono unido al ADN podría ser convertido en un circuito eléctricamente conductor. Para construir ese andamiaje de ADN, es posible que tenga que auto-ensamblar a partir de "azulejos" hechos de tramos cortos de ADN. Los azulejos estarían diseñados para que tengan normas vinculantes para la forma en que se pegan entre sí. Esto es básicamente un proceso de crecimiento de cristales programable. Se puede poner en un cristal de alimentación que contenga su programa [colocándolo en un compuesto de azulejos de ADN y otras materias primas]. El cristal de la alimentación podría entonces hacer crecer cualquier objeto que haya programado para crear.

En un nivel filosófico, este trabajo es emocionante, porque es un proceso de crecimiento puro no biológico que tiene muchas de las características que normalmente asociamos con la biología. Estoy tan acostumbrado a pensar en el ADN como la molécula biológica final que es difícil imaginar que sea utilizada de manera no biológica, pero en realidad hay una larga tradición de uso de los componentes biológicos con fines no biológicos. Como si estuviera sentado en un escritorio de madera, pero los árboles no tienen intención de hacer escritorios o barcos o casas o cualquiera de las cosas que usamos la madera para construir. El utilizar el ADN de esta forma es completamente en la tradición humana de la tecnología. Parece extraño sólo porque todas nuestras asociaciones con ADN son biológicas.

Cuando considera el ADN como una forma de tecnología, ¿cambia la forma de ver a las personas o la vida en general?

El uso de ADN de esta manera, sin duda hace que sea posible tener una perspectiva diferente de lo que es la vida. Este es un tema que a menudo preocupan a los filósofos, porque usted no puede encontrar una definición satisfactoria de la vida. Los biólogos a menudo no se preocupan por tema y simplemente siguen adelante con sus estudios. Pero cuando toma el enfoque reduccionista de que los fenómenos que vemos pueden ser explicados en términos de componentes y cómo estos componentes interactúan entre sí, la vida es un mecanismo, y lo que usted busca son moléculas que sean capaces de hacer un montón de cosas interesantes. Eso es exactamente lo que nos encontramos con el ADN: Es un tipo de molécula portadora de información que es muy programable. Podemos diseñar moléculas de ADN para actuar como puertas, actuar como motores, actuar como catalizadores. Estos resultados hacen que sea más plausible ver a los seres vivos como software en un lenguaje de programación química.

Los árboles no tienen ninguna intención de hacer escritorios o casas. Así, el utilizar el ADN de esta forma es completamente en la tradición humana de la tecnología.

¿Cuál es el mayor obstáculo que enfrenta en la transformación de todos sus increíbles conceptos en una realidad?

¡Quiero ser capaz de hacer que las moléculas funcionen de la manera que yo les pido que lo hagan! Para alguien que está entrenado en ciencias de la computación teórica, es difícil comenzar una carrera como investigador experimental de laboratorio. Construimos y probamos sistemas, a excepción de que los sistemas que en realidad construimos y probamos son mucho más simples que los sistemas que podemos escribir en un papel. Una cosa es hacer un caso en el papel que podemos poner en práctica con una larga serie de reacciones químicas de 5000 líneas con el ADN y otra cosa diferente es construir un sistema que involucra a tres o cuatro reacciones y todavía no ver que funcione de la manera que queremos. Hay muchas cosas interesantes que pensar en el nivel conceptual de cómo estructurar los programas, pero por el momento estamos muy preocupados por el problema de implementación y pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en eso. Varias cuestiones nos están limitando. Por ejemplo, cuando diseñamos los componentes moleculares hay todo tipo de diafonía. Nuestros componentes basados en el ADN chocan entre sí. Algunos de los componentes que se supone que no reaccionen entre sí lo hacen, de todos modos. Ciertas reacciones no suceden aunque deberían hacerlo.

¿Cómo piensa enfrentar a esos problemas?

Tenemos que construir tolerancia a las fallas. No está claro cómo va a salir todo esto. Una razón propuesta al por qué los sistemas biológicos están constantemente haciendo y destruyendo proteínas, es sólo para que siempre tengamos moléculas frescas en lugar de moléculas con moho a la mano, que es potencialmente parte de la solución a este problema de diafonía. El otro problema es que si usted tiene muchos componentes, todos ellos tienen que estar en concentraciones bastante bajas, y en bajas concentraciones tendremos operaciones muy lentas.

¿Hay maneras de hacer que la computación biomolecular ocurra al ritmo acelerado que asociamos con la computación convencional?

No vamos a competir con los ordenadores electrónicos. Estamos haciendo cosas diferentes. Piense en la fabricación de un nuevo tipo de instrumento o dispositivo que es tan increíblemente complicado y cuidadosamente orquestado como una mosca o un insecto. A mi juicio, para la fabricación de ese tipo de cosas se necesita hacerlas crecer. A continuación, la comparación es con el desarrollo biológico. Si nos fijamos en las escalas de tiempo en el desarrollo biológico, a menudo son horas o días. Usted necesita que lo que haya que pasar, que pase en el momento adecuado para hacer crecer diferentes partes de una estructura.

¿Cuánto tiempo pasará antes de que realmente puedan diseñar sistemas complicados y tratamientos terapéuticos con ADN programado?

Hice una gráfica hace aproximadamente un año en el que miré a través de artículos influyentes en computación de ADN y la nanotecnología. En 1980 Ned Seeman de la NYU comenzó el campo de estudio, haciendo un sistema con aproximadamente 32 nucleótidos [moléculas que unen entre sí para formar el ADN]. Si traza el número de nucleótidos que personas han reunido desde entonces, el crecimiento es exponencial. Tenemos un nuevo documento que describe un sistema de aproximadamente 14,000 nucleótidos. El número de nucleótidos en los diseños más o menos se duplica cada tres años. Seis duplicaciones tomarán aproximadamente más de 20 años y llegarán hasta un millón de nucleótidos, que es del orden del tamaño de un genoma bacteriano. El tamaño no es necesariamente una medida de lo que puede hacer con el sistema, pero se nos dice que con el fin de mantener el aumento a ese ritmo necesitamos dominar la complejidad. Tenemos que jugar los mismos juegos que la informática ha estado jugando para manejar sistemas complicados. Conseguir estos sistemas de trabajo va a ser extremadamente difícil y probablemente requerirá avances conceptuales reales. Es por eso que me gusta esta área de estudio.

[Fin de la traducción]

Mis comentarios:

La evolución no sólo nos ha traído un gran material de construcción llamado ADN. También nos dio, por escrito (lo que se tiene que aprender a leer), la forma en que se combina para lograrlo.

Mi teoría: La evolución se repite en el desarrollo (los procesos en los testículos, los ovarios y hueveras) y en la gestación (los procesos en la matriz) cada especie de acuerdo a sí misma.

De esta manera, tenemos la conformación del ADN en los testículos y los ovarios y la aplicación de los procesos una vez que el óvulo y el espermatozoide se unen en el útero. Además de la generación de los cambios epigenéticos durante el tiempo de vida de los seres de acuerdo a sus experiencias (Ver artículos: Entrevista Discover: Lynn Margulis y Los pecados de los padres, segunda enseñanza).

¿Puede esta información acortar los tiempos de la investigación? Sí, si los científicos hacen suya mi teoría.

Lo que mi teoría ofrece es el patrón de cambios y el lugar en donde lo pueden estudiar y verificar. Este patrón “está por escrito” y los que estudian este tema ya conocen los elementos necesarios para leerlo

Hay mucha más información en este blog que incluye un resumen de mi teoría en mi respuesta al artículo de Richard Dawkins "El evolucionista enojado" Lea su artículo para que usted sepa a lo que estoy dando mi respuesta.

También me gustan los retos extremos que requieren avances conceptuales, es por eso que he estado estudiando mi teoría de la evolución por mi cuenta desde 1965.

Disponible para pláticas sobre mi teoría.

Félix Rocha Martínez
www.cicatrices.com.mx
[url=mailto:frocham@yahoo.com]frocham@yahoo.com
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Saltillo, Coahuila, México
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Discover interview: Lynn Margulis, June 17, 2011
sábado, junio 18, 2011, 07:46 PM
Following is a transcription of the Lynn Margulis interview by Discover published in Internet on June 17th, 2011 written by Dick Teresi. In parenthesis you will find my commentaries.

Response to Discover Interview: Lynn Margulis Says She's Not Controversial, She's Right

It's the neo-Darwinists, population geneticists, AIDS researchers, and English-speaking biologists as a whole whom have it all wrong.



A conversation with Lynn Margulis is an effective way to change the way you think about life. Not just your life. All life. Scientists today recognize five groups of life: bacteria, protoctists (amoebas, seaweed), fungi (yeast, mold, mushrooms), plants, and animals. Margulis, a self-described “evolutionist,” makes a convincing case that there are really just two groups, bacteria and everything else.

(In Discover's magazine edition of March 2006 there is an article by the heading of "Unintelligent Design" that speaks intensively about viruses. We should ask Lynn Margulis where does she place viruses in her concepts).

That distinction led to her career-making insight. In a 1967 paper published in the Journal of Theoretical Biology, Margulis suggested that mitochondria and plastids—vital structures within animal and plant cells—evolved from bacteria hundreds of millions of years ago, after bacterial cells started to collect in interactive communities and live symbiotically with one another. The resulting mergers yielded the compound cells known as eukaryotes, which in turn gave rise to all the rest—the protoctists, fungi, plants, and animals, including humans. The notion that we are all the children of bacteria seemed outlandish at the time, but it is now widely supported and accepted. “The evolution of the eukaryotic cells was the single most important event in the history of the organic world,” said Ernst Mayr, the leading evolutionary biologist of last century. “Margulis’s contribution to our understanding the symbiotic factors was of enormous importance.”

Her subsequent ideas remain decidedly more controversial. Margulis came to view symbiosis as the central force behind the evolution of new species, an idea that has been dismissed by modern biologists. The dominant theory of evolution (often called neo-Darwinism) holds that new species arise through the gradual accumulation of random mutations, which are either favored or weeded out by natural selection. To Margulis, random mutation and natural selection are just cogs in the gears of evolution; the big leaps forward result from mergers between different kinds of organisms, what she calls symbiogenesis. Viewing life as one giant network of social connections has set Margulis against the mainstream in other high-profile ways as well. She disputes the current medical understanding of AIDS and considers every kind of life to be “conscious” in a sense.

Margulis herself is a highly social organism. Now 71, she is a well-known sight at the University of Massachusetts at Amherst, where she is on the geosciences faculty, riding her bike in all weather and at all times of day. Interviewer Dick Teresi, a neighbor, almost ran her over when, dressed in a dark coat, she cycled in front of his car late at night. On the three occasions that they met for this interview, Teresi couldn’t help noticing that Margulis shared her home with numerous others: family, students, visiting scholars, friends, friends of friends, and anybody interesting who needed a place to stay.

Most scientists would say there is no controversy over evolution. Why do you disagree?

All scientists agree that evolution has occurred—that all life comes from a common ancestry, that there has been extinction, and that new taxa, new biological groups, have arisen. The question is, is natural selection enough to explain evolution? Is it the driver of evolution?

(I disagree that all life comes from a common ancestry. My theory says that each species has its own evolution, but with general tendencies. "Natural selection" goes against diversity).

And you don’t believe that natural selection is the answer?

This is the issue I have with neo-Darwinists: They teach that what is generating novelty is the accumulation of random mutations in DNA, in a direction set by natural selection. If you want bigger eggs, you keep selecting the hens that are laying the biggest eggs, and you get bigger and bigger eggs. But you also get hens with defective feathers and wobbly legs. Natural selection eliminates and maybe maintains, but it doesn’t create.

(I consider that random mutations destroy, they do not generate evolution).

That seems like a fairly basic objection. How, then, do you think the neo-Darwinist perspective became so entrenched?

In the first half of the 20th century, neo-Darwinism became the name for the people who reconciled the type of gradual evolutionary change described by Charles Darwin with Gregor Mendel’s rules of heredity [which first gained widespread recognition around 1900], in which fixed traits are passed from one generation to the next. The problem was that the laws of genetics showed stasis, not change. If you have pure breeding red flowers and pure breeding white flowers, like carnations, you cross them and you get pink flowers. You back-cross them to the red parent and you could get three-quarters red, one-quarter white. Mendel showed that the grandparent flowers and the offspring flowers could be identical to each other. There was no change through time.

There’s no doubt that Mendel was correct. But Darwinism says that there has been change through time, since all life comes from a common ancestor—something that appeared to be supported when, early in the 20th century, scientists discovered that X-rays and specific chemicals caused mutations. But did the neo-
Darwinists ever go out of their offices? Did they or their modern followers, the population geneticists, ever go look at what’s happening in nature the way Darwin did? Darwin was a fine naturalist. If you really want to study evolution, you’ve got go outside sometime, because you’ll see symbiosis everywhere!

(Originally, Charles Darwin overwhelmed scientists of his time. He had and has followers that defended and defend furiously his concepts that became everyday thoughts that ended up as a religion and the leaders of these thoughts ended up behaving as if they were a mafia. To corroborate it you just have to read the writings of nonconformist Darwinists: they start their articles with praises to Darwin, they write what they have investigated that does not comply with Darwin, and end up their articles with more praises to Darwin. If they do not do that they do not get to see again any grant money. Some of Darwin's followers become cynical: Scientists like Stephen Jay Gould wrote so much against Darwin's concepts, nevertheless, because in one occasion he wrote that maybe he, Stephen Jay Gould, could be wrong, he was declared a Darwinist).

So did Mendel miss something? Was Darwin wrong?

I’d say both are incomplete. The traits that follow Mendel’s laws are trivial. Do you have a widow’s peak or a straight hairline? Do you have hanging earlobes or attached earlobes? Are you female or male? Mendel found seven traits that followed his laws exactly. But neo-Darwinists say that new species emerge when mutations occur and modify an organism. I was taught over and over again that the accumulation of random mutations led to evolutionary change—led to new species. I believed it until I looked for evidence.

(Changes evolve a species, do not create a new one).

What kind of evidence turned you against neo-Darwinism?

What you’d like to see is a good case for gradual change from one species to another in the field, in the laboratory, or in the fossil record—and preferably in all three. Darwin’s big mystery was why there was no record at all before a specific point [dated to 542 million years ago by modern researchers], and then all of a sudden in the fossil record you get nearly all the major types of animals. The paleontologists Niles Eldredge and Stephen Jay Gould studied lakes in East Africa and on Caribbean islands looking for Darwin’s gradual change from one species of trilobite or snail to another. What they found was lots of back-and-forth variation in the population and then—whoop—a whole new species. There is no gradualism in the fossil record.

(Scientists have not been able to visualize that the ediacarans went through a megatransformation, evolution, and "suddenly in the fossil record you get to see almost all the main types of animals". They are not new species, they are the same species evolved by a macromutation, that is why they are so different).

Gould used the term “punctuated equilibrium” to describe what he interpreted as actual leaps in evolutionary change. Most biologists disagreed, suggesting a wealth of missing fossil evidence yet to be found. Where do you stand in the debate?

“Punctuated equilibrium” was invented to describe the discontinuity in the appearance of new species, and symbiogenesis supports the idea that these discontinuities are real. An example: Most clams live in deep, fairly dark waters. Among one group of clams is a species whose ancestors ingested algae—a typical food—but failed to digest them and kept the algae under their shells. The shell, with time, became translucent, allowing sunlight in. The clams fed off their captive algae and their habitat expanded into sunlit waters. So there’s a discontinuity between the dark-dwelling, food-gathering ancestor and the descendants that feed themselves photosynthetically.

(In my theory the evolution evidences are found in corporal vestiges, scars, and in epigenetics. Fossils are also welcomed as evidences, nevertheless, few are those that really are worth looking at given that those who find them end up ignoring them for they are no proof of what they want to prove. In 1913 they found the Boskops, big headed fossils that after 20 years of deliberations were sent to the "dead archives" so that other generations may study them. Recently, it was found a fossilized pelvis with a big birth channel prepared to give birth to big headed babies. Those fossils are more than enough to back up my theory. Following you may find illustration 7b from my book "Scars, New Theory of Evolution". In it you may see that the change in appearance in a species may be abrupt and occasionally almost unbelievable. Every time that there are mutations there is the probability of the apparent creation of new species, opportunity created by great changes in nature. There is an enormous variety of ediacarans, one for each species of "almost all the main types of animals". The species are the same, only evolved [more information in my article "Response to The Angry Evolutionist"]).



What about the famous “beak of the finch” evolutionary studies of the 1970s? Didn’t they vindicate Darwin?

Peter and Rosemary Grant, two married evolutionary biologists, said, ‘To hell with all this theory; we want to get there and look at speciation happening.’ They measured the eggs, beaks, et cetera, of finches on Daphne Island, a small, hilly former volcano top in Ecuador’s Galápagos, year after year. They found that during floods or other times when there are no big seeds, the birds with big beaks can’t eat. The birds die of starvation and go extinct on that island.

(There were not new species).

Did the Grants document the emergence of new species?

They saw this big shift: the large-beaked birds going extinct, the small-beaked ones spreading all over the island and being selected for the kinds of seeds they eat. They saw lots of variation within a species, changes over time. But they never found any new species—ever. They would say that if they waited long enough they’d find a new species.

(A new species could not be seen, it would be microscopic and that was not what they were looking for).

Some of your criticisms of natural selection sound a lot like those of Michael Behe, one of the most famous proponents of “intelligent design,” and yet you have debated Behe. What is the difference between your views?

The critics, including the creationist critics, are right about their criticism. It’s just that they’ve got nothing to offer but intelligent design or “God did it.” They have no alternatives that are scientific.

(Yes, there is a scientific alternative, but creationists do not see it given that they limit themselves. They are not searching for the truth. They want science to say what they want it to say. Given that science is not going to say what they want it to say, then science is wrong. The Bible is clear in saying to search for the truth, for only the truth shall make us free. There is no such a thing as a religious truth and a scientific truth. There is only the truth. I have generated a theory of evolution that is the same for scientists and for Believers. My theory is based on the fact that every time there is a change in the nature of beings there are evidences left "in writing" in the genetic expression of the genome, it leaves behind evidences [that Charles Darwin studied. See the article "The Useless Body Parts"], it leaves behind scars that we all have and that they are the evidences of our evolution [and that the other beings also have, each according to its own evolution]. Does any body need to be a Believer in a Divine Being to believe my theory? Of course not. We have the evidences of our evolution in our bodies, independently of what you believe. To Believers I say: That information got written in the Bible about some 3600 years ago: "God created all the animals each according to its own" [Genesis 1: 21]. Whomever wants to believe it by faith, let it be. Whomever wants to believe by science, let it be. It is the same theory for both of them. Please read an outline of my theory in my "Response to 'The Angry Evolutionist'" by Richard Dawkins, in this same blog).

You claim that the primary mechanism of evolution is not mutation but symbiogenesis, in which new species emerge through the symbiotic relationship between two or more kinds of organisms. How does that work?

All visible organisms are products of symbiogenesis, without exception. The bacteria are the unit. The way I think about the whole world is that it’s like a pointillist painting. You get far away and it looks like Seurat’s famous painting of people in the park (jpg). Look closely: The points are living bodies—different distributions of bacteria. The living world thrived long before the origin of nucleated organisms [the eukaryotic cells, which have genetic material enclosed in well-defined membranes]. There were no animals, no plants, no fungi. It was an all-bacterial world—bacteria that have become very good at finding specialized niches. Symbiogenesis recognizes that every visible life-form is a combination or community of bacteria.

(Following is the illustration 7c of my book "Scars" in which it is shown, looking from bottom up, that 2 independent beings unite to become only one. Those 2 independent beings are the ovule and the spermatozoid. The ovule includes the mitochondria genetics. Each species has its own illustration of evolution. The previous life to the union of the ovule and the spermatozoid is deciphered in the ovaries and in the testicles. The posterior life to the union of the ovule and the spermatozoid you can study it in the womb and both lives, the previous and the posterior lives are correlated, every time there was a genetic change in the testicles and in the ovaries there was a change also in the womb, each species according to its own evolution).



How could communities of bacteria have formed completely new, more complex levels of life?

Symbiogenesis recognizes that the mitochondria [the energy factories] in animal, plant, and fungal cells came from oxygen-respiring bacteria and that chloroplasts in plants and algae—which perform photosynthesis—came from cyanobacteria. These used to be called blue-green algae, and they produce the oxygen that all animals breathe.

Are you saying that a free-living bacterium became part of the cell of another organism? How could that have happened?

At some point an amoeba ate a bacterium but could not digest it. The bacterium produced oxygen or made vitamins, providing a survival advantage to both itself and the amoeba. Eventually the bacteria inside the amoeba became the mitochondria. The green dots you see in the cells of plants originated as cyanobacteria. This has been proved without a doubt.

(In the human being, the ovule eats up the spermatozoid getting rid of the cover and of the tail and generates a union that from there on evolves as only one being. In this way, evolution is repeated with the generation of a new being of that species. In the rest of the beings most of them are very similar, but each one has its own peculiarities).

And that kind of partnership drives major evolutionary change?

The point is that evolution goes in big jumps. That idea has been called macromutation, and I was denigrated in 1967 at Harvard for mentioning it. “You believe in macromutation? You believe in acquired characteristics?” the important professor Keith Porter asked me with a sneer. No, I believe in acquired genomes.

(I do believe in macromutation: we have a caterpillar, a worm, transformed into a moth, a flying insect. Chinese knew about it thousands of years ago. What is the problem of accepting millenary knowledge? That Charles Darwin did not say it? In the illustration in the form of a stair we can see that in one of the stages of our gestation [evolution] we transformed ourselves from an oval wafer with a long protuberance in the middle [similar to the ediacaran Dickensonia] to a being with a big head, belly and tail and without extremities in the following stage [similar to a sea horse]. Is it or is it not a macro mutation? Let laugh whomever wants to laugh!).



Can you give an example of symbiogenesis in action?

Look at this cover of Plant Physiology [a major journal in the field]. The animal is a juvenile slug. It has no photosynthesis ancestry. Then it feeds on algae and takes in chloroplasts. This photo is taken two weeks later. Same animal. The slug is completely green. It took in algae chloroplasts, and it became completely photosynthetic and lies out in the sun. At the end of September, these slugs turn red and yellow and look like dead leaves. When they lay eggs, those eggs contain the gene for photosynthesis inside. Or look at a cow. It is a 40-gallon fermentation tank on four legs. It cannot digest grass and needs a whole mess of symbiotic organisms in its overgrown esophagus to digest it. The difference between cows and related species like bison or musk ox should be traced, in part, to the different symbionts they maintain.

(When they lay eggs they carry the genes of both of them and in the hatching of the eggs evolution is repeated, each species according to its own).

But if these symbiotic partnerships are so stable, how can they also drive evolutionary change?

Symbiosis is an ecological phenomenon where one kind of organism lives in physical contact with another [1]. Long-term symbiosis leads to new intracellular structures, new organs and organ systems, and new species as one being incorporated to another being that is already good at something else [2]. This major mode of evolutionary innovation has been ignored by the so-called evolutionary biologists. They think they own evolution, but they’re basically anthropocentric zoologists [3]. They’re playing the game while missing four out of five of the cards. The five are bacteria, protoctists, fungi, animals, and plants, and they’re playing with just animals—a fifth of the deck [4]. The evolutionary biologists believe the evolutionary pattern is a tree. It’s not. The evolutionary pattern is a web—the branches fuse, like when algae and slugs come together and stay together [5].

(We have seen how the ovule eats up the spermatozoid [1]. All the unions are long term and each union leads to new intercellular structures, new organs and organ systems [2]. If you are not believed being a teacher of an important school, what are the chances that they will believe me? [3]. That is a pandemic in which I am included. I observe life, I make me questions and I study searching for answers wherever I can. I have observed animals and more to the human being. Neither you nor I have observed viruses [4]. The evolutionary pattern is not a tree, nor a web, it is a stair that in its lower part is double and gets united to be only one to evolve together in the same stair as it is shown in the illustration of the ovule and spermatozoid [5]. [I was never good on drawing. Drawings 7b and 7c should have been only one drawing]).

In contrast, the symbiotic view of evolution has a long lineage in Russia, right?

From the very beginning the Russians said natural selection was a process of elimination and could not produce all the diversity we see. They understood that symbiogenesis was a major source of innovation, and they rejected Darwin. If the English-speaking world owns natural selection, the Russians own symbiogenesis. In 1924, this man Boris Mikhaylovich Kozo-Polyansky wrote a book called Symbiogenesis: A New Principle of Evolution, in which he reconciled Darwin’s natural selection as the eliminator and symbiogenesis as the innovator. Kozo-Polyansky looked at cilia—the wavy hairs that some microbes use to move—and said it is not beyond the realm of possibility that cilia, the tails of sperm cells, came from “flagellated cytodes,” by which he clearly meant swimming bacteria.

(Following is illustration 4d of my book "Scars" where it is shown a variety of spermatozoids, each one with different specifications. Life is about diversity).



Has that idea ever been verified?

The sense organs of vertebrates have modified cilia: The rods and cone cells of the eye have cilia, and the balance organ in the inner ear is lined with sensory cilia. You tilt your head to one side and little calcium carbonate stones in your inner ear hit the cilia. This has been known since shortly after electron microscopy came in 1963. Sensory cilia did not come from random mutations. They came by acquiring a whole genome of a symbiotic bacterium that could already sense light or motion. Specifically, I think it was a spirochete [a corkscrew-shaped bacterium] that became the cilium.

Don’t spirochetes cause syphilis?

Yes, and Lyme disease. There are many kinds of spirochetes, and if I’m right, some of them are ancestors to the cilia in our cells. Spirochete bacteria are already optimized for sensitivity to motion, light, and chemicals. All eukaryotic cells have an internal transport system. If I’m right, the whole system—called the cytoskeletal system—came from the incorporation of ancestral spirochetes. Mitosis, or cell division, is a kind of internal motility system that came from these free-living, symbiotic, swimming bacteria. Here [she shows a video] we compare isolated swimming sperm tails to free-swimming spirochetes. Is that clear enough?

And yet these ideas are not generally accepted. Why?

Do you want to believe that your sperm tails come from some spirochetes? Most men, most evolutionary biologists, don’t. When they understand what I’m saying, they don’t like it.

(When I ask: if a man engenders and a woman conceives, gestates, gives birth, breast feeds and rears, who is superior? few men hesitate to say that women are, every one else, men and women without hesitation say that women. Additionally I say: to make a baby a man contributes with a spermatozoid that without a microscope it can not be seen. A woman provides an ovule, a very small sphere, but visible at plain sight. If a woman not only participates with the incubator but also with 99.99% of the material, who is superior? Of course a woman is. Is it that a man is not important whatsoever? Of course he is: a man produces millions and millions of spermatozoids so that a woman may use one, a man does it [unconsciously] with the end goal of achieving diversity. A man is born capable of creating mental images that allows him the potential of creating art, technology and science from birth. I am an example of what I am saying: I obtained a Bachelor of Science in Business Administration from College of the Ozarks in Clarksville, Arkansas, nevertheless, I have generated a theory about evolution. Some men do not like to be told that women are superior. Some women do not like either to be told that women are superior given that I tell them that their superiority does not give them privileges but responsibilities. Scientists put in doubt my concepts because I did not obtain them from an Ivy League School, but from my own studies, also, they resent that someone self taught would tell them that their 30 or 40 years studying Charles Darwin have been a waste of time. People that study religion like to hear that the Bible is not only about religion but also science, history and sociology. Nevertheless, the minute I tell them that the Bible was changed to say that a man was the first human being most of them do not even want to hear what evidences I have to say it. In this way Lynn Margulis and I have in common that many people do not understand or like what we have to say).

We usually think of bacteria as strictly harmful. You disagree?

We couldn’t live without them. They maintain our ecological physiology. There are vitamins in bacteria that you could not live without. The movement of your gas and feces would never take place without bacteria. There are hundreds of ways your body wouldn’t work without bacteria. Between your toes is a jungle; under your arms is a jungle. There are bacteria in your mouth, lots of spirochetes, and other bacteria in your intestines. We take for granted their influence. Bacteria are our ancestors. One of my students years ago cut himself deeply with glass and accidentally inoculated himself with at least 10 million spirochetes. We were all scared but nothing happened. He didn’t even have an allergic reaction. This tells you that unless these microbes have a history with people, they’re harmless.

Are you saying that the only harmful bacteria are the ones that share an evolutionary history with us?

Right. Dangerous spirochetes, like the Treponema of syphilis or the Borrelia of Lyme disease, have long-standing symbiotic relationships with us. Probably they had relationships with the prehuman apes from which humans evolved. Treponema has lost four-fifths of its genes, because you’re doing four-fifths of the work for it. And yet people don’t want to understand that chronic spirochete infection is an example of symbiosis.

(And from where did Lynn Margulis obtained the idea that humans evolved from pre human monkeys? From the same Charles Darwin that she is proving wrong? In the illustration in form of a stair the pre human monkeys from where we supposedly evolved do no exist. Monkeys have their own illustration in the form of a stair of their evolution. Each species according to its own).

You have upset many medical researchers with the suggestion that corkscrew-shaped spirochetes turn into dormant “round bodies.” What’s that debate all about?

Spirochetes turn into round bodies in any unfavorable condition where they survive but cannot grow. The round body is a dormant stage that has all the genes and can start growing again, like a fungal spore. Lyme disease spirochetes become round bodies if you suspend them in distilled water. Then they come out and start to grow as soon as you put them in the proper food medium with serum in it. The common myth is that penicilli_n kills spirochetes and therefore syphilis is not a problem. But syphilis is a major problem because the spirochetes stay hidden as round bodies and become part of the person’s very chemistry, which they commandeer to reproduce themselves. Indeed, the set of symptoms, or syndrome, presented by syphilitics overlaps completely with another syndrome: AIDS.

Wait—you are suggesting that AIDS is really syphilis?

There is a vast body of literature on syphilis spanning from the 1500s until after World War II, when the disease was supposedly cured by penicilli_n. Yet the same symptoms now describe AIDS perfectly. It’s in our paper “Resurgence of the Great Imitator.” Our claim is that there’s no evidence that HIV is an infectious virus, or even an entity at all. There’s no scientific paper that proves the HIV virus causes AIDS. Kary Mullis [winner of the 1993 Nobel Prize for DNA sequencing, and well known for his unconventional scientific views] said in an interview that he went looking for a reference substantiating that HIV causes AIDS and discovered, “There is no such document.”

Syphilis has been called “the great imitator” because patients show a whole range of symptoms in a given order. You have a genital chancre, your symptoms go away, then you have the pox, this skin problem, and then it’s chronic, and you get sicker and sicker. The idea that penicilli_n kills the cause of the disease is nuts. If you treat the painless chancre in the first few days of infection, you may stop the bacterium before the symbiosis develops, but if you really get syphilis, all you can do is live with the spirochete. The spirochete lives permanently as a symbiont in the patient. The infection cannot be killed because it becomes part of the patient’s genome and protein synthesis biochemistry. After syphilis establishes this symbiotic relationship with a person, it becomes dependent on human cells and is undetectable by any testing.

Is there a connection here between syphilis and Lyme disease, which is also caused by a spirochete and which is also said to be difficult to treat when diagnosed late?¨

Both the Treponema that cause syphilis and the Borrelia that cause Lyme disease contain only a fifth of the genes they need to live on their own. Related spirochetes that can live outside by themselves need 5,000 genes, whereas the spirochetes of those two diseases have only 1,000 in their bodies. The 4,000 missing gene products needed for bacterial growth can be supplied by wet, warm human tissue. This is why both the Lyme disease Borrelia and syphilis Treponema are symbionts—they require another body to survive. These Borrelia and Treponema have a long history inside people. Syphilis has been detected in skull abnormalities going back to the ancient Egyptians. But I’m interested in spirochetes only because of our ancestry. I’m not interested in the diseases.

When you talk about the evolutionary intelligence of bacteria, it almost sounds like you think of them as conscious beings.

I do think consciousness is a property of all living cells. All cells are bounded by a membrane of their own making. To sense chemicals—food or poisons—it takes a cell. To have a sense of smell takes a cell. To sense light, it takes a cell. You have to have a bounded entity with photoreceptors inside to sense light. Bacteria are conscious. These bacterial beings have been around since the origin of life and still are running the soil and the air and affecting water quality.

(Viruses are not cells, they are not covered by membranes. Following is a portion of the article "Unintelligent design":

[Few things on Earth are spookier than viruses. The very name virus, from the Latin word for "poisonous slime," speaks to our lowly regard for them. Their anatomy is equally dubious: loose, tiny envelopes of molecules—protein-coated DNA or RNA—that inhabit some netherworld between life and nonlife. Viruses do not have cell membranes, as bacteria do; they are not even cells. They seem most lifelike only when they invade and co-opt the machinery of living cells in order to make more of themselves, often killing their hosts in the process. Their efficiency at doing so ranks them among the most fearsome killers: Ebola virus, HIV, smallpox, flu. Yet they go untouched by antibiotics, having nothing really biotic about them.

The existence of viruses was first surmised just over a century ago by Dutch botanist Martinus Beijerinck. He mashed up disease-riddled tobacco leaves and then passed the juicy pulp through a porcelain filter fine enough to trap everything down to the tiniest bacteria. When even that filtered fluid infected other plants, a world still acclimating to Louis Pasteur's germ theory now had an even tinier class of pathogens to contemplate. Here were entities so wraithlike that they remained unseen until 1935, when scientists armed with the newly invented electron microscope managed to take a picture of the "poison" lurking in Beijerinck's slime, today known as tobacco mosaic virus.

Less an organism than a jumbled collection of biochemical shards, the virus eventually yielded Wendell M. Stanley, the leader of the research team that exposed it, a Nobel Prize in chemistry rather than biology. The discovery also set off an intense scientific and philosophical debate that still rages: What exactly is a virus? Can it properly be described as alive? " 'Life' and 'living' are words that the scientist has borrowed from the plain man," the British virologist Norman Pirie wrote at the time. "Now, however, systems are being discovered and studied which are neither obviously living nor obviously dead, and it is necessary to define these words or else give up using them and coin others"].

The biggest deceptions in my life, and I have had a lot of them, I have experienced them reading articles from purport experts that end them with the recognition that years of study have not taken them to a clear conclusion.

The following is a transcription of an article found in Newsweek Magazine in the issue of August 8th. 2007 by de name of “The Human Family Shrub?” written by Sharon Begley. The Human Family Shrub? [you can see the whole article and my commentaries in this same blog]: A new discovery suggests that Homo erectus may not have evolved from Homo habilis—and that the two may have been contemporaries:

[The phrase "family bush" doesn't trip off the tongue the way "family tree" does, but anyone talking about human evolution had better get used to it. For years, scientists who study human origins have known that the simple model in which one human ancestor evolved into another in a nice, linear fashion is a myth. Instead, starting 4 million years ago, half a dozen species in the genus Australopithecus lived in Africa at the same time. Only one is our direct ancestor; the others were evolutionary dead ends, failed experiments. But experts thought that once the Homo lineage debuted about 2.5 million years ago in East Africa with Homo habilis, things settled down, with habilis evolving into Homo erectus who evolved into Homo sapiens—us—like biblical begats].

The title says more than what a lot of people imagines: The common trunk is a myth!

[Two fossils discovered in Kenya suggest that evolution was a lot messier than that. One of the specimens, found just east of Kenya's Lake Turkana, is the upper jaw bone of a habilis from 1.44 million years ago; habilis was thought to have become extinct about 1.6 million years ago. The other is an erectus, say their discoverers, a well-preserved skull from 1.55 million years ago and the smallest ever found for this species. The more recent date for habilis shows that it and erectus were contemporaries for half a million years, from 1.9 million to 1.44 million years ago. The evidence that Homo habilis and Homo erectus lived at the same time in the Turkana basin makes it "unlikely that Homo erectus evolved from Homo habilis," says Meave Leakey, a lead author of the paper announcing the discovery in tomorrow's issue of the journal Nature –A research associate at the National Museums of Kenya and research professor at Stony Brook University in New York, she is the wife of anthropologist and naturalist Richard Leakey; their daughter Louise, the third generation of her family to go into the fossil-hunting business, is a co-discoverer of the new specimens].

(It is the 3rd. generation of the Leakey family searching for fossils, continuous activity for 100 years, something for which they are recognized worlwide. Now they come to tell us that there is no family tree and maybe not even a family schrub. They are elucubrating, they are imagining, they do not even know how right they are right. Truly, they do not know anything about evolution, nevertheless, they have immediate access to publish every thing that they do not know. More information in the article “The Human Family Shrub?” in this same blog).

Your perspective is rather humbling.

The species of some of the protoctists are 542 million years old. Mammal species have a mean lifetime in the fossil record of about 3 million years. And humans? You know what the index fossil of Homo sapiens in the recent fossil record is going to be? 
The squashed remains of the automobile. There will be a layer in the fossil record where you’re going to know people were here because of the automobiles. It will be a very thin layer.

Do we overrate ourselves as a species?

Yes, but we can’t help it. Look, there are nearly 7,000 million people on earth today and there are 10,000 chimps, and the numbers are getting fewer every day because we’re destroying their habitat. Reg Morrison, who wrote a wonderful book called The Spirit in the Gene, says that although we’re 99 percent genetically in common with chimps, that 1 percent makes a huge difference. Why? Because it makes us believe that we’re the best on earth. But there is lots of evidence that we are “mammalian weeds.” Like many mammals, we overgrow our habitats and that leads to poverty, misery, and wars.

Why do you have a reputation as a heretic?

Anyone who is overtly critical of the foundations of his science is persona non grata. I am critical of evolutionary biology that is based on population genetics. I call it zoocentrism. Zoologists are taught that life starts with animals, and they block out four-fifths of the information in biology [by ignoring the other four major groups of life] and all of the information in geology.

You have attacked population genetics—the foundation of much current evolutionary research—as “numerology.” What do you mean by that term?

When evolutionary biologists use computer modeling to find out how many mutations you need to get from one species to another, it’s not mathematics—it’s numerology. They are limiting the field of study to something that’s manageable and ignoring what’s most important. They tend to know nothing about atmospheric chemistry and the influence it has on the organisms or the influence that the organisms have on the chemistry. They know nothing about biological systems like physiology, ecology, and biochemistry. Darwin was saying that changes accumulate through time, but population geneticists are describing mixtures that are temporary. Whatever is brought together by sex is broken up in the next generation by the same process. Evolutionary biology has been taken over by population geneticists. They are reductionists ad absurdum.

(This is the basis for discarding the theory "Out of Africa". Simple and plainly they do not take in consideration the skin pigmentation of human beings [People came black out of Africa, they transformed to white in Armenia, just to get transformed to yellow in China, to become black again in Australia], the enormous variety of habits, the enormous variety of languages and dialects, [nine families of Indo European languages derived from Sanskrit, 150 families of languages in the American Continent, 4 or 5 in Africa and 16 in Australia).

Population geneticist Richard Lewontin gave a talk here at UMass Amherst, about six years ago, and he mathematized all of it—changes in the population, random mutation, sexual selection, cost and benefit. At the end of his talk he said, “You know, we’ve tried to test these ideas in the field and the lab, and there are really no measurements that match the quantities I’ve told you about.” This just appalled me. So I said, “Richard Lewontin, you are a great lecturer to have the courage to say it’s gotten you nowhere. But then why do you continue to do this work?” And he looked around and said, “It’s the only thing I know how to do, and if I don’t do it I won’t get my grant money.” So he’s an honest man, and that’s an honest answer.

(It satisfies the specification to praise Darwin and that is enough to receive grant money. The inferior layers of Darwinism always insist that an article to have credibility must be published in a recognized science magazine. The superior layers of Darwinism are in charge to see that articles that do not include praises to Darwin do not get published. For what I have said it is obvious that I am condemned to be a blogger for the rest of my life).

Do you ever get tired of being called controversial?

I don’t consider my ideas controversial. I consider them right.

(I also consider mine correct, nevertheless, I am aware that they are controversial, given that I step on somebody's toes anywhere I go. I still cherish the hope that with a lot of persistence I can make a dent in the concepts of a lot of people, including scientists).

Felix Rocha-Martinez
www.cicatrices.com.mx
frocham@yahoo.com
Saltillo, Coahuila, Mexico
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La entrevista de Discover: Lynn Margulis
viernes, junio 17, 2011, 03:56 AM
e51b La entrevista de Discover: Lynn Margulis, 17 de junio de 2011

A continuación doy a conocer mi traducción de la Entrevista a Lynn Margulis de la revista Discover publicada en Internet el 17 de junio de 2011 escrita por Dick Teresi. Entre paréntesis encontrará mis comentarios.

La entrevista de Discover: Lynn Margulis dice que ella no es controversial, que tiene la razón

Son los neo-darwinistas, los genetistas de población, los investigadores de SIDA y los biólogos de habla inglesa en general los que están equivocados.



Una conversación con Lynn Margulis es una manera efectiva de cambiar la forma de pensar acerca de la vida. No sólo la vida de usted, sino toda la vida. Los científicos ahora reconocen cinco grupos de vida: bacterias, protoctistas [amibas, algas marinas], hongos [levadura, moho, hongos], plantas, y animales. Margulis, autodescrita “evolucionista” hace un caso convincente de que existen realmente dos grupos: bacterias y todo lo demás.

(En la revista Discover de marzo de 2006 se encuentra un artículo que lleva el título de "Unintelligent Design", que habla de manera extensa sobre los virus [Una traducción de todo el artículo se encuentra casi al final de este blog bajo el título de "El diseño no inteligente]. Habría que preguntarle a Lynn Margulis en dónde coloca a los virus dentro de sus conceptos).

Esa distinción la llevó a generar el descubrimiento de su vocación. En un artículo del año 1967 publicado en la revista "Journal of Theoretical Biology", Margulis sugirió que la mitocondria y los plástidos –estructuras vitales dentro de las células de animales y plantas– evolucionaron de las bacterias hace cientos de millones de años, después empezaron a unirse en comunidades interactivas y simbióticamente vivas una con la otra. Los resultantes de las fusiones arrojaron las células compuestas conocidas como eukaryotes, las cuales a su vez dieron origen a todo el resto de los protoctistas, hongos, plantas, y animales, incluyendo a los humanos. La noción de que todos somos hijos de bacterias parecía extravagante en el momento, pero ahora es ampliamente apoyada y aceptada. “La evolución de las células eukaryóticas fue el evento más importante en la historia del mundo orgánico”, dijo Ernst Mayr, el biólogo evolutivo líder del siglo pasado. “La contribución de Margulis a nuestra comprensión de factores simbióticos es de una importancia enorme”.

Sus ideas subsecuentes siguen siendo decididamente más controversiales. Margulis llegó a ver la simbiosis como la fuerza central detrás de la evolución de nuevas especies, una idea que ha sido minimizada por los biólogos modernos. La teoría dominante de la evolución [con frecuencia llamada neo-darwinismo] sostiene que las nuevas especies se originan a través de la acumulación gradual de mutaciones al azar, las cuales pudieran ser favorecidas o eliminadas por la selección natural. Para Margulis, la mutación al azar y la selección natural son simplemente dientes de los engranes de la evolución: los grandes saltos hacia el resultado de las fusiones entre diferentes tipos de organismos, lo cual ella llama simbiogénesis. Ver la vida como una red gigante de conexiones sociales ha colocado a Margulis en contra del tren de pensamiento actual y también en otros senderos de alto perfil. Ella se opone al entendimiento médico presente del Sida y considera que cualquier tipo de vida tiene un sentido de conciencia.

La misma Margulis es un organismo altamente social. Ahora, a sus 71 años, es muy conocida en la Universidad de Massachusetts, campus Amherst, donde está en la Facultad de Geociencias, conduciendo su bicicleta en cualquier clima y a cualquier hora del día. El entrevistador Dick Teresi, un vecino, casi la atropella cuando, vestida con un abrigo oscuro, se le atravesó enfrente de su auto muy tarde por la noche. En las tres ocasiones que se reunieron para esta entrevista, Teresi no podía dejar de notar que Margulis compartió su hogar con muchas otras personas: familia, estudiantes, profesores de visita, amigos, amigos de amigos y cualquier persona interesante que necesitara un lugar para quedarse.

La mayoría de los científicos diría que no hay controversia sobre la evolución. ¿Por qué usted no está de acuerdo?

Todos los científicos están de acuerdo en que la evolución ha ocurrido –que toda la vida viene de un ascendente común, que ha habido extinción, y que nuevas especies, nuevos grupos biológicos, se han creado. La pregunta es: ¿es la selección natural suficiente para explicar la evolución? ¿Es ésta la impulsora de la evolución?

(Yo no estoy de acuerdo en que toda la vida viene de un ascendente común. Mi teoría dice que cada especie tiene su propia evolución, pero con tendencias generales. La "selección natural" va en contra de la diversidad).

¿Y usted no cree que la selección natural es la respuesta?

Esta es la confrontación que tengo con los neo-darwinistas. Ellos enseñan que lo que está generando novedad es la acumulación de mutaciones al azar en el ADN, en una dirección establecida por la selección natural. Si usted quiere huevos más grandes, usted se mantiene seleccionando a las gallinas que están poniendo los huevos más grandes, y usted obtiene huevos cada vez más grandes. Pero usted también obtiene gallinas con plumas defectuosas y patas tambaleantes. La selección natural elimina y quizás mantiene, pero no crea.

(Considero que las mutaciones al azar destruyen, no generan evolución).

Esa parece una objeción muy básica. ¿Cómo, entonces, cree que la perspectiva neo-darwinista llegó a estar tan arraigada?

En la primera mitad del siglo 20, el neo-darwinismo se convirtió en el nombre dado a la gente que concilió el tipo de cambio evolutivo gradual descrito por Carlos Darwin con las reglas de herencia de Gregorio Méndel [las cuales en un principio ganaron mucho reconocimiento alrededor de 1900], en el que los rasgos fijos pasan de una generación a la siguiente. El problema fue que las leyes de la genética demostraron estasis, no cambio. Si usted tiene cultivo puro de flores rojas y cultivo puro de flores blancas, y las cruza, obtiene flores de color rosa. Usted regresa la cruza luego al padre rojo y podría obtener tres cuartas partes de rojo, y un cuarto de blanco. Méndel demostró que las flores abuelas y las flores descendientes podrían ser idénticas una a la otra. No hubo cambio a través del tiempo.

No hay duda de que Méndel tenía razón. Pero el darwinismo dice que ha habido cambio a través del tiempo, ya que toda la vida viene de un ancestro común –algo que parecía estar apoyado cuando, a principios del siglo 20, los científicos descubrieron que los rayos X y los químicos específicos causaban mutaciones. Sin embargo ¿los neo-darwinistas salieron alguna vez de sus oficinas? ¿Ellos, o sus seguidores modernos, los genetistas de población, alguna vez van a ver lo que está sucediendo en la naturaleza de la manera que Darwin lo hizo? Darwin era un buen naturalista. Si usted realmente quiere estudiar la evolución, tiene que salir afuera algunas veces, porque usted verá la simbiosis por todas partes.

(Originalmente, Carlos Darwin apabulló a los científicos de su época, tuvo y tiene seguidores que lo defendieron y defienden rabiosamente, sus conceptos se hicieron costumbre y luego religión y los líderes de esos pensamientos terminaron comportándose como si fueran una mafia. Para corroborarlo hay que leer los escritos de darwinistas inconformes: inician con alabanzas para Darwin, dicen todo lo que quieren en contra y terminan con más alabanzas para Darwin. Si no lo hacen así no vuelven a ver dinero de apoyo a la ciencia. Los seguidores de Darwin se hacen cínicos: científicos como Stephen Jay Gould cuanto escribió fue en contra de los conceptos de Carlos Darwin, sin embargo, por haber puesto un párrafo en donde decía que a lo mejor él, Stephen Jay Gould, pudiera estar equivocado, lo declararon darwinista).

¿Entonces Méndel omitió algo? ¿Estaba equivocado Darwin?

Yo diría que ambos dieron explicaciones incompletas. Los rasgos que siguen las leyes de Méndel son triviales. ¿Tiene usted un pico de viuda o una rayita de cabellera recta? ¿Tiene usted lóbulos colgantes de las orejas, o los tiene adjuntos? ¿Es usted del género femenino o masculino? Méndel encontró siete rasgos que siguieron sus leyes exactamente. Pero los neo-darwinistas dicen que las nuevas especies emergen cuando ocurren las mutaciones y modifican un organismo. Yo había pensado una y otra vez que la acumulación de mutaciones al azar llevaba a un cambio evolucionario que llevaba a una nueva especie. Yo creía eso hasta que busqué la evidencia.

(Los cambios evolucionan una especie, no crean una nueva).

¿Qué clase de evidencia la volvió en contra del neo-darwinismo?

Lo que a uno le gustaría ver es un cambio gradual de una especie a otra en el campo, en el laboratorio, o en el registro fósil y preferiblemente en los tres. El gran misterio de Darwin fue la razón de que no había registros de todo antes de un punto específico [que data de hace 542 millones de años por investigadores modernos], y entonces de repente, en el registro fósil, usted obtiene casi todos los principales tipos de animales. Los paleontólogos Niles Eldredge y Stepen Jay Gould estudiaron los lagos en el Este de África y las islas del Caribe buscando el cambio gradual de Darwin de una especie de trilobito o caracol a otro. Lo que ellos encontraron fueron muchas variaciones de ida y vuelta en la población y luego –whoop-- una especie completamente nueva. No hay gradualismo en el registro de fósiles.

(Los científicos no han sabido visualizar que los ediacaranes se megatransformaron, evolucionaron, y "entonces de repente, en el registro fósil, usted obtiene casi todos los principales tipos de animales". No son nuevas especies, son las mismas especies evolucionadas por una macromutación, por eso son tan diferentes).

Gould utilizó el término “equilibrio puntuado” para describir lo que él interpretaba como verdaderos saltos en el cambio evolutivo. La mayoría de los biólogos no estaba de acuerdo, sugiriendo que falta una gran cantidad de evidencia de fósiles que no se ha encontrado aún. ¿Dónde está usted colocada en este debate?

“El equilibrio puntuado” fue inventado para describir la discontinuidad en la aparición de nuevas especies, y la simbiogénesis apoya la idea de que esas discontinuidades son reales. Un ejemplo: la mayoría de las almejas viven en las aguas muy profundas y oscuras. Entre un grupo de almejas está una especie cuyos ancestros ingerían algas –un alimento típico–, pero no podían digerirlas y las mantenían debajo de sus conchas. La concha, con el tiempo, se hizo translúcida, permitiendo entrar a los rayos del sol. Las almejas se alimentaron entonces de sus algas cautivas y su hábitat se expandió hacia las aguas soleadas, por lo que hay una discontinuidad entre las que viven en lugares oscuros, recolectoras de alimentos y los descendientes que se alimentan fotosintéticamente.

(En mi teoría las evidencias de la evolución se encuentran en los vestigios corporales, cicatrices y en la epigenética. Los fósiles también son bienvenidos como pruebas, sin embargo, pocos son los que verdaderamente sirven dado que quienes los encuentran los descartan por no ser pruebas para lo que ellos quieren. En 1913 encontraron a los boskops en el sur de África, fósiles cabezones que después de 20 años de deliberaciones fueron enviados al "archivo muerto" para que otras generaciones los estudiaran. Recientemente, encontraron una pelvis fosilizada con canal de nacimiento extra grande para dar a luz a bebés cabezones. Esos fósiles son más que suficientes para respaldar mi teoría. A continuación doy a conocer el dibujo 7b de mi libro "Cicatrices: nueva teoría de la evolución". En ella doy a conocer que los cambios en la fisonomía de una especie son abruptos y en algunas ocasiones casi inverosímiles. En cada ocasión de cambio también hay una probabilidad de creación aparente de nuevas especies, oportunidad creada por grandes cambios en la naturaleza. La variedad de ediacaranes es enorme, una por cada especie de "casi todos los principales tipos de animales". Las especies son las mismas, pero evolucionadas [más información en mi artículo "Respuesta a un evolucionista enojado”]).



¿Qué hay acerca de los estudios evolucionarios del famoso “pico del pinzón” de la década de 1970? ¿No reivindicaron a Darwin?

Peter y Rosemary Grant, un matrimonio de biólogos evolucionarios, dijeron: “Al diablo con toda esta teoría, queremos llegar y ver las especiaciones sucediendo". Ellos midieron, año tras año, los huevos, los picos, etcétera, de los pinzones en la Isla Dafne, una pequeña cima de un antiguo volcán en las Galápagos de Ecuador. Encontraron que durante las inundaciones u otras veces cuando no hay semillas grandes, las aves con grandes picos no pueden comer. Las aves mueren de inanición y se extinguen en esa isla.

(No hubo nuevas especies).

¿Documentaron los Grant la aparición de nuevas especies?

Ellos vieron este gran cambio: la extinción de las aves de gran pico y las de pico pequeño extenderse por toda la isla y siendo seleccionadas por el tipo de semillas que comían. Además, vieron mucha variación dentro de una especie, cambios con el tiempo. Pero nunca encontraron ninguna nueva especie –nunca. Ellos dirían que esperarían mucho tiempo hasta que encontraran una nueva especie.

(Una nueva especie no la pudieran ver a simple vista, sería microscópica y eso no es lo que andaban buscando).

Algunas de sus críticas de la selección natural suenan mucho como aquellas de Michael Behe, uno de los más famosos proponentes del “diseño inteligente”, y aun usted ha debatido a Behe. ¿Cuál es la diferencia entre sus opiniones?

Las críticas, incluyendo las de los creacionistas, tienen su razón de ser. Es sólo que ellos no tienen nada que ofrecer sino que fue diseño inteligente, o “Dios lo hizo”. Ellos no tienen alternativas científicas.

(Sí hay una alternativa científica, pero los creacionistas no la ven debido a que se auto limitan. No buscan la verdad. Buscan que la ciencia diga lo que ellos quieren que diga. Como la ciencia no dice lo que ellos quieren, entonces la ciencia está equivocada. La Biblia dice que deben buscar la verdad porque únicamente la verdad nos hará libres. No existe tal cosa como una verdad religiosa y una verdad científica. Sólo existe la verdad. Yo he generado una teoría de la evolución, que es la misma para los científicos y para los creyentes. Mi teoría se basa en que cada vez que hay un cambio en la naturaleza de los seres deja evidencias "por escrito" en la expresión genética del genoma, deja vestigios [que Carlos Darwin estudió. Ver mi artículo¬–traducción "Las partes inútiles del cuerpo" en este mismo blog], en las cicatrices que son las evidencias que todos tenemos de nuestra evolución [y que todos los demás seres tienen cada uno de acuerdo a su propia evolución]. ¿Necesita una persona creer en un ser divino para poder asimilar la teoría? Por supuesto que no. Todos tenemos las evidencias de nuestra evolución en nuestros cuerpos, independientemente de que crea. A los creyentes les digo: esa información estaba escrita en la Biblia hace unos 3,600 años: "Dios creó a todos los animales, cada uno de acuerdo a su especie" [Génesis 1: 21]. El que lo quiera creer por fe que lo crea. El que quiera creerlo por ciencia, que así sea. Es la misma teoría para ambos. Por favor, lea un resumen de esta teoría en mi "Respuesta a 'Un evolucionista enojado'", de Richard Dawkins, en este mismo blog).

Usted asevera que el mecanismo primario de la evolución no está en la mutación, sino en la simbiogénesis, en la cual nuevas especies aparecen a través de la relación simbiótica entre dos o más tipos de organismos. ¿Cómo funciona?

Todos los organismos visibles son producto de la simbiogénesis, sin excepción. Las bacterias son la unidad. La manera en que pienso acerca de todo el mundo es que es como una pintura puntillista. Usted la ve de lejos y se ve como la famosa pintura de Seurat, de gente en el parque. Vista de cerca los puntos son cuerpos vivos –diferentes distribuciones de bacterias. El mundo vivo floreció mucho antes que el origen de los organismos nucleados [las células eukaryóticas, que tienen material genético encerrado en membranas bien definidas]. No había animales, ni plantas, ni hongos. Era un mundo de bacterias –bacterias que se han hecho muy buenas para encontrar nichos especializados. La simbiogénesis reconoce que cada una de las formas visibles de vida es una combinación o comunidad de bacterias.

(A continuación, doy a conocer la ilustración número 7c de mi libro "Cicatrices", en donde se muestra observando de abajo hacia arriba que 2 seres independientes se unen para convertirse en uno solo. Esos 2 seres independientes son el óvulo y el espermatozoide. El óvulo lleva incluida la genética de la mitocondria. Cada especie tiene su propia ilustración de la evolución. La vida anterior a la unión del óvulo y del espermatozoide está descifrada en los ovarios y en los testículos. La vida posterior a la unión del óvulo y del espermatozoide se puede estudiar en la matriz y ambas vidas, la anterior y la posterior están correlacionadas, cada vez que hubo un cambio genético en los ovarios o en los testículos también lo hubo en la matriz, cada especie de acuerdo con su propia evolución).



¿Cómo pudieron las comunidades de bacterias haber formado completamente nuevos y más complejos niveles de vida?

La simbiogénesis reconoce que la mitocondria [las fábricas de energía] en animales, plantas y células fungales, vinieron de bacterias que utilizan oxígeno y los cloroplastos en las plantas y en las algas –los cuales llevan a cabo la fotosíntesis– vienen de las cianobacterias. Ésas solían ser llamadas algas azul-verde, y producen el oxígeno que respiran todos los animales.

¿Está usted diciendo que una bacteria de vida libre se convirtió en parte de la célula de otro organismo? ¿Cómo pudo haber sucedido eso?

En algún punto una amiba comió una bacteria, pero no la pudo digerir. La bacteria produjo oxígeno o fabricó vitaminas, proporcionando una ventaja de sobrevivencia para sí misma y para la amiba. A su tiempo, la bacteria dentro de la amiba se convirtió en mitocondria. Los puntos verdes que usted ve en las células de las plantas se originaron como cianobacterias. Esto ha sido comprobado sin ninguna duda.

(En el ser humano, el óvulo se come al espermatozoide despojándolo de la cubierta y de la cola y genera una unión que de ahí en adelante evoluciona como un solo ser. De esta manera, la evolución se repite con la generación de cada nuevo ser de esa especie. En los demás seres, en la mayoría hay mucha similitud, pero cada uno tiene sus propias peculiaridades).

¿Y ese tipo de sociedad lleva a un mejor cambio evolucionario?

El punto es que la evolución sucede en grandes saltos. Esa idea ha sido llamada macromutación, y fui denigrada en Harvard en 1967 por mencionarlo. “¿Usted cree en la macromutación? ¿Usted cree en las características adquiridas?", el importante catedrático Keith Porter me preguntó con una sonrisa de desprecio. No, yo creo en los genomas adquiridos.

(Yo sí creo en la macromutación: tenemos un caterpilar, un gusano, convertido en una polilla, un insecto volador. Los chinos ya lo sabían hace miles de años. ¿Cuál es el problema de aceptar un conocimiento milenario? ¿Qué Carlos Darwin no lo dijo? En la ilustración en forma de escalera podemos ver que en una de las etapas de nuestra gestación [evolución] nos transformamos de una ostia ovalada con una larga protuberancia en medio [similar al ediacaran dickensonia] a un ser cabezón, botijón, coludo y sin extremidades en la siguiente etapa [parecido a un caballito de mar]. ¿Es o no es una macromutación? ¡Que se ría quien quiera reírse!).



¿Puede dar un ejemplo de la simbiogénesis en acción?

Mire ésta portada de "Plant Physiology" [una importante revista en el campo de la Fisiología]. El animal es un molusco joven. No tiene ascendencia de fotosíntesis. Luego se alimenta con algas y recibe a los cloroplastos, y dos semanas después el mismo animal está totalmente verde, se hace completamente fotosintético y se encuentra tomando el sol. A finales de septiembre, esos caracoles se hacen rojos y amarillos y se ven como hojas muertas. Cuando ponen huevos, esos huevos contienen el gene de la fotosíntesis dentro. U observe a una vaca. Ésta es un tanque de fermentación de 150 litros con cuatro patas. Ésta no puede digerir hierba y necesita una mezcla completa de organismos simbióticos en su sobrecrecido esófago para digerirla. La diferencia entre las vacas y las especies relacionadas como el bisonte o el ciervo almizclero debe ser rastreada, en parte, a los diferentes simbiontes que mantienen.

(Cuando ponen los huevos llevan los genes de ambos y en la incubación de los mismos se repite la evolución, cada especie de acuerdo a sí misma).

Pero si esas sociedades simbióticas son tan estables ¿cómo pueden impulsar el cambio evolucionario?

La simbiosis es un fenómeno ecológico donde un tipo de organismo vive en contacto físico con otro [1]. La simbiosis de largo plazo lleva a nuevas estructuras intracelulares, nuevos órganos y sistemas de órganos, y nuevas especies en un ser incorporan otro ser que ya es bueno en algo más [2]. Este modo importante de innovación evolucionaria ha sido ignorado por los denominados biólogos evolucionarios. Ellos piensan que son dueños de la evolución, sin embargo, son básicamente zoólogos antropocéntricos [3]. Ellos participan en el juego mientras que desconocen cuatro de cinco cartas. Las cinco son: bacterias, protoctistas, hongos, animales y plantas, y ellos están jugando con sólo animales —una quinta parte de la baraja [4]. Los biólogos evolucionarios creen que el patrón evolucionario es un árbol. No es así. El patrón evolucionario es una red –las ramas se fusionan, como cuando las algas y los caracoles se unen y se quedan juntos [5].

(Ya vimos cómo el óvulo se come al espermatozoide [1]. Todas las uniones son de largo plazo y cada unión lleva a nuevas estructuras intracelulares, nuevos órganos y sistemas de órganos [2]. Si a usted, catedrática de una importante escuela no le creen ¿me irán a creer a mi? [3]. Esa es una pandemia de la que formo parte. Yo observo la vida, me hago preguntas y estudio buscando las respuestas en donde pueda. He observado animales y más al ser humano. Ni usted ni yo observamos a los virus [4]. El patrón evolucionario no es un árbol, ni es una red, es una escalera que inicia doble para luego juntarse y evolucionar juntos en la misma escalera como se muestra en la ilustración de la unión del óvulo y el espermatozoide [5]. [Nunca fui bueno para el dibujo. Los dibujos 7b y 7c debieron haber sido uno solo]).

En contraste, el punto de vista simbiótico de la evolución tiene un largo linaje en Rusia, ¿verdad?

Desde el principio los rusos dijeron que la selección natural era un proceso de eliminación y no podría producir toda la diversidad que vemos. Ellos entendieron que la simbiogénesis era una fuente importante de innovación y rechazaron a Darwin. Si el mundo de habla inglesa es dueño de la selección natural, los rusos son dueños de la simbiogénesis. En 1924 Boris Mikhaylovich Kozo-Polyansky escribió un libro llamado "Simbiogénesis: un nuevo principio de evolución", en el cual reconcilió la selección natural de Darwin como el eliminador y a la simbiogénesis como el innovador. Kozo Polyiansky observó a la cilia –la cola ondulada que algunos microbios usan para propulsarse— y dijo que no sería del todo improbable que la cilia, la cola de las células espermatozoides, provengan de los “cítodos flagelados”, por medio de los cuales él claramente quiere decir bacterias nadadoras.

(A continuación doy a conocer la ilustración 4d de mi libro "Cicatrices", donde muestra una variedad de espermatozoides, cada uno con especificaciones diferentes. La vida se trata de diversidad).



¿Alguna vez ha sido verificada esta idea?

Los órganos sensoriales de los vertebrados tienen cilia modificada. Las varillas y las células de cono en el ojo tienen cilia, y el órgano del equilibrio en el oído interno está alineado con la cilia sensorial. Usted inclina su cabeza hacia un lado y un poco de piedras de carbonato de calcio en su oído interno llega a la cilia. Esto se ha sabido desde poco después de que llegó el microscopio electrónico en 1936. La cilia sensorial no vino de mutaciones al azar, llegó a través de adquirir un genoma completo de una bacteria simbiótica que ya podía percibir la luz y el movimiento. Específicamente yo pienso que fue una espiroqueta [una bacteria en forma de sacacorcho, que se convirtió en la cilia].

¿No causan sífilis las espiroquetas?

Sí, y la enfermedad de Lima. Hay muchos tipos de espiroquetas, y si estoy en lo correcto, algunas de ellas son ascendentes de los cilios en nuestras células. Las bacterias espiroquetas ya están optimizadas para la sensibilidad del movimiento, de la luz y los químicos. Todas las células eukaryóticas tienen un sistema de transporte interno –si estoy en lo correcto todo el sistema, llamado sistema citoesqueletal– provino de la incorporación de espiroquetas ancestrales. La mitosis, o la división de células, es el tipo de sistema de movilidad interna que proviene de esas bacterias de vida libre, simbióticas y nadadoras. Aquí está [ella muestra un video]: comparamos las colas de espermas nadadoras con las espiroquetas de nado libre. ¿Está lo suficientemente claro?

Y todavía esas ideas no son generalmente aceptadas. ¿Por qué?

¿Usted quiere creer que las colas de sus espermatozoides provienen de algunas espiroquetas? La mayoría de los hombres, la mayoría de los biólogos evolucionistas, no lo creen. Cuando ellos entienden lo que estoy diciendo, no les gusta.

(Cuando pregunto: Si el hombre engendra y la mujer concibe, gesta, pare, amamanta y cría, ¿quién es superior?, pocos hombres titubean para decir que la mujer, todos los demás, hombres y mujeres, sin titubear dicen que las mujeres. Adicionalmente digo: para hacer un bebé el hombre aporta un espermatozoide que sin un microscopio no se puede ver. La mujer aporta un óvulo, una esferita pequeñísima, pero visible a simple vista. Si la mujer no solamente aporta la incubadora sino también el 99.99% del material, ¿quién es superior? Por supuesto que la mujer. ¿Acaso el hombre no tiene importancia? Por supuesto que sí: el hombre produce millones y millones de espermatozoides para que la mujer use uno, el hombre lo hace [inconscientemente] con el fin de asegurar que haya diversidad. El hombre nace con la capacidad de crear imágenes mentales que le permiten el potencial de crear arte, tecnología y ciencia de nacimiento. Soy ejemplo de lo que estoy diciendo: Obtuve una Licenciatura en Administración de Empresas de College of the Ozarks en Clarksville, Arkansas, sin embargo, he generado una teoría sobre la evolución. A algunos hombres no les gusta que les diga que la mujer es superior. A algunas mujeres tampoco les gusta que les diga que la mujer es superior debido a que digo que su superioridad no les da privilegios, sino responsabilidades. Los científicos ponen en tela de duda mis conceptos porque no los obtuve en una escuela de renombre mundial sino de mis propios estudios y además resienten que un autodidacta les diga que sus 30 ó 40 años de estudio de la teoría de Darwin fueron años desperdiciados. A algunos religiosos les gusta que les diga que la Biblia no sólo es un libro sobre religión sino uno de ciencia, historia y sociología también. Sin embargo, el minuto que les digo que a la Biblia la cambiaron para decir que el hombre fue primero, ya ni siquiera quieren oír las pruebas que tengo para decirlo. De esta manera Lynn Margulis y un servidor tenemos en común que mucha gente no entiende o no le gusta lo que decimos).

Normalmente pensamos en las bacterias como estrictamente dañinas. ¿Está en desacuerdo?

No podríamos vivir sin ellas. Ellas mantienen nuestra fisiología ecológica. Hay vitaminas en las bacterias sin las cuales usted no podría vivir. El movimiento en sus gases y heces fecales nunca tomaría lugar sin bacterias. Hay cientos de maneras en las cuales su cuerpo no pudiera funcionar sin ellas. Entre los dedos de sus pies hay una jungla, bajo sus brazos hay una jungla. Hay bacterias en su boca, muchas espiroquetas, y otras bacterias en sus intestinos. No le damos importancia a su influencia. Las bacterias son nuestros ancestros. Uno de mis estudiantes hace años se cortó profundamente con un vidrio y accidentalmente se inoculó con al menos 10 millones de espiroquetas. Todos nos asustamos, pero no pasó nada. Él ni siquiera tuvo una reacción alérgica. Esto nos dice que a menos que esos microbios tengan una historia con personas, entonces no son dañinas.

¿Está usted diciendo que solamente las bacterias dañinas son las que comparten una historia evolucionaria con nosotros?

Correcto. Las espiroquetas peligrosas, como la treponema de la sífilis o la borrelia de la enfermedad de Lima por mucho tiempo han tenido relación simbiótica con nosotros. Probablemente ellas tuvieron relaciones con los monos prehumanos de los cuales evolucionaron los humanos. La treponema ha perdido cuatro quintas partes de sus genes, debido a que usted está haciendo cuatro quintas partes del trabajo para éste. Y todavía la gente no quiere entender que la infección crónica con espiroquetas es un ejemplo de simbiosis.

(¿Y de dónde sacó Lynn Margulis que los humanos evolucionamos de monos prehumanos? ¿Del mismo Carlos Darwin que está probando que está equivocado? En la ilustración de la evolución en forma de escalera no existen los monos prehumanos de donde dizque evolucionamos. Los monos tienen sus propias ilustraciones sobre la evolución en forma de escalera. Cada especie de acuerdo a sí misma).

Usted ha hecho que se molesten muchos investigadores médicos con la sugerencia de que las espiroquetas en forma de sacacorcho se convierten en “cuerpos redondos” durmientes. ¿De qué se trata todo este debate?

Las espiroquetas se convierten en cuerpos redondos en cualquier condición desfavorable, donde sobreviven pero no pueden crecer. El cuerpo redondo está en una etapa durmiente que tiene todos los genes y puede empezar a crecer de nuevo, como una espora de hongos. Las espiroquetas de la enfermedad de Lima se convierten en cuerpos redondos si usted los suspende en agua destilada. Luego salen y empiezan a crecer tan pronto como los pone en el medio alimenticio propio con suero. El mito común es que la penicilina mata las espiroquetas y por lo tanto la sífilis no es un problema. Pero la sífilis es un problema mayor debido a que las espiroquetas permanecen escondidas como cuerpos redondos y se convierten en parte de la misma química de la persona, la cual ellos expropian para reproducirse. Ciertamente, la serie de síntomas, o síndrome, presentado por los sifilíticos se traslapan completamente con otro síndrome: el SIDA.

Espere, ¿lo que usted está sugiriendo es que el SIDA realmente es sífilis?

Hay un vasto cuerpo de literatura sobre la expansión de la sífilis de los años 1500s hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la enfermedad era supuestamente curada por la penicilina, pero los mismos síntomas ahora describen al SIDA perfectamente. Esto está en el artículo “Resurgimiento de nuestro Gran Imitador”. Nuestra aseveración es que no hay evidencia de que el VIH sea un virus infeccioso, o incluso una entidad del todo. No hay un documento científico que compruebe que el VIH cause el SIDA. Kary Mulls, ganador del premio Nobel por la secuenciación del ADN y muy conocido por sus opiniones científicas no convencionales, dijo en una entrevista que estaba buscando una evidencia sustancial de que el VIH causa el SIDA y descubrió: “No existe ninguna evidencia”.

La sífilis ha sido llamada “el gran imitador” debido a que los pacientes presentan un rango completo de síntomas en un orden dado. Usted tiene un chancro genital, los síntomas se van, luego usted tiene la viruela, es un problema de la piel, y se hace crónico y usted se enferma cada vez más. La idea de que la penicilina mata la causa de la enfermedad es una locura. Si usted trata el chancro sin dolor en los primeros días de la infección, usted puede detener la bacteria antes de que se desarrolle la simbiosis, pero si a usted realmente le da sífilis, todo lo que tiene que hacer es vivir con ella. La espiroqueta vive permanentemente como un simbionte en el paciente. La infección no puede ser combatida porque se convierte en parte del genoma del paciente y la bioquímica de la síntesis de proteína. Después de que la sífilis establece la relación simbiótica con una persona se hace dependiente de las células humanas y es indetectable a través de cualquier prueba.

¿Hay alguna conexión entre la sífilis y la enfermedad de Lima, la cual es causada por una espiroqueta y se dice que también es difícil de tratar cuando es diagnosticada tarde?

Tanto la treponema que causa la sífilis y la borrelia que causa la enfermedad de Lima contienen sólo una quinta parte de los genes que necesitan para vivir por sí mismas. Las espiroquetas relacionadas de esas dos enfermedades para vivir por sí mismas, necesitan 5 mil genes en sus cuerpos. Los 4 mil productos genéticos faltantes de los genes necesarios para el crecimiento bacterial pueden ser suministrados por el tejido humano, cálido y húmedo. Esta es la razón por la que la enfermedad de Lima, la borrelia y la treponema de la sífilis son simbiontes –ellos requieren de otro cuerpo para sobrevivir. Esas borrelias y treponemas tienen una larga historia dentro de la gente. La sífilis ha sido detectada en anormalidades del cráneo que se remontan a los antiguos egipcios. Pero yo estoy interesada en las espiroquetas solamente por nuestra ascendencia. Yo no estoy interesada en las enfermedades.

Cuando usted habla sobre la inteligencia evolucionaria de las bacterias, casi siempre se oye como si pensara en ellas como seres conscientes.

Yo pienso que la conciencia es una propiedad de todas las células vivas. Todas las células están envueltas por una membrana de su propia hechura. Para detectar los productos químicos –de alimentos o venenos– se necesita una célula. Para tener un sentido del olfato se toma una célula. Para detectar la luz, se necesita una célula. Usted tiene que tener una entidad limitada con los fotorreceptores dentro para detectar la luz. Las bacterias son conscientes. Esos seres bacteriales han estado presentes desde el origen de la vida y todavía están funcionando en el suelo y el aire y afectando la calidad del agua.

(Los virus no son células, no están envueltos en membranas. A continuación cito una porción del artículo "Diseño no inteligente":

[Pocas cosas sobre la Tierra son más desconocidas que los virus. El nombre mismo de virus, proviene de la palabra latina de “fango venenoso”, lo cual habla de la poca consideración que les tenemos. Su anatomía es igualmente confusa: suelta, en pequeños envoltorios de moléculas —ADN y ARN cubiertos de proteína— que habitan el mundo bajo que se encuentra entre la vida y la no vida. Los virus no tienen membranas celulares, como la tienen las bacterias; ni siquiera son células. Sólo parecen más como vida cuando invaden y utilizan la maquinaria de células vivientes para poder hacer más de sí mismas, muy a menudo matando a sus anfitriones en el proceso. Su eficiencia para hacerlo los cataloga entre los asesinos más terribles: el virus de la ébola, el VIH, la viruela, y la influenza. Sin embargo, los antibióticos no les hacen nada, en verdad porque no tienen nada de bióticos.

La existencia de los virus fue observada por primera vez justo hace más de un siglo por el botánico holandés Martinus Beijerinck. Él aplastó hojas de tabaco llenas de enfermedades y luego pasó la pulpa jugosa a través de un filtro de porcelana lo suficientemente fina como para atrapar hasta la bacteria más pequeña. Cuando el fluido filtrado infectó a otras plantas, un mundo todavía aclimatándose a la teoría de gérmenes de Luis Pasteur se estaba enfrentando a una clase de patógenos aun más pequeños. Aquí había partículas tan pequeñas que permanecieron sin ser vistas hasta 1935, cuando los científicos armados con el recién inventado microscopio electrónico lograron tomar una fotografía del “veneno” que se observó en la pasta de Beijerinck, hoy en día conocido como el virus mosaico del tabaco.

Menos organismo que una colección amontonada de partículas bioquímicas, el virus eventualmente concedió a Wendel M. Stanley, el líder del equipo de investigación que lo expuso, un premio Nobel en química en lugar de biología. El descubrimiento también activó un debate científico y filosófico intenso que todavía resuena: ¿qué es exactamente un virus? ¿Puede ser descrito adecuadamente como ser vivo? “La vida y el vivir son expresiones que los científicos han pedido prestadas del hombre común”, escribió el virólogo británico Norman Pirie. “Ahora, sin embargo, los sistemas están siendo descubiertos y estudiados, los cuales dicen que los virus obviamente no están vivos, ni tampoco obviamente muertos, y se hace necesario definir estas palabras o dejar de usarlas y acuñar otras”].

Las decepciones más grandes que he tenido, y he tenido muchas, las he vivido leyendo artículos de supuestos expertos que los terminan con la aceptación de que años de estudios no los han llevado a una conclusión clara.

El escrito a continuación es la traducción de un artículo que fue publicado en la revista Newsweek de agosto 8 de 2007 y que en inglés lleva el título de “The Human Family Shrub?”, y escrito por Sharon Begley. ¿El arbusto genealógico humano? [El artículo completo con mis comentarios se encuentra en este mismo blog]: Un nuevo descubrimiento sugiere que el homo erectus pudiera no haber evolucionado del homo habilis —y los 2 pudieran haber sido contemporáneos:

[La frase “arbusto genealógico” no se pronuncia con la misma naturalidad que lo hace “árbol genealógico“, sin embargo, cualquiera que hable acerca de la evolución humana más vale que se vaya acostumbrando. Por años, los científicos que estudian el origen humano han sabido que no hay un modelo simple en el cual un ancestro humano evolucionó en otro de una manera fácil y lineal dado que esto es un mito. En su lugar, a partir de hace 4 millones de años, media docena de especies del genus Australopitecus vivieron en África al mismo tiempo. Únicamente uno es nuestro ancestro directo; los otros fueron callejones revolucionarios sin salida, experimentos fallidos. Sin embargo, los expertos piensan que una vez que el linaje homo debutó hace aproximadamente 2.5 millones de años en el este de África con el homo habilis, las cosas se acomodaron, con el habilis evolucionando a homo erectus, que evolucionó en homo sapiens —nosotros— como lo dice la Biblia, cuando habla de que un individuo engendró a otro].

El título dice más que lo que mucha gente se imagina: ¡El tronco común es un mito!

[Dos fósiles descubiertos en Kenia sugieren que la evolución fue un proceso más turbio que eso. Uno de los especímenes, encontrado justo al este del Lago Turkana en Kenia, es la quijada superior de un habilis de hace 1.44 millones de años; el habilis se piensa que se extinguió hace 1.6 millones de años. El otro es un erectus, dicen sus descubridores, un cráneo bien preservado de hace unos 1.55 millones de años, y el más pequeño que se haya encontrado de esta especie. La fecha más reciente para el habilis muestra que éste y el erectus fueron contemporáneos por casi medio millón de años, desde hace 1.9 millones hasta hace 1.44 millones. La evidencia de que homo habilis y homo erectus vivieron al mismo tiempo en la cuenca del Lago Turkana hace “improbable que el homo erectus evolucionó del homo habilis”, dice Meave Leakey, la autora principal del artículo que anuncia el descubrimiento en la edición de la revista “Nature” –investigadora asociada del Museo Nacional de Kenia y profesora de investigación de la Universidad Stony Brook en Nueva York, ella es la esposa del antropólogo y naturalista Richard Leakey; la hija de ambos, Louise, la tercera generación de su familia en dedicarse a buscar fósiles, es una de las codescubridoras de los nuevos especímenes].

Es la tercera generación de la familia Leakey que busca fósiles, actividad continua por 100 años, por lo que son reconocidos a nivel mundial, para que ahora nos vengan a decir que no hay árbol y a lo mejor ni arbusto genealógico. Están elucubrando, están imaginando y ni siquiera se dan cuenta de que le atinaron. En verdad no saben nada sobre evolución, sin embargo, tienen acceso inmediato para publicar todo lo que no saben. Más información en el artículo ¿El arbusto genealógico humano? en este mismo blog).

Su perspectiva más bien nos empequeñece.

Las especies de algunos de los protoctistas tienen 42 millones de años de antigüedad. Las especies de mamíferos tienen una mediana de tiempo de vida en el registro fósil de aproximadamente 3 millones de años. ¿Y los humanos? ¿Sabe usted cómo va a reconocerlos en el índice fósil de Homo sapiens en el reciente registro fósil?: En los restos aplastados del automóvil. Habrá una capa en el registro fósil donde usted va a saber que la gente estuvo aquí por el automóvil. Será una capa muy delgada.

¿Nos sobrevaloramos a nosotros mismos como especie?

Sí, pero no podemos evitarlo. Mire, hay casi 7 mil millones de personas en la tierra ahora y hay 10 mil chimpancés, y los números se están haciendo menos cada día debido a que estamos destruyendo su habitat. Beg Morrison, quien escribió un libro maravilloso llamado "El Espíritu en el Gene", dice que aunque tenemos un 99 por ciento en común con los chimpancés, ese uno por ciento hace una enorme diferencia. ¿Por qué? Debido a que nos hace creer que somos lo mejor en la Tierra. Pero hay mucha evidencia de que somos “la mala hierba de los mamíferos”. Como muchos mamíferos, sobre poblamos nuestros hábitats y eso lleva a pobreza, miseria y guerras.

¿Por qué usted tiene una reputación de hereje?

Cualquiera que sea abiertamente crítico de los fundamentos de su ciencia es una persona non grata. Yo soy crítica de la biología evolucionaria que está basada en la genética de la población. Yo llamo a esto zoocentrismo. Los zoólogos aprenden que la vida empieza con animales, y ellos bloquean cuatro quintas partes de la información en la biología [a través de ignorar los otros cuatro grupos de vida] y toda la información en geología.

Usted ha atacado la genética de la población —el fundamento de mucha más investigación actual— llamándola “numerología”. ¿Qué quiere usted decir a través del término?

Cuando los biólogos evolucionarios usan los modelos por computadora para encontrar cuántas mutaciones se necesitan para llegar de una especie a otra, no son matemáticas –es numerología. Ellos están limitando el campo de estudio por alguna cosa que sea manejable e ignoran lo más importante. Tienden a no saber nada acerca de la química atmosférica y la influencia que ésta tiene en los organismos o la influencia que los organismos tienen en la química. No saben nada sobre sistemas biológicos como la fisiología, la ecología y la bioquímica. Darwin dijo que los cambios se acumulan con el tiempo, pero los genetistas de población están describiendo mezclas que son temporales. Todo lo que se conjuntó por sexo se divide en la siguiente generación por el mismo proceso. La biología evolucionaria la han confiscado los genetistas de población. Ellos son reduccionistas hasta el absurdo.

(Ésta es la base para descartar la teoría de "Fuera de África". Simple y llanamente no toman en consideración la pigmentación de la piel de los seres humanos [salieron negros de África, se hicieron blancos en Armenia, para convertirse en amarillos en China, para convertirse de nuevo en negros en Australia], la inmensa variedad de costumbres, la inmensa variedad de idiomas y dialectos, nueve familias de idiomas indoeuropeos derivados del sanscrito, 150 familias de idiomas en el continente americano, 4 ó 5 en África y 16 en Australia).

El genetista de población Richard Lewontin dio una plática en la Universidad de Massachusetts, en Amherst, hace aproximadamente seis años, y matematizó todo esto –los cambios en la población, las mutaciones al azar, la selección sexual, el costo y beneficio. Al final de su plática dijo: “Pues bien, hemos intentado examinar esas ideas en el campo y en el laboratorio y realmente no hay mediciones que equiparen las cantidades que he dado al respecto”. Esto simplemente me horrorizó. Por lo que dije: “Richard Lewontin, eres un gran conferencista para tener el valor de decir que esto no te ha llevado a ninguna parte”. Pero entonces "¿por qué sigues haciendo este trabajo?” y él miró alrededor y dijo: “Es lo único que sé hacer, y si no lo hago no tendría mi dinero de apoyo a la investigación”. Por lo tanto él es un hombre honesto y su repuesta es honesta también”.

(Cumple la especificación de alabar a Darwin y con eso es suficiente para obtener el apoyo a la investigación. El estrato inferior del darwinismo siempre insiste en que para que tenga credibilidad un artículo se requiere que esté publicado en una revista de gran categoría científica. El estrato superior del darwinismo se encarga de que no se publiquen artículos que no incluyan alabanzas a Carlos Darwin. Por lo expuesto, es obvio que estoy condenado a ser bloguero por el resto de mi vida).

¿Alguna vez se cansa usted de ser llamada controversial?

Yo no considero controversiales mis ideas. Las considero correctas.

(A las mías también las considero correctas, pero estoy consciente de que son controversiales, dado que piso muchos callos por donde quiera que camino. Todavía albergo la esperanza de que con mucha persistencia pueda hacer mella en los conceptos de mucha gente, incluyendo a los científicos).

Félix Rocha Martínez
www.cicatrices.com.mx
frocham@yahoo.com
Saltillo, Coahuila, México
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If Modern Humans Are So Smart, December 25, 2010
domingo, diciembre 26, 2010, 06:49 PM
Following is a transcription (and my commentaries in parenthesis) of an article published in Discover magazine in 12.25.2010 edition, written by Kathleen McAuliffe, by the name of:

If Modern Humans Are So Smart, Why Are Our Brains Shrinking?

John Hawks is in the middle of explaining his research on human evolution when he drops a bombshell. Running down a list of changes that have occurred in our skeleton and skull since the Stone Age, the University of Wisconsin anthropologist nonchalantly adds, “And it’s also clear the brain has been shrinking.”



“Shrinking?” I ask. “I thought it was getting larger,” the whole ascent-of-man thing.

“That was true for 2 million years of our evolution,” Hawks says. “But there has been a reversal.”

(Not according to my theory which it says: Evolution repeats itself in the development (what happens in testicles, ovaries and spawn) and in gestation (what happens in the womb) each species according to its own". In gestation in progressive stages the head has a lower proportion to the rest of the body. Now, allow me to show you the drawing 6-3 on page 105 of the medicine book "Embriología Clínica, el Desarrollo del Ser humano" (Clinic Embryology, The Development of the Human Being) of PhDs Keith L. Moore and T.V. N. Persaud that shows 4 fetuses. One 9 weeks old, another 12 weeks, another 16 weeks and the last one 38 weeks old.



And what it says in the illustration description: Diagram of changes of the proportions of the body during the fetal period. At 9 weeks, the head is almost half of the length of the fetus from top of head to coccyx. By 36 weeks, the circumferences of the cranial cavity and of the abdomen are almost the same. After this time, the circumference of the abdomen could be bigger. All the stages are drawn to the same total height. More information in my article "The Extinct Human Species That Was Smarter Than Us" (and Second Response to the Aquatic Ape Theory)" that was posted on April 3rd. 2008.The studied period includes the last 20,000 years and the results were pegged on Charles Darwin's concept that the head was getting bigger.

He rattles off some dismaying numbers: Over the past 20,000 years, the average volume of the human male brain has decreased from 1,500 cubic centimeters to 1,350 cc, losing a chunk the size of a tennis ball. The female brain has shrunk by about the same proportion. “I’d call that major downsizing in an evolutionary eyeblink,” he says. “This happened in China, Europe, Africa—everywhere we look.” If our brain keeps dwindling at that rate over the next 20,000 years, it will start to approach the size of that found in Homo erectus, a relative that lived half a million years ago and had a brain volume of only 1,100 cc. Possibly owing to said shrinkage, it takes me a while to catch on. “Are you saying we’re getting dumber?” I ask.

(No, more intelligent. Intelligence does not depend on the size of the brain, it depends on the connectivity of the same. Similar to computers that at the beginning were complete rooms and now one handheld can be more powerful than the initial ones).

Hawks, a bearish man with rounded features and a jovial disposition, looks at me with an amused expression. “It certainly gives you a different perspective on the advantage of a big brain,” he says.

After meeting with Hawks, I call around to other experts to see if they know about our shrinking brain. Geneticists who study the evolution of the human genome seem as surprised as I am (typical response: “No kidding!”), which makes me wonder if I’m the world’s most gullible person. But no, Hawks is not pulling my leg. As I soon discover, only a tight-knit circle of paleontologists seem to be in on the secret, and even they seem a bit muddled about the matter. Their theories as to why the human brain is shrinking are all over the map.

(Including my theory that I published in Internet on the 21st. of March, 2003 in my book "Cicatrices, nueva teoría de la evolución" [Scars, New Theory of Evolution", available only in Spanish]. From that book I present the following drawing:



Some believe the erosion of our gray matter means that modern humans are indeed getting dumber. [Late-night talk show hosts, take note—there’s got to be some good comic material to mine here.] Other authorities argue just the opposite: As the brain shrank, its wiring became more efficient, transforming us into quicker, more agile thinkers. Still others believe that the reduction in brain size is proof that we have tamed ourselves, just as we domesticated sheep, pigs, and cattle, all of which are smaller-brained than their wild ancestors. The more I learn, the more baffled I become that news of our shrinking brain has been so underplayed, not just in the media but among scientists. “It’s strange, I agree,” says Christopher Stringer, a paleoanthropologist and expert on human origins at the Natural History Museum in London. “Scientists haven’t given the matter the attention it deserves. Many ignore it or consider it an insignificant detail.”

(Non-domesticated animals went through the same reduction of the brain: the monkey, the turtle, the mouse, the lizard, the ant, etcetera.)

But the routine dismissal is not as weird as it seems at first blush, Stringer suggests, due to the issue of scaling. “As a general rule,” he says, “the more meat on your bones, the more brain you need to control massive muscle blocks.” An elephant brain, for instance, can weigh four times as much as a human’s. Scaling is also why nobody seems too surprised by the large brains of the Neanderthals, the burly hominids that died out about 30,000 years ago.

The Homo sapiens with the biggest brains lived 20,000 to 30,000 years ago in Europe. Called the Cro-Magnons, they had barrel chests and huge, jutting jaws with enormous teeth. Consequently, their large brains have often been attributed to brawniness rather than brilliance. In support of that claim, one widely cited study found that the ratio of brain volume to body mass—commonly referred to as the encephalization quotient, or EQ—was the same for Cro-Magnons as it is for us. On that basis, Stringer says, our ancestors were presumed to have the same raw cognitive horsepower.

(It looks like that the Neanderthal is being described, Cro-Magnons were more exquisite).

Now many anthropologists are rethinking the equation. For one thing, it is no longer clear that EQs flatlined back in the Stone Age. Recent studies of human fossils suggest the brain shrank more quickly than the body in near-modern times. More important, analysis of the genome casts doubt on the notion that modern humans are simply daintier but otherwise identical versions of our ancestors, right down to how we think and feel. Over the very period that the brain shrank, our DNA accumulated numerous adaptive mutations related to brain development and neurotransmitter systems—an indication that even as the organ got smaller, its inner workings changed. The impact of these mutations remains uncertain, but many scientists say it is plausible that our temperament or reasoning abilities shifted as a result.

(Some 12,700 years ago appeared the first evidences that we left behind being fruit gatherers due to the presence of ceramics in what today is Japan. My theory says that when we were fruit gatherers we were self reproducing hermaphrodites. The presence of a male is evidenced by ceramics. Please read Richard Dawkins's article "The Angry Evolutionist" and carefully read [please do not scan through, there are too many things that probably you never read about, it is a new theory of evolution] my response to this gentleman for more information. Previously there had been males, but they did not survive).

Numerous phone calls later, it dawns on me that the world’s foremost experts do not really know why our organ of intellect has been vanishing. But after long ignoring the issue, some of them have at least decided the matter is of sufficient importance to warrant a formal inquiry. They have even drawn some bold, albeit preliminary, conclusions.

(The problem is that the pattern of changes that Darwinists have [that of a monkey transforming itself into a human being, believed by faith given that there are not evidences] is not an adequate pattern of mutations and that does not allow them to piece together what they are learning. In other words, they give random answers due to the fact that new investigations do not square off with Charles Darwin's concepts).

Dumbing down

In search of a global explanation for our cranial downsizing, some scientists have pointed to a warming trend in the earth’s climate that also began 20,000 years ago. Since bulky bodies are better at conserving heat, larger frames may have fared better in the colder climate. As the planet warmed, selection might have favored people of slighter stature. So, the argument goes, skeletons and skulls shrank as the temperature rose—and the brain got smaller in the process. Stringer thinks there is something to that idea, but he doubts it is the whole explanation. As he points out, comparable warming periods occurred many times over the previous 2 million years, yet body and brain size regularly increased.

(In gestation there is not any interruption in the cranial reduction as a ratio to the dimensions of the body, therefore, according to this theory, the global warming or the glacier eras did not modify the pattern of changes).

Another popular theory attributes the decrease to the advent of agriculture, which, paradoxically, had the initial effect of worsening nutrition. Quite simply, the first farmers were not very successful at eking out a living from the land, and their grain-heavy diet was deficient in protein and vitamins—critical for fueling growth of the body and brain. In response to chronic malnutrition, our body and brain might have shrunk. Many anthropologists are skeptical of that explanation, however. The reason: The agricultural revolution did not arrive in Australia or southern Africa until almost contemporary times, yet brain size has declined since the Stone Age in those places, too.

(In gestation there is not any interruption in the cranial reduction as a ratio to the dimensions of the body, therefore, according to this theory, the arrival of agriculture did not modify the pattern of changes).

Which brings us to an unpleasant possibility. “You may not want to hear this,” says cognitive scientist David Geary of the University of Missouri, “but I think the best explanation for the decline in our brain size is the idiocracy theory.” Geary is referring to the eponymous 2006 film by Mike Judge about an ordinary guy who becomes involved in a hibernation experiment at the dawn of the 21st century. When he wakes up 500 years later, he is easily the smartest person on the dumbed-down planet. “I think something a little bit like that happened to us,” Geary says. In other words, idiocracy is where we are now.

(Unacceptable concept: We are not getting dumber).

A recent study he conducted with a colleague, Drew Bailey, led Geary to this epiphany. The aim of their investigation was to explore how cranial size changed as our species adapted to an increasingly complex social environment between 1.9 million and 10,000 years ago. Since that period predates the first alphabets, the researchers had no written record with which to gauge the social milieu of our predecessors. Consequently, the Missouri team used population density as a proxy for social complexity, reasoning that when more people are concentrated in a geographic region, trade springs up between groups, there is greater division of labor, the gathering of food becomes more efficient, and interactions among individuals become richer and more varied.

(The population density did not influence either in cranial reduction).

Bailey and Geary found population density did indeed track closely with brain size, but in a surprising way. When population numbers were low, as was the case for most of our evolution, the cranium kept getting bigger. But as population went from sparse to dense in a given area, cranial size declined, highlighted by a sudden 3 to 4 percent drop in EQ starting around 15,000 to 10,000 years ago. “We saw that trend in Europe, China, Africa, Malaysia—everywhere we looked,” Geary says.

(According to my theory, some 13,000 years ago was the most recent continuous arrival of males and accelerated the cranial reduction).

The observation led the researchers to a radical conclusion: As complex societies emerged, the brain became smaller because people did not have to be as smart to stay alive. As Geary explains, individuals who would not have been able to survive by their wits alone could scrape by with the help of others—supported, as it were, by the first social safety nets.

(A more complex society forces individuals to better prepare themselves in life. It used to be that to get ahead you had to know how to read and write, now that is not enough most anywhere).

Geary is not implying that our beetle-browed forebears would have towered over us intellectually. But if Cro-Magnons had been raised with techno-toys and the benefits of a modern education, he ventures, “I’m sure we would get good results. Don’t forget, these guys were responsible for the ‘cultural explosion’”—a revolution in thinking that led to such startling new forms of expression as cave paintings, specialized tools, and bones carved into the first flutes. In terms of raw innate smarts, he believes, they probably were as “bright as today’s brightest” and might even have surpassed us.

(Geary could be right).

Still, Geary hesitates to use words like genius or brilliant in describing them. “Practically speaking,” he explains, “our ancestors were not our intellectual or creative equals because they lacked the same kind of cultural support. The rise of agriculture and modern cities based on economic specialization has allowed the very brightest people to focus their efforts in the sciences, the arts, and other fields. Their ancient counterparts didn’t have that infrastructure to support them. It took all their efforts just to get through life.”

(Geary could be right).

Smaller but smarter

When I follow up with Hawks, the anthropologist who first tipped me off about our missing gray matter, I assume that his interpretation of the trend will be like Geary’s. But even though Hawks does not doubt the findings of the Missouri team, he puts a completely different [and, in his view, more uplifting] spin on the data.

Hawks spent last summer measuring skulls of Europeans dating from the Bronze Age, 4,000 years ago, to medieval times. Over that period the land became even more densely packed with people and, just as the Missouri team’s model predicts, the brain shrank more quickly than did overall body size, causing EQ values to fall. In short, Hawks documented the same trend as Geary and Bailey did in their older sample of fossils; in fact, the pattern he detected is even more pronounced. “Since the Bronze Age, the brain shrank a lot more than you would expect based on the decrease in body size,” Hawks reports. “For a brain as small as that found in the average European male today, the body would have to shrink to the size of a pygmy” to maintain proportional scaling.

Hawks chose to focus on Europe in the relatively recent past, he explains, because there is an exceptionally large number of complete remains from that era. That allowed him to reconstruct a detailed picture of what was happening during our downsizing. The process, he discovered, occurred in fits and starts. There were times when the brain stayed the same size and the body shrank—most notably, he says, from the Roman era until medieval times. But more frequently, the brain got smaller while the body remained the same. Indeed, Hawks says, that is the overarching trend for the thousands of years he studied.

The image of a brain dwarfed by its body conjures up dinosaurs, a group not exactly known for their intellectual prowess. But Hawks sees nothing alarming in the trend. Quite the contrary, he believes the startling decrease in our brain volume—both in absolute terms and relative to our stature—may be a sign that we are actually getting smarter.

As complex societies emerged, brains shrank because those previously unable to survive by wits alone could now scrape by with the help of others.

This upbeat perspective is shaped by Hawks’s focus on the energy demands of the brain. The organ is such a glutton for fuel, he says, that it gobbles up 20 percent of all the calories we consume. “So although a bigger brain can presumably carry out more functions, it takes longer to develop and it uses more energy.” Brain size probably depends on how those opposing forces play out.

The optimal solution to the problem, he suggests, “is a brain that yields the most intelligence for the least energy.” For evolution to deliver up such a product, Hawks admits, would probably require several rare beneficial mutations—a seeming long shot. But a boom in the human population between 20,000 and 10,000 years

ago greatly improved the odds of such a fortuitous development. He cites a central tenet of population genetics: The more individuals, the bigger the gene pool, and the greater the chance for an unusual advantageous mutation to happen. “Even Darwin knew this,” he says. “That’s why he recommended that animal breeders maintain large herds. You don’t have to wait so long for desirable traits to arise.”

Hawks notes that such changes would be consistent with the many brain-related DNA mutations seen over the past 20 millennia. He speculates that the organ’s wiring pattern became more streamlined, the neurochemistry shifted, or perhaps both happened in tandem to boost our cognitive ability.

(Hawks is partially right, the genetic expression got accelerated in large scale with the arrival of the male. Nevertheless, the original trend prevails, only accelerated).

A tamer breed

Other researchers think many of their colleagues are barking up the wrong tree with their focus on intelligence as the key to the riddle of our disappearing gray matter. What may have caused the trend instead, they argue, is selection against aggression. In essence, we domesticated ourselves, according to Richard Wrangham, a primatologist at Harvard University and a leading proponent of this view.

(Some are more domesticated than others. I observe closely the case of some mexicans that require more domestication, violence is present in some parts of Mexico, nevertheless they do not go astray from the cranial reduction pattern).

Some 30 animals have been domesticated, he notes, and in the process every one of them has lost brain volume—typically a 10

to 15 percent reduction compared with their wild progenitors. Domesticated animals also have more gracile builds, smaller teeth, flatter faces, a more striking range of coloration and hair types—and, in many breeds, floppy ears and curly tails. Except for those last two traits, the domesticated breeds sound a lot like us.

(In evolutionary terms, also non domesticated animals went through brain reduction, as we already saw it, there were big headed mice, turtles, ants and monkeys. Please read my article "An Advanced But Big Headed Monkey [and the corroboration of “The Extinct Human Species That Was Smarter Than Us”]).

“When you select against aggression, you get some surprising traits that come along with it,” Wrangham says. “My suspicion is that the easiest way for natural selection to reduce aggressiveness is to favor those individuals whose brains develop relatively slowly in relation to their bodies.” When fully grown, such an animal does not display as much aggression because it has a more juvenile brain, which tends to be less aggressive than that of an adult. “This is a very easy target for natural selection,” Wrangham argues, because it probably does not depend on numerous mutations but rather on the tweaking of one or two regulatory genes that determine the timing of a whole cascade of developmental events. For that reason, he says, “it happens consistently.” The result, he believes, is an adult possessing a suite of juvenile characteristics, including a very different temperament.

(In Mexico recently we have had 12 year old lads with a history of dangerous assassins and their cranial reduction has not been different).

To illustrate how this could happen, Wrang¬ham refers to an experiment that began half a century ago in Siberia. In 1958 the
Russian geneticist Dmitri Belyaev started raising silver f oxes in captivity,, initially selecting to breed only the animals that were the slowest to snarl when a human approached their cage. After about 12 generations, the animals evidenced the first appearance of physical traits associated with domestication, notably a white patch on the forehead. Their tameness increased over time, and a few generations later they were much more like domesticated dogs.. They had developed smaller skeletons, white spots on their fur, floppy ears, and curlier tails; their craniums had also changed shape, resulting in less sexual dimorphism, and they had lower levels of aggression overall. (These silver f oxes were more intelligent and accelerated their cranial reduction).

So what breeding effect might have sent humans down the same path? Wrangham offers a blunt response: capital punishment. “Over the last 100,000 years,” he theorizes, “language became sufficiently sophisticated that when you had some bully who was a repeat offender, people got together and said, ‘We’ve got to do something about Joe.’ And they would make a calm, deliberate decision to kill Joe or expel him from the group—the functional equivalent of executing him.” Anthropological records on hunter-gatherers suggest that capital punishment has been a regular feature of our species, according to Wrangham. In two recent and well-documented studies of New Guinea groups following ancient tribal custom, the ultimate punishment appears to be meted out to at least 10 percent of the young men in each generation.

(When a society gets more sophisticated it gets to be more intelligent and accelerates the cranial reduction).

Hunter-gatherers have killed bullies for 100,000 years. When you select against aggression, you get some surprising traits.

“The story written in our bones is that we look more and more peaceful over the last 50,000 years,” Wrangham says. And that is not all. If he is correct, domestication has also transformed our cognitive style. His hunch is based on studies—many done by his former graduate student Brian Hare—comparing domestic animals with their wild relatives. The good news, Wrangham says, is that “you can’t speak of one group being more intelligent than the other.”

(We already have seen that cranial reduction is not peculiar to the human being).

Hare, now an assistant professor of evolutionary anthropology at Duke University, agrees. “All you can say is that wild types and domesticates think differently.”

The two scientists point to the results of studies comparing the cognitive abilities of wolves and dogs. Wolves, with their larger brains, are more prone to flashes of insight, allowing them to solve problems on their own; dogs, with smaller brains, excel at using humans to help them. “Wolves seem to be a little bit more persistent than dogs in solving simple problems like how to open a box or navigate a detour,” Hare says. “Wolves persevere when dogs readily give up.” On the flip side, dogs leave wolves in the dust when it comes to tracking the gaze and gestures of their masters—or as Hare puts it, “They are very good at using humans as tools to solve problems for them.” And while dogs may appear lazy and pampered, some can survive for multiple generations in areas far removed from humans—an indication, Hare says, that they have retained an ability to adapt to the wild.

For more insight, Hare is now studying other primates, notably bonobos. He tells me he suspects that these great apes are domesticated chimps. As if on cue, bursts of exotic, birdlike trills suddenly drown out his voice over the phone. “Sorry about that,” he shouts over the line. “Those are the bonobos.” It turns out that as I am speaking to him, Hare is not at his desk at Duke but in a Congo forest where the bonobos live. “Bonobos look and behave like juvenile chimps,” he continues. “They are gracile. They never show lethal aggression and do not kill each other. They also have brains that are 20 percent smaller than those of chimps.”

(These bonobos are more intelligent and accelerated the cranial reduction).

Hare thinks bonobos became domesticated by occupying an ecological niche that favored selection for less aggressive tendencies. That niche, he says, offered more abundant sources of nutrition, so a habit of fighting over meals became less important to survival. From that lineage came the bonobos, highly cooperative primates known for their peaceful ways.

Both Wrangham and Hare see parallels between bonobo development and our own. Our self-domestication, they think, may hold the key to our species’ extraordinary motivation to cooperate and communicate —arguably the twin pillars supporting the whole of our civilization.

About face

Just as I begin to absorb these varying interpretations, I am hit with the next surprise in our human evolutionary narrative: After a long, slow retrenchment, human brain size appears to be rising again. When anthropologist Richard Jantz of the University of Tennessee measured the craniums of Americans of European and African descent from colonial times up to the late 20th century, he found that brain volume was once again moving upward.

Since evolution does not happen overnight, one would assume this sudden shift [much like the increase in height and weight] is unrelated to genetic adaptations. Hawks, for instance, says the explanation is “mostly nutrition.” Jantz agrees but still thinks the trend has “an evolutionary component because the forces of natural selection have changed so radically in the last 200 years.” His theory: In earlier periods, when famine was more common, people with unusually large brains would have been at greater peril of starving to death because of gray matter’s prodigious energy requirements. But with the unprecedented abundance of food in more recent times, those selective forces have relaxed, reducing the evolutionary cost of a large brain.

(I share the concept of "mostly nutrition", nevertheless, I consider that we generate evolution with our daily behavior, according to the latest epigenetics science. A young smoker father affects his children and grandchildren with the tendency to obesity and diabetes).

Whatever the reason for the recent uptick in cranial size, Jantz believes it is having an effect on how we think. Recent MRI studies, according to Jantz and other scientists, show that brain volume really does correlate with intelligence—at least as measured by that oft-celebrated but widely criticized metric, the IQ test. Seen from that perspective, a bigger brain sounds like good news. Then again, if aggressiveness rises with brain size, maybe not.

(The Japanese from before the Second World War changed a lot their appearance, now the Japanese of after the war are taller. I consider that it was mostly nutrition).

Perhaps, like so many things in life, our fluctuating brain size is a mixed bag—and in contrast to animal breeding, we cannot determine where evolution is taking us. “Natural selection is different from artificial selection in that it acts on every trait at once,” Stringer says. “It’s perfectly plausible our modern brain is smarter in some ways, dumber in others, and more docile overall.”

(The general pattern in gestation in my theory show us a cranial reduction. The better connectivity seems to be the dominant factor. It is backed up by the fact that each explosion of genetic expression in each gestation stage results in an additional layer in the brain cortex and we already have a total of 6 layers).

Available for talks over my theory.

Felix Rocha-Martinez
www.cicatrices.com.mx
frocham@yahoo.com
Saltillo, Coahuila, Mexico
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Si los humanos modernos son tan inteligentes, ¿por qué nuestros cerebros se están encogiendo?
sábado, diciembre 25, 2010, 03:39 AM
e50b Si los humanos modernos son tan inteligentes, 25 de diciembre de 2010

A continuación doy a conocer mi traducción y comentarios al artículo "If Modern Humans Are So Smart, Why Are Our Brains Shrinking?", publicado en la revista Discover, edición del 25 de diciembre de 2010, escrito por Kathaleen McAuliffe. Entre paréntesis encontrarán mis comentarios.

Si los humanos modernos son tan inteligentes, ¿por qué nuestros cerebros se están encogiendo?

John Hawks se encuentra en proceso de explicar su investigación sobre la evolución humana cuando hace una declaración inesperada: da a conocer una lista de cambios que han ocurrido en nuestro esqueleto y cráneo desde la Edad de Piedra. El antropólogo de la Universidad de Wisconsin impasiblemente agrega: "Y además es claro que el cerebro se ha estado encogiendo".



"¿Encogiendo?", pregunto. "Creí que se estaba haciendo más grande", por aquello de la superioridad del ser humano.

"Eso fue cierto por 2 millones de años de nuestra evolución", dice Hawks, "pero ha habido una marcha atrás".

(No de acuerdo con mi teoría, la cual dice: La evolución se repite en el desarrollo (lo que transcurre en testículos, ovarios y hueveras y en la gestación (lo que transcurre en la matriz), cada especie de acuerdo a sí misma. En la gestación, la cabeza en etapas progresivas cada vez tiene una menor proporción con relación al resto del cuerpo. Ahora, permítanme mostrarles el dibujo 6-3 de la página 105 del libro de medicina “Embriología Clínica, el Desarrollo del Ser Humano” de los doctores Keith L. Moore y T.V.N. Persaud que muestra 4 fetos. Uno de 9 semanas, uno de 12 semanas, uno de 16 semanas y el último de 38 semanas:



Y que dice en el pie de dibujo lo siguiente: Diagrama de cambios de proporciones del cuerpo durante el período fetal. A las 9 semanas la cabeza es casi la mitad de la longitud del feto de la parte superior de la cabeza al coxis. Hacia las 36 semanas, las circunferencias cefálica y abdominal son casi iguales. Después de esta fase la circunferencia del abdomen puede ser mayor. Todas las etapas se dibujaron a la misma altura total. Más información en mi artículo "La especie humana extinta que fue más inteligente que nosotros" [y segunda respuesta a la Teoría del Simio Acuático] que fue publicado el 3 de abril de 2008. El período estudiado es de los últimos 20mil años y los resultados se montaron sobre el concepto de Carlos Darwin de que la cabeza se estuvo agrandando).

Dice de corrido algunas cifras consternantes: En los últimos 20 mil años el promedio de volumen del cerebro humano masculino ha disminuido de 1500 centímetros cúbicos a 1350 cc, perdiendo un volumen aproximado a una pelota de tenis. El cerebro femenino se ha reducido en la misma proporción. "Yo diría que esa reducción importante se llevó a cabo en un parpadear evolucionario", dice. "Esto sucedió en China, Europa, África –en donde quiera que vimos".

Si nuestros cerebros mantienen su empequeñecimiento al mismo ritmo en los siguientes 20 mil años se empezará a aproximar al tamaño del cerebro del Homo erectus, un pariente que vivió hace medio millón de años y que tuvo un volumen cerebral de tan solo 1,100 cc. Posiblemente debido a tal reducción, me toma un buen rato asimilar la información. "¿Está usted diciendo que nos estamos haciendo más tontos?, pregunto.

(No, más inteligentes. La inteligencia no depende del tamaño del cerebro, depende de la conectividad del mismo. Al igual que las computadoras que al inicio eran del tamaño de una habitación, ahora, una que se puede llevar en la mano tiene más capacidad que las iniciales).

Hawks, un hombre echado para adelante de fisonomía redondeada y disposición jovial, me mira con una expresión divertida. "Verdaderamente que te da una perspectiva diferente sobre la ventaja de un cerebro grande", dice.

Después del encuentro con Hawks, les llamé a otros expertos para ver si sabían acerca del encogimiento de nuestro cerebro. Los genetistas que estudian la evolución del genoma humano parecen tan sorprendidos como yo lo estoy [respuesta típica: "¡Apoco!"], lo cual me hace preguntarme si yo soy la persona más crédula del mundo. Pero no. Hawks no me está tomando el pelo. Como yo pronto descubro, solamente un apretado círculo de paleontólogos parece compartir el secreto, e incluso ellos están un poco confusos sobre el aspecto. Sus teorías en cuanto a por qué se está encogiendo el cerebro humano las hay por todo el mapa.

(Incluyendo mi teoría que publiqué en Internet el 21 de marzo 2003 en mi libro virtual "Cicatrices. Nueva teoría de la evolución", que usted puede comprar en www.e-libro.net/libros/autorlibros.aspx autor Félix Rocha Martínez. De ese libro presento el siguiente dibujo:



Algunos creen que la erosión de nuestra materia gris significa que los humanos modernos de hecho se están haciendo más tontos [que los presentadores de los talk-shows de medianoche, tomen nota –aquí hay una cantera de material cómico]. Otras autoridades argumentan justo lo contrario. Cuando el cerebro se encogió, su alambrado se hizo más eficiente, transformándonos en más rápidos, en pensadores más ágiles.

Todavía otros creen que la reducción en el tamaño del cerebro es prueba de que nos hemos domesticado, de la misma manera que domesticamos a las ovejas, los cerdos, y el ganado, los cuales tienen un cerebro más pequeño que sus ancestros silvestres. Entre más sé, más me desconcierto de que las noticias sobre nuestro encogimiento del cerebro ha sido tan subestimado, no sólo en los medios sino entre los científicos. "Es extraño, yo estoy de acuerdo", dice Christopher Stringer, un paleoantropólogo y experto en orígenes humanos en el Museo de Historia Natural en Londres. "Los científicos no le han dado al asunto la atención que merece. Muchos lo ignoran o lo consideran un detalle insignificante".

(Los animales no domesticados también pasaron por la disminución del cerebro: el mono, la tortuga, el ratón, la lagartija, la hormiga, etcétera).

Pero el rechazo rutinario no es tan extraño como parece a primera vista, sugiere Stringer, debido a la cuestión de las escalas. "Como regla general", dice, "entre más carne haya en sus huesos, se requiere más cerebro para controlar los bloques masivos de músculo". Un cerebro de elefante, por ejemplo, puede pesar cuatro veces más que el humano. El hacer comparaciones es también la razón del porqué nadie parece demasiado sorprendido por los grandes cerebros de los neandertales, homínidos burdos que perecieron aproximadamente hace 30 mil años.

El Homo Sapiens, con el cerebro más grande, vivió hace 20 a 30 mil años en Europa. Llamado cromañón, era robusto y grande, con quijadas protuberantes y dientes enormes. Consecuentemente, su gran cerebro muy a menudo ha sido atribuido al tamaño en lugar de su inteligencia. Para respaldar esa afirmación, un estudio altamente citado encontró que la proporción de volumen de cerebro a la masa corporal --comúnmente referido como el cociente de encefalización, o CE –era el mismo para el cromañón que lo es para el ser humano presente. Sobre esa base, dice Stringer, nuestros ancestros se presume tuvieron la misma potencia burda cognitiva.

(Pareciera que al que están describiendo es el neandertal, el cromañón era menos burdo).

Ahora muchos antropólogos están repensando la ecuación. Para comenzar, ya no está claro que el CE fue parejo en la Edad de Piedra. Estudios recientes de fósiles humanos sugieren que el cerebro se redujo más rápidamente que el cuerpo en tiempos casi modernos. Más importante, los análisis del genoma ponen en duda la noción de que los humanos modernos son simplemente más delicados, pero, visto de cualquier otra manera, son versiones idénticas de nuestros ancestros, hasta el punto de cómo pensamos y sentimos. En el periodo en que el cerebro disminuyó de tamaño, nuestro ADN acumuló numerosas mutaciones adaptativas relacionadas con el desarrollo cerebral y los sistemas neurotransmisores –una indicación de que aún cuando el órgano se hizo más pequeño, su funcionamiento interno cambió. El impacto de estas mutaciones sigue siendo incierto. Sin embargo, muchos científicos dicen que es probable que nuestro temperamento o habilidad de razonamiento cambió como resultado de esto.

(Hace algunos 12 mil 700 años aparecieron las primeras evidencias de que dejamos de ser recolectores de frutos al haber presencia de cerámica en lo que hoy es Japón. Mi teoría dice que cuando éramos recolectores de alimentos fuimos hermafroditas autorreproductivas. Al haber cerámica ya había presencia de varones. Por favor, lea el artículo de Richard Dawkins "El evolucionista enojado" y cuidadosamente mi respuesta [hay muchas cosas que tal vez no haya leído en ninguna parte, es una nueva teoría de la evolución] a este personaje en tres partes para más información. Anteriormente ya había habido varones, pero no sobrevivieron).

Numerosas llamadas telefónicas posteriores me hacen pensar que los mayores expertos del mundo en verdad no saben realmente por qué nuestro órgano de intelecto se ha estado reduciendo. Sin embargo, después de mucho ignorar el tema, algunos de ellos al menos han decidido que este es de suficiente importancia como para requerir una investigación formal. Estos científicos han llegado a conclusiones, algunas audaces, aunque todavía preliminares.

(El problema es que el patrón de cambios que tienen [el de un mono convirtiéndose en ser humano, que lo creen por fe dado que no hay pruebas] no es adecuado y eso no les permite hilvanar lo que van aprendiendo. En otras palabras, están dando palos de ciego debido a que las nuevas investigaciones no cuadran con los conceptos de Carlos Darwin).

Haciéndonos más tontos

En la búsqueda de una explicación global para nuestra reducción craneal, algunos científicos han señalado una tendencia del calentamiento global de la Tierra que también empezó hace 20 mil años. Dado que los cuerpos voluminosos son mejores para conservar calor, las estructuras más grandes pudieran haber tenido mejor suerte en un clima más frío. En la medida en que el planeta se calentó, la selección pudiera haber favorecido a la gente con estructura más ligera. De esta manera, argumentan, los esqueletos y los cráneos se redujeron en la medida en que la temperatura se elevó –y el cerebro se hizo más pequeño en el proceso. Stringer considera que hay algo detrás de esa idea, sin embargo, duda que sea una explicación completa. Como él lo señala, periodos comparables de calentamiento ocurrieron muchas veces en los dos millones de años previos, sin embargo, el cuerpo y el tamaño del cerebro regularmente aumentó.

(En la gestación no hay interrupción en la reducción craneal como proporción de las dimensiones del cuerpo, por lo tanto, de acuerdo a esta teoría, el calentamiento global o las eras glaciares no modificaron el patrón de cambios).

Otra teoría popular atribuye el decremento a la llegada de la agricultura, la cual, paradójicamente, tuvo el efecto inicial de empeorar la nutrición. Simplemente, los primeros agricultores no lograron vivir del producto de la tierra y su dieta cargada de granos fue deficiente en proteínas y vitaminas –críticas como combustible para el crecimiento del cuerpo y del cerebro. En respuesta a una mala nutrición crónica, nuestro cuerpo y el cerebro pudieron haberse reducido. Muchos antropólogos, sin embargo, tienen escepticismo de esa explicación. La razón: la revolución agrícola no llegó a Australia o al sur de África hasta casi tiempos contemporáneos, sin embargo, el tamaño del cerebro ha declinado también desde la edad de piedra en esos lugares.

(En la gestación no hay interrupción en la reducción craneal como proporción de las dimensiones del cuerpo, por lo tanto, de acuerdo a esta teoría, la llegada de la agricultura no modificó el patrón de cambios).

Lo cual nos lleva a una posibilidad desagradable. "Usted bien pudiera no querer escuchar esto", dice el científico cognitivo David Geary de la Universidad de Missouri, sin embargo, "considero que la mejor explicación para el declive en el tamaño de nuestro cerebro es la teoría de la idiocracia". Geary se refiere a una película del 2006 epónima creada por Mike Judge acerca de un tipo ordinario que se ve involucrado en un experimento de invernación a finales del siglo 21. Cuando él despierta, 500 años después, fácilmente es la persona más inteligente de un planeta repleto de tontos. "Considero que algo un poco como eso nos sucedió", dijo Geary. En otras palabras, la idiocracia es el punto en que vivimos ahora.

(Concepto inaceptable. No nos estamos haciendo más tontos).

Un estudio reciente que él concretó con un colega, Drew Bailey, llevó a Geary a esta epifanía. La meta de su investigación fue explorar cómo cambiaba el tamaño del cráneo en la medida en que nuestra especie se adaptaba a un medio ambiente social cada vez más complejo, hace entre 1.9 millones y 10 mil años. Dado que ese periodo fue previo a los primeros alfabetos, los investigadores no tuvieron registro escrito con el cual medir el ambiente social de nuestros predecesores. Consecuentemente el equipo de Missouri utilizó la densidad poblacional como medida de complejidad social, razonando que cuando más gente hay concentrada en una región geográfica, se genera el comercio entre grupos y hay una mayor división de trabajo, la recolección de alimentos se hace más eficiente y las interacciones entre los individuos se hacen más ricas y más variadas.

(La densidad poblacional tampoco incidió en el achicamiento cerebral).

Bailey y Geary encontraron que la densidad de población ciertamente va de la mano con el desarrollo cerebral, pero de una manera muy sorprendente. Cuando los números de población eran bajos, como fue el caso de la mayor parte de nuestra evolución, el cráneo siguió haciéndose cada vez más grande. Sin embargo, en la medida en que la población cambió de esparcida a densa en un área dada, el tamaño del cráneo declinó, subrayado por una reducción repentina de 3 a 4 por ciento en la CE iniciando alrededor de hace 15 a 10 mil años. "Observamos esa tendencia en Europa, China, África, Malasia –en todos los lugares en donde observamos", dice Geary.

(De acuerdo a mi teoría, hace 13 mil años fue cuando llegó la más reciente presencia continua del varón, y aceleró la reducción craneal).

La observación condujo a los investigadores a una conclusión radical: en la medida en que emergieron las sociedades complejas, el cerebro se hizo más pequeño debido a que la gente no tuvo que ser más inteligente para mantenerse viva. Como lo explica Geary, los individuos que no hubieran sido capaces de sobrevivir por sus propios medios podían sobrevivir con la ayuda de otros –respaldados, como así lo fue, por las primeras redes sociales de seguridad.

(La sociedad compleja fuerza a los individuos a prepararse más en la vida. Anteriormente, para salir adelante había que saber leer y escribir, ahora eso no basta en casi ningún lado).

Geary no está implicando que nuestros antecesores de grueso bordo de hueso bajo las cejas pudieran haber sido más inteligentes que nosotros, sin embargo, si los cro-mañones hubieran sido criados con juguetes tecnológicos y los beneficios de la educación moderna, se aventura a decir, "estoy seguro que hubiéramos tenido buenos resultados. No olviden, estas personas fueron las responsables de la 'explosión cultural'" –una revolución en el pensamiento que condujo a nuevas formas sorprendentes de expresión tales como las pinturas rupestres, herramientas especializadas, y huesos que fueron transformados en las primeras flautas. En términos de inteligencia innata, burda, él considera que ellos probablemente fueron tan "inteligentes como los más inteligentes de hoy en día" y pudieran aun habernos rebasado.

(Geary pudiera estar en lo cierto).

Sin embargo, Geary titubea para usar palabras como genio o brillante al describirlos. "Hablando de manera práctica", explica, nuestros ancestros no fueron nuestros iguales creativos e intelectuales debido a que no tuvieron el mismo tipo de respaldo cultural. El advenimiento de la agricultura y de las ciudades modernas basado en la especialización económica ha permitido que la gente más brillante se enfoque en sus esfuerzos a la ciencia, las artes y otros campos. Sus contrapartes antiguas no tuvieron esa infraestructura para respaldarlos. Tomó todos sus esfuerzos tan sólo para sobrevivir".

(Geary pudiera estar en lo cierto).

Más pequeños, pero más inteligentes

Cuando le doy seguimiento a Hawks, el antropólogo que por primera vez dio a conocer nuestro faltante de materia gris, asumo que su interpretación de la tendencia será similar a la de Geary. Sin embargo, aun cuando Hawks no pone en tela de duda los hallazgos del equipo de Missouri, propone una versión completamente diferente [y, en su opinión, más gratificante] de la información.

Hawks pasó el pasado verano midiendo cráneos de europeos fechados de la edad de bronce, hace cuatro mil años, hasta la edad media. En ese periodo de tiempo la tierra se hizo más densamente poblada justo como lo predice el modelo del equipo de Missouri. El cerebro se redujo más rápidamente que lo que lo hizo el cuerpo, causando una reducción de los valores CE. En pocas palabras, Hawks documentó la misma tendencia que Geary y Bailey en su muestra de fósiles más antiguos; de hecho, el patrón que él detectó es aún más pronunciado. "A partir de la edad de bronce, el cerebro se redujo mucho más que lo que usted esperaría basado en un decremento de tamaño corporal", reporta Hawks. Para un cerebro tan pequeño como el encontrado en el varón europeo promedio de hoy en día, el cuerpo hubiera tenido que reducirse a la dimensión de un pigmeo" para mantener la escala proporcional.

Hawks escogió enfocarse en Europa en el pasado relativamente reciente, explica, debido a que hay excepcionalmente una cantidad grande de esqueletos completos de esa era. Eso le permitió reconstruir una imagen detallada de lo que estaba sucediendo durante nuestra reducción de tamaño cerebral. El proceso, descubrió él, ocurrió a salto de mata. Hubo tiempos cuando el cerebro mantuvo el mismo tamaño y el cuerpo se encogió –más notablemente, dice, de la era romana hasta los tiempos medievales. Sin embargo, más frecuentemente, el cerebro se hizo más pequeño mientras el cuerpo permaneció del mismo tamaño. Ciertamente, dice Hawks, esta es la tendencia generalizada para los miles de años que él estudió.

La imagen de un cerebro empequeñecido por su cuerpo nos recuerda a los dinosaurios, un grupo de seres no exactamente conocido por su capacidad intelectual. Sin embargo, Hawks no ve nada alarmante en la tendencia. Por el contrario, él considera que el sorprendente decremento en el volumen de nuestro cerebro –tanto en términos absolutos y relativos a nuestra estatura– pudiera ser una señal de que en realidad nos estamos haciendo más inteligentes. En la medida en que emergieron las sociedades complejas, los cerebros se redujeron debido a que aquellos previamente incapaces para sobrevivir sólo por su inteligencia ahora pudieran hacerlo con la ayuda de otros.

Esta perspectiva progresista es configurada por el enfoque de Hawks sobre las demandas de energía del cerebro. El órgano es tan demandante de combustible, dice, que absorbe hasta 20 por ciento de todas las calorías que consumimos. "De esta manera, a pesar de que un cerebro más grande puede presumiblemente llevar a cabo más funciones, toma más para desarrollar y usa más energía". La dimensión del cerebro probablemente depende de cómo estas fuerzas opuestas se enfrentan.

La solución óptima al problema, sugiere, "es un cerebro que otorga más inteligencia por la menor cantidad de energía". Para que la evolución entregue tal producto, Hawks admite, probablemente requerirá de varias mutaciones raras benéficas –algo poco probable. Sin embargo, una generación acelerada de población humana entre hace 20 mil y 10 mil años mejoró enormemente las probabilidades de ese desarrollo fortuito. Él cita una regla central de la genética de la población: entre más individuos, mayor será la diversidad genética, y entre más diversidad genética, hay la probabilidad de que suceda una mutación ventajosa inusual. "Aun Darwin sabía esto", dice. "Esta es la razón por la que él recomendó que los ganaderos mantuvieran rebaños grandes. Uno no tiene que esperar demasiado para obtener peculiaridades deseables".

Hawks hace notar que tales cambios serían consistentes con muchas mutaciones del ADN relacionadas con el cerebro en los últimos 20 mil años. Él especula que el patrón de condiciones del órgano se hizo más pulcro, y que cambió la neuroquímica, o tal vez ambos sucedieron a la par para elevar nuestra habilidad cognitiva.

(Hawks tiene parcialmente la razón, la expresión genética se aceleró en gran escala con la llegada del varón. Sin embargo, la tendencia original impera, sólo se reforzó adicionalmente).

Una raza dócil

Otros investigadores consideran que muchos de sus colegas están ladrando al árbol equivocado con sus enfoques sobre la inteligencia como la clave del enigma de la desaparición de la materia gris. Lo que pudiera haber causado la tendencia, argumentan, es la selección en contra de la agresión. En esencia nos hemos domesticado, de acuerdo con Richard Wrangham, un primatólogo de la Universidad de Harvard y un proponente líder de este punto de vista.

(Algunos están más domesticados que otros. Yo vivo de cerca el caso de mexicanos que les falta domesticación, la violencia impera en algunas partes del país, y no por eso no dejan de llenar el patrón de achicamiento craneal).

Algunos 30 animales han sido domesticados, hace notar, y en el proceso cada uno de ellos ha perdido masa cerebral –típicamente una reducción entre 10 y 15 por ciento comparado con sus progenitores silvestres. Los animales domesticados también tienen estructuras más delicadas, dientes más pequeños, caras más planas, y un rango más sorprendente de coloración y tipos de pelo –y en muchas razas, orejas caídas y colas rizadas. A excepción de estas dos últimas peculiaridades, las razas domesticadas se parecen mucho a nosotros.

(En términos evolutivos, también los animales no domesticados redujeron su cerebro. Como ya lo vimos anteriormente hubo ratones, tortugas, hormigas, monos cabezones. Ver mi artículo: Un mono avanzado, pero cabezón” [y corroboración de “La especie humana extinta que fue más inteligente que nosotros”]).

"Cuando se selecciona en contra de la agresión, se logran peculiaridades sorprendentes a la par", dice Wrangham. "Sospecho que es la manera más fácil para la selección natural de reducir la agresividad favoreciendo a aquellos individuos cuyos cerebros se desarrollan relativamente lentos con relación a sus cuerpos". Cuando están totalmente desarrollados tales animales no muestran tanta agresión debido a que tienen cerebros juveniles, lo cual da una tendencia a ser menos agresivos que los de un adulto. "Este es un blanco muy fácil para la selección natural", argumenta Wrangham debido a que probablemente no depende de numerosas mutaciones, sino que en su lugar dependen de modificar uno o dos genes regulatorios que determinan los tiempos de toda una cascada de eventos de desarrollo. Por esa razón, dice, "sucede consistentemente". El resultado, considera, es la posesión adulta de un abanico de características juveniles, incluyendo un temperamento muy diferente.

(En México recientemente hemos tenido jovencitos de 12 años con historial de asesinos y su reducción craneal no ha sido diferente).

Para ilustrar cómo sucede esto, Wrangham se refiere a un experimento que empezó hace medio siglo en Siberia. En 1958 el genetista ruso Dmitri Belyaev empezó a desarrollar zorras plateadas en cautiverio, seleccionando inicialmente las razas únicamente de los animales que eran los más lentos para gruñir cuando un humano se aproximaba a su jaula. Después de unas 12 generaciones, los animales evidenciaron la primera aparición de peculiaridades físicas asociadas con la domesticación, notablemente un parche blanco en la frente. Su docilidad aumentó con el tiempo, y unas cuantas generaciones después ya eran muy parecidos a perros domesticados. Habían desarrollado esqueletos más pequeños, puntos blancos en su pelaje, orejas caídas, y colas rizadas; sus cráneos también habían cambiado de forma, resultando en dimorfismo sexual menor y tenían niveles menores de agresión general.

(Estas zorras plateadas se hicieron más inteligentes y aceleraron la reducción craneal).

De esta manera ¿qué efecto de crianza pudiera enviar a los humanos al mismo sendero? Wrangham ofrece una respuesta burda: la pena capital. "En los últimos 100 mil años", teoriza, "el idioma se hizo lo suficientemente sofisticado que cuando se tenía algún agresor que era un ofensor repetitivo, la gente se juntaba y decía: 'Tenemos que hacer algo acerca de este tipo' y tomaban una decisión deliberada y calmada para matarlo o expelerlo del grupo –equivalente funcionalmente a ejecutarlo". Los registros antropológicos de los cazadores recolectores sugieren que la pena capital ha sido una peculiaridad regular de nuestra especie, de acuerdo con Wrangham. En dos estudios recientes y bien documentados de grupos de Nueva Guinea que siguen las costumbres tribales antiguas, la máxima pena parece ser llevada a cabo a cuando menos diez por ciento de los hombres jóvenes de cada generación.

(La sociedad, al hacerse más sofisticada, se hace más inteligente y acelera la reducción craneal).

Los cazadores-recolectores han matado a los agresivos durante 100 mil años. Cuando se selecciona la raza en contra de la agresión, se obtienen algunas peculiaridades sorprendentes.

"La historia escrita en nuestros huesos es que buscamos más y más la paz en los últimos 50 mil años", dice Wrangham. Y eso no es todo, si él está en lo correcto, la domesticación también ha transformado nuestro estilo cognitivo. Su presentimiento está basado en estudios –muchos hechos por su ex alumno graduado Brian Hare– comparando animales domésticos con sus parientes silvestres. La buena noticia, dice Wrangham, es que "usted no puede hablar de un grupo que es más inteligente que el otro".

(La reducción craneal no es privativa del ser humano, como ya lo hemos visto).

Hare, ahora profesor asistente de antropología evolucionaria en la Universidad de Duke, está de acuerdo. "Todo lo que uno puede decir es que los tipos silvestres y los domesticados piensan de manera diferente".

Los dos científicos señalan los resultados de los estudios comparando las habilidades cognitivas de los lobos y de los perros. Los lobos, con sus cerebros más grandes, están más orientados a destellos de conocimiento, permitiéndoles resolver problemas por sí mismos; los perros, con cerebros más pequeños, son excelentes para utilizar a los humanos para que les ayuden. "Los lobos parecen un poco más persistentes que los perros para resolver problemas simples tal como abrir una caja o irse por un atajo", dice Hare. "Los lobos perseveran cuando los perros fácilmente se dan por vencidos". Por el contrario, los perros dejan atrás a los lobos cuando se trata de rastrear la compostura de sus dueños –o como lo pone Hare, "son muy buenos en usar humanos como herramientas para que resuelvan sus problemas". Y mientras los perros pudieran parecer flojos y mimados, algunos sobreviven por varias generaciones en áreas muy remotas de humanos –una indicación, dice Hare, que han retenido la habilidad para adaptarse a la vida silvestre.

Buscando profundizar en sus conocimientos, Hare ahora estudia a otros primates, notablemente los bonobos. Dice que sospecha que estos grandes simios son domesticados. Como si estuvieran en una pista, de repente sonidos estruendosos, exóticos, parecidos a los de un pájaro opacan su voz en el teléfono. "Lamento que haya sucedido", grita a través de la línea. "Esos son los bonobos. Sucede que cuando estoy hablando con él, Hare no se encuentra en su escritorio en la Universidad de Duke, sino en la jungla del Congo donde viven los bonobos. "Los bonobos miran y se comportan como si fueran chimpancés juveniles", continúa diciendo. "Son gráciles. Nunca muestran una agresión letal y no se matan unos a otros. También tienen cerebros que son 20 por ciento más pequeños que los de los chimpancés".

(Estos bonobos son más inteligentes y aceleraron la reducción craneal).

Hare considera que los bonobos fueron domesticados a base de ocupar un nicho ecológico que favoreció la selección de tendencias menos agresivas. Ese nicho, dice él, ofreció recursos nutricionales más abundantes, de esta manera el hábito de luchar por la comida se hizo menos importante para la supervivencia. De ese linaje llegaron los bonobos, primates altamente cooperativos conocidos por sus actitudes pacíficas.

Tanto Wrangham como Hare ven paralelos entre el desarrollo de los bonobos y el nuestro. Nuestra autodomesticación, consideran ambos, pudiera tener la clave de la motivación extraordinaria de nuestra especie para cooperar y comunicar –lo que algunos dicen que son el par de pilares que respaldan toda nuestra civilización.

Cambio de dirección

En la medida en que empiezo a absorber las diferentes interpretaciones, me llega la siguiente sorpresa en nuestra narrativa evolucionaria humana: después de un lento y largo retroceso en el tamaño del cerebro humano pareciera que se está incrementando de nuevo. Cuando el antropólogo Richard Jantz de la Universidad de Tennessee midió los cráneos de estadounidenses de ascendencia europea y africana de los tiempos coloniales hasta finales del siglo 20, encontró que el volumen cerebral nuevamente se estaba elevando.

Dado que la evolución no sucede de la noche a la mañana, uno pudiera asumir que este cambio repentino [muy similar al aumento de altura y peso] no está relacionado con adaptaciones genéticas. Hawks, por ejemplo, dice que la explicación es "mayormente nutricional". Jantz está de acuerdo, sin embargo, todavía considera que la tendencia tiene "un componente evolucionario debido a que las fuerzas de la selección natural han cambiado radicalmente en los últimos 200 años". Su teoría: en periodos anteriores, cuando la hambruna era más común, la gente con cerebros inusualmente grandes hubieran estado en mayor peligro de morir de hambre debido a los grandes requerimientos de energía de la materia gris. Sin embargo, con la abundancia sin precedentes de comida en tiempos más recientes, esas fuerzas selectivas se han disipado, reduciendo el costo evolucionario de un cerebro grande.

(Comparto el concepto de "mayormente nutricional", sin embargo, considero que generamos evolución con nuestro comportamiento cotidiano, de acuerdo con la más reciente ciencia de la epigenética. Un padre fumador joven afecta a hijos y nietos con tendencia a la obesidad y a la diabetes).

Cualquiera que sea la razón para el reciente aumento del tamaño del cráneo, Jantz considera que está teniendo un efecto en cómo pensamos. Estudios recientes del IMR, de acuerdo con Jantz y otros científicos, muestran que el volumen cerebral en verdad está correlacionado con la inteligencia –cuando menos cuando está medida por el tan a menudo celebrado pero ampliamente criticado método de medición, la prueba del IQ. Visto desde esa perspectiva, un cerebro más grande suena como buenas noticias. Entonces de nuevo, la agresividad tal vez se eleva con la dimensión del cerebro, pero tal vez no lo hace.

(Los japoneses de antes de la Segunda Guerra Mundial cambiaron mucho su fisonomía, ahora son mucho más altos y considero que los cambios fueron mayormente por el cambio nutricional).

Tal vez, al igual que muchas otras cosas en la vida, nuestro tamaño cerebral fluctuante es una mezcla de elementos –y en contraste a la cruza de animales, no podemos determinar a dónde nos está llevando la evolución. "La selección natural es diferente de la selección artificial en cuanto ésta actúa sobre cada peculiaridad al mismo tiempo", dice Stringer. "Es perfectamente probable que nuestro cerebro moderno sea más inteligente en algunas cosas, más tonto en otras, y más dócil generalmente".

(El patrón general en la gestación de mi teoría nos muestra un cerebro que se va achicando. La mejor conectividad parece ser la razón dominante. Lo refuerza el hecho de que cada explosión de expresión genética, en cada etapa de gestación, va acompañada de una capa adicional en la corteza del cerebro y van un total de 6 capas).

Disponible para pláticas sobre mi teoría.

Félix Rocha Martínez
www.cicatrices.com.mx
frocham@yahoo.com
Saltillo, Coahuila, México
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