Nueva téoria de la evolución
Las pandemias anteriores están en nuestros genes
viernes, febrero 15, 2013, 02:45 AM
e58i Las pandemias anteriores están en nuestros genes, 15 de febrero de 2013

A continuación doy a conocer mi traducción del artículo “Past Pandemics Are in Our Genes” (Las pandemias anteriores están en nuestros genes) de Discover, subido a internet el 6 de diciembre de 2012, escrito por Carl Zimmer (en paréntesis encontrarán mis comentarios).

Lo que los koalas nos pueden enseñar sobre la evolución humana y las enfermedades.



Para entender lo que significa el ser un humano, usted tiene que entender a los koalas. O, para ser más precisos, hay que entender la forma en que esta especie se está muriendo de un extraño brote viral que los ha estado atacando durante los últimos 150 años más o menos. Los koalas están pasando por algo que nuestros antepasados experimentaron 31 veces en los últimos 60 millones de años. Y esos brotes virales antiguos han ayudado a hacer de nosotros lo que somos hoy.

(Queda pendiente por averiguar si atacaron a los espermatozoides o a los óvulos y en qué etapa de gestación se hizo manifiesto. Si los óvulos son visibles a simple vista y los espermatozoides son microscópicos, es de suponerse que los óvulos sufrieron más ataques que terminaron por ser asociaciones. Cuando estudié el artículo “Entrevista Discover: Lynn Margulis” me pregunté por qué hacía tanto énfasis en las bacterias y tan poco énfasis en los virus. Ahora, con este artículo queda aclarado que no fueron solo bacterias sino también virus).

Los biólogos australianos descubrieron el brote en los koalas en 1988. Estaban examinando la sangre de un koala que estaba muriendo de leucemia cuando se encontraron con un virus que infectaba las células blancas de la sangre. El retrovirus koala, como ahora se le conoce, hizo que sus anfitriones enfermaran casi de la misma manera en que los virus de la leucemia felina enferman a los gatos. Insertaban sus genes en las células inmunológicas del anfitrión, que en seguida producía nuevos virus. La infección también causó que las células se multiplicaran a un ritmo frenético. Una vez que los científicos habían encontrado el retrovirus koala, en un koala, lo buscaron en otros, y pronto lo encontraron en toda la variedad de koalas, a través de todo el sector oriental de Australia.

(Sr. Carl Zimmer, ¿por qué biólogos australianos? ¿Por qué científicos españoles? ¿Acaso fuera de Estados Unidos los líderes de científicos no tienen nombre y apellido?).

Por mucho tiempo se había sabido que los koalas tenían terribles problemas de salud. Un estudio estimó que la leucemia y el linfoma son los responsables de hasta del 80 por ciento de las muertes de los koalas. El descubrimiento del retrovirus koala le dio sentido a esta epidemia de cáncer. También explicó por qué los koalas estaban siendo devastados por la clamidia, una bacteria de transmisión sexual. Al volver cancerosos a los sistemas inmunológicos de los koalas, el virus fue dejando a los koalas abiertos a la infección por otros patógenos.

(Por eso hay más asociaciones de virus y bacterias que etapas de gestación, porque en cada etapa de asociación el ser queda desprotegido a la invasión de otras bacterias y virus).

Los científicos que estuvieron hurgando en las pieles de los koalas en los museos encontraron genes de los retrovirus tan lejanos en tiempo como a mediados de 1800, pero que aun así todavía lo hace que sea un brote bastante joven. Para averiguar de dónde vino el retrovirus koala, los científicos han comparado los genes de este, con los de otras especies de virus. Uno de los virus más similares infecta a las ratas de cola de mosaico de las praderas de Australia. El virus puede muy bien haber sido transportado de las ratas a los koalas por un mosquito o una garrapata.

Una vez que los koalas recogieron el retrovirus, comenzaron a difundirlo entre ellos mismos. Después de que los koalas jóvenes son destetados pero antes de empezaran a comer las hojas de eucalipto, se alimentan de las heces de su madre, que pueden estar cargadas con retrovirus koala. La epidemia parece haberse iniciado en el norte de Australia, donde hoy el virus es ubicuo. Desde entonces, se ha extendido hacia el sur, y hasta saltar a las islas de la costa de Australia, presumiblemente en los intestinos de los mosquitos.

A medida que se propaga, el retrovirus koala está haciendo algo más: se está fusionando genéticamente con el propio koala. En muchos koalas, los genes del virus están presentes no sólo en las células inmunes. Los koalas llevan los genes del virus en cada célula de su cuerpo, desde sus colas vestigiales a sus narices respingadas y entre todo lo que hay entre ambas partes. Cuando estos koalas se reproducen, pasan el ADN viral junto con el propio a su descendencia.

(Si cada especie tiene su propia lista de asociaciones, aunque sean las listas de asociaciones muy parecidas, como las de los simios y las de los seres humanos, las especies terminarán muy diferentes. Ya lo vimos en el artículo “La diferencia del 2 por ciento” que usted puede leer en este mismo blog).

Estos híbridos de virus koala son el resultado de una clase peculiar de infección. De vez en cuando, el retrovirus koala termina infectando a un óvulo o un espermatozoide. Inserta sus genes en el ADN de la célula anfitriona, como lo hace normalmente. Pero en lugar de producir nuevos virus que infecten a otras células, la célula sexual infectada hace algo más: se convierte en un koala nuevo. Cuando es fecundado, el óvulo que transporta el virus se divide y crece hasta convertirse en un embrión, el ADN del retrovirus koala se copia en cada nueva célula. Y cuando ese koala viralmente infundido nace, crece y se reproduce, transmite el virus también hacia la nueva generación. En muchos casos, el ADN del virus heredado todavía tiene el potencial para hacer nuevos virus que pueden infectar a otros koalas y causar cáncer en ellos.

(Por eso pregunté quien había recibido el ataque y en qué etapa de gestación se había manifestado).

El retrovirus koala continúa propagándose hoy, atacando a las últimas poblaciones no infectadas. En los próximos años, matará a muchos animales más cuando se inserte en el ADN de los supervivientes. Es probable que en algún momento todos los koalas que quedan en la Tierra lleven los genes del virus. Y en las futuras generaciones, esos genes mutarán gradualmente y perderán su capacidad para hacer nuevos virus. Finalmente, el retrovirus koala se extinguirá. Lo único que permanecerá será su ADN encarcelado.

(Y lo mostrará con una nueva etapa de gestación).

Esta fusión en curso hace al retrovirus koala diferente a casi cualquier otro virus en la Tierra hoy en día conocido por la ciencia. Pero no es singular en la historia de la vida. Cuando los científicos estudian los genomas de los humanos y otros animales, ven tramos de ADN que llevan sellos indiscutibles de virus. En muchos casos, dos especies estrechamente relacionadas compartirán el mismo ADN viral en el mismo punto en sus genomas. Ese remanente compartido de un parásito antiguo indica a los científicos que el virus infectó el antepasado común de ambas especies. Compartimos ADN viral con otros primates, lo que indica que nuestros ancestros comunes fueron invadidos por virus desde hace unos 60 millones de años.

(No son ancestros comunes, son ancestros invadidos por los mismos virus y bacterias. Por ejemplo: las hembras de los seres humanos, los simios, los delfines, los elefantes, y los rinocerontes todos llevan dos glándulas mamarias entre las extremidades anteriores o superiores producto de una asociación en común [y los machos sus respectivos pezones sin uso], sin embargo, eso no significa que somos descendientes de ellos, sólo estamos hermanados como receptores de esas mismas invasiones).

Aris Katzourakis de la Universidad de Oxford ha contabilizado todas las invasiones de los retrovirus en el genoma de nuestros antepasados. Su último total es 31. Cada una de estas invasiones pueden haber causado un brote devastador similar a lo que los retrovirus están haciendo hoy en los koalas, quizás extendiendo un cáncer inmunológico aplastante que casi llevó a nuestros ancestros primates tempranos a la extinción.

(Otra vez, tenemos el caso opuesto al de la señora Lynn Margulis, ella enfatiza a las bacterias y Katzourakis emfatiza a los virus y los dos se complementan).

Con el tiempo, estos brotes terminaron, y los virus quedaron atrapados en sus portadores. Pero no perdieron todos sus poderes virales. Aún podrían parasitar el genoma de su anfitrión. A veces, una célula haría una copia extra de los genes virales y luego la insertaría de nuevo en otra parte de su genoma. Como resultado, nuestras 31 invasiones virales dieron lugar a 100 mil trozos separados de ADN del virus. En conjunto, constituyen al menos el 8 por ciento del genoma humano.

(¿Y el porcentaje de bacterias?).

En su crepúsculo persistente, nuestros retrovirus endógenos aún pueden ser peligrosos para nuestra salud. Cuando una nueva copia de su ADN se inserta en nuestro genoma, puede interrumpir un gene esencial. Y las células cancerosas a menudo cambian los genes del virus de nuevo, probablemente usándolos para beneficio propio del cáncer. Algunas proteínas virales ayudan, por ejemplo, a los tumores a escapar de la atención del sistema inmunológico.

Por otro lado, la evolución ha domesticado algunos de estos genes de virus para nuestro propio beneficio. Uno de los genes de virus produce una proteína que es esencial para que las placentas se unan a la pared del útero. Y utilizamos otros genes de virus para combatir esos virus independientes. Algunas proteínas virales son producidas en nuestros cerebros, aunque no se sabe qué están haciendo allí, si es que algo.

Han pasado millones de años desde la última vez que adquirimos un nuevo retrovirus endógeno. Los brotes que ayudaron a construir el genoma humano son historia antigua. Pero esto no significa que un 32avo. retrovirus no se filtre en nuestro genoma. Los nuevos retrovirus tales como el VIH, que saltaron de los chimpancés a los humanos a principios de los años 1900 infectan a nuestra especie con bastante frecuencia. No podemos predecir qué especies de virus se deslizará en los óvulos y espermatozoides y nos proporcione la siguiente pieza del genoma humano, pero aquí hay un hecho que es bastante inquietante para reflexionar: Si pones un retrovirus koala en un plato de ensayo con células humanas, fácilmente las puede infectar. Los koalas pueden ser no sólo una guía de nuestro pasado. Tal vez serán parte de nuestro futuro.

Fin de traducción y comentarios al artículo “Las pandemias anteriores están en nuestros genes”.

El 15 de enero de 2007 en la revista Discover, está publicado un artículo muy interesante que en inglés lleva por título “Unintelligent Design” [El diseño no inteligente] escrito por Charles Siebert acerca de los virus [puede encontrar la traducción al español de todo el artículo en este mismo blog]. De ese artículo escogí los siguientes párrafos:

Menos organismo que una colección amontonada de partículas bioquímicas, el virus eventualmente concedió a Wendel M. Stanley, el líder del equipo de investigación que lo expuso, un premio Nobel en química en lugar de biología. El descubrimiento también activó un debate científico y filosófico intenso que todavía resuena: ¿qué es exactamente un virus? ¿Puede ser descrito adecuadamente como ser vivo? “La vida y el vivir son expresiones que los científicos han pedido prestadas del hombre común”, escribió el virólogo británico Norman Pirie. “Ahora, sin embargo, los sistemas están siendo descubiertos y estudiados, los cuales dicen que los virus obviamente no están vivos, ni tampoco obviamente muertos, y se hace necesario definir estas palabras o dejar de usarlas y acuñar otras”.

Ahora, con el reciente descubrimiento de un virus verdaderamente monstruoso, los científicos están de nuevo tratando de caracterizar mejor esas formas de vida espectrales. El nuevo virus, oficialmente conocido como Mimivirus (debido a que hace mímica a una bacteria), es una criatura “tan extraña” como lo describió el London Telegraph, “y diferente a todo lo demás visto por los científicos que podría calificar como un nuevo dominio en el árbol de la vida”. Ciertamente, el Mimivirus es mucho más complejo genéticamente que todos los demás virus conocidos previamente, sin dejar de mencionar una gran cantidad de bacterias, que pareciera exigir un dramático redimensionamiento del árbol de la vida.

“Esta cosa muestra que algunos virus son organismos que tienen un ancestro que era mucho más complejo de lo que son ahora”, dice Didier Raoult, uno de los líderes del equipo de investigación de la Universidad Mediterránea en Marsella, Francia, quien identificó el virus. “Tenemos mucha evidencia con el Mimivirus de que el fillum del virus es cuando menos tan antiguo como otras ramas de la vida y que los virus fueron involucrados muy al inicio de la emergencia evolucionaria de la vida”.

Eso representa un cambio radical en el pensamiento acerca del origen de la vida: los virus, desde hace mucho considerados los secuestradores de la biología, resultan ahora ser la fuerza formativa de ésta.

Estas sorprendentes noticias llegan en un momento cuando los hechos básicos del origen de la evolución parecieran haber caído en un marasmo. En las discusiones del diseño inteligente, uno escucha con ansiedad la historia antigüa de la creación, en la cual una entidad singular se movió para crear formas de vida complejas —humanos en particular. Ahora los virus parecen presentar una historia de la creación muy propia: un diseño definitivamente sorprendente no inteligente del cual la vida se creó más por accidentes tontos que por intento original, a través de una acumulación de errores genéticos llevados a cabo por hordas de máquinas microscópicas reproductoras. Nuestra descendencia a partir de los monos es la mínima parte de ésta. Con el descubrimiento de los Mimivirus, los científicos están cerca de describir a los virus con el último rol que cualquiera pudiera haber concebido de ellos: la fuerza primaria de la vida.

(La teoría de evolución que yo propongo no ha cambiado en nada: La evolución se repite en los procesos que se llevan a cabo en testículos, ovarios y hueveras, y en la matriz [durante la gestación], cada especie de acuerdo a sí misma. Lo único que estoy haciendo es dar un versión científica a esas palabras dado que la Biblia no fue diseñada para dar explicaciones científicas. La expresión “Nuestra descendencia a partir de los monos es la mínima parte de ésta”, no tiene cabida, dado que no descendemos de ellos. En las listas de asociaciones de virus y bacterias de ambas especies compartimos muchas de ellas. Nada más).

Disponible para pláticas sobre mi teoría

Félix Rocha Martínez
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Saltillo, Coahuila, México
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Response to Turning Fins Into Hands
viernes, enero 25, 2013, 04:51 AM
i57b Turning Fins Into Hands, January 25, 2013

The following article is a transcription of one written by Carl Zimmer by the name of “Turning Fins Into Hands” and was published on line by Discover, December 10, 2012. At the end you will find my commentaries titled “Felix Rocha-Martinez’s way of Turning Fins Into Hands.”

Turning Fins Into Hands



Your hands are, roughly speaking, 360 million years old. Before then, they were fins, which your fishy ancestors used to swim through oceans and rivers. Once those fins sprouted digits, they could propel your salamander-like ancestors across dry land. Fast forward 300 million years, and your hands had become fine-tuned for manipulations: your lemur-like ancestors used them to grab leaves and open up fruits. Within the past few million years, your hominid ancestors had fairly human hands, which they used to fashion tools or digging up tubers, butchering carcasses, and laying the groundwork for our global dominance today.

We know a fair amount about the transition from fins to hands thanks to the moderately mad obsession of paleontologists, who venture to inhospitable places around the Arctic where the best fossils from that period of our evolution are buried. (I wrote about some of those discoveries in my first book, At the Water’s Edge.)

By comparing those fossils, scientists can work out the order in which the fish body was transformed into the kind seen in amphibians, reptiles, birds, and mammals–collectively known as tetrapods. Of course, all that those fossils can preserve are the bones of those early tetrapods. Those bones were built by genes, which do not fossilize. Ultimately the origin of our hands is a story of how those fin-building genes changed, but that’s a story that requires more evidence than fossils to tell.

A team of Spanish scientists has provided us with a glimpse of that story. They’ve tinkered with the genes of fish, and turned their fins into proto-limbs.

Before getting into the details of the new experiment, leap back with me 450 million years ago. That’s about the time that our early vertebrate ancestors–lamprey-like jawless fishes–evolved the first fins. By about 400 million years ago, those fins had become bony. The fins of bony fishes alive today–like salmon or goldfish–are still built according to the same basic recipe. They’re made up mostly of a stiff flap of fin rays. At the base of the fin, they contain a nubbin of bone of the sort that makes up our entire arm skeleton (known as endochondral bone). Fishes use muscles attached to the endochondral bone to maneuver their fins as they swim.

Our own fishy ancestors gradually modified this sort of fin over millions of years. The endochondral bone expanded, and the fin rays shrank back, creating a new structure known as a lobe fin. There are only two kinds of lobe fin fishes left alive today: lungfishes and coelacanths. After our ancestors split off from theirs, our fins became even more limb like. The front fins evolved bones that corresponded in shape and position to our ulna and humerus.

A 375-million-year-old fossil discovered in 2006, called Tiktaalik, had these long bones, with smaller bones at the end that correspond to our wrist. But it still had fin rays forming fringe at the edges of its lobe fin. By 360 million years ago, however, true tetrapods had evolved: the fin rays were gone from their lobe fins, and they had true digits. (The figure I’m using here comes from my more recent book, The Tangled Bank.)

Both fins and hands get their start in embryos. As a fish embryo grows, it develops bumps on its sides. The cells inside the bumps grow rapidly, and a network of genes switches on. They not only determine the shape that the bump grows into, but also lay down a pattern for the bones which will later form.

Scientists have found that many of the same genes switch on in the limb buds of tetrapod embryos. They’ve compared the genes in tetrapod and fish embryos to figure out how changes to the gene network turned one kind of anatomy into the other.

One of the most intriguing differences involves a gene known as 5′Hoxd. In the developing fish fin, it produces proteins along the outer crest early on in its development. The proteins made from the gene then grab other genes and switch them on. They switch on still other genes, unleashing a cascade of biochemistry.

Back when you were an embryo, 5′Hoxd also switched on early in the development of your limbs. It then shut off, as it does in fish. But then, a few days later, it made an encore performance. It switched back on along the crest of the limb bud a second time. This second wave of 5′Hoxd marked a new pattern in your limb: it set down the places where your hand bones would develop.

Here, some scientists proposed, might be an important clue to how the hand evolved. It was possible that mutations in our ancestors caused 5′Hoxd to turn back on again late in development. As a result, it might have added new structures at the end of its fins.

If this were true, it would mean that some of the genetic wherewithal to build a primitive hand was already present in our fishy ancestors. All that was required was to assign some genes to new times or places during development. Perhaps, some scientists speculated, fishes today might still carry that hidden potential.

Recently Renata Freitas of Universidad Pablo de Olavide in Spain and her colleagues set out to try to unlock that potential. They engineered zebrafish with an altered version of the 5′Hoxd gene, which they could switch on whenever they wanted by dousing a zebrafish embryo with a hormone.

The scientists waited for the fishes to start developing their normal fin. The fishes expressed 5′Hoxd at the normal, early phase. The scientists waited for the gene to go quiet again, as the fins continued to swell. And then they spritzed the zebrafish with the hormone. The 5′Hoxd gene switched on again, and started making its proteins once more.

The effect was dramatic. The zebrafish’s fin rays became stunted, and the end of its fin swelled with cells that would eventually become endochondral bone.

These two figures illustrate this transformation. The top figure here looks down at the back of the fish. The normal zebrafish is to the left, and the engineered one is to the right. The bottom figure provides a close-up view of a fin. The blue ovals are endochondral bone, and the red ones display a marker that means they’re growing quickly.

One of the most interesting results of this experiment is that this single tweak–a late boost of 5′Hoxd–produces two major effects at once. It simultaneously shrinks the outer area of the fin where fin rays develop and expands the region where endochondral bone grows. In the evolution of the hand, these two changes might have occurred at the same time.

It would be wrong to say that Freitas and her colleagues have reproduced the evolution of the hand with this experiment. We did not evolve from zebrafishes. They are our cousins, descending from a common ancestor that lived 400 million years ago. Ever since that split, they’ve undergone plenty of evolution, adapting to their own environment. As a result, a late boost of 5′Hoxd was toxic for the fishes. It interfered with other proteins in the embryos, and they died.

Instead, this experiment provides a clue and a surprise. It provides some strong evidence for one of the mutations that turned fins into tetrapod limbs. And it also offers a surprise: after 400 million years, our zebrafish cousins still carry some of the genetic circuits we use to build our hands.

Felix Rocha-Martinez’s way of Turning Fins Into Hands

In March 1997's issue of Discover magazine, page 52, there is an article titled “When Life Was Odd”, from it I am extracting the following information:

1. The Ediacarans have been a source of scientific puzzlement since they were discovered more than a century ago. They were named after the hills in southern Australia that harbor a large cache of the fossils that was found in 1940, but Ediacaran impressions are found in rocks all over the world.

2. These impressions in rocks have been found in England, Africa, Russia, Canada, Mexico and in many other places, they range in size from a fraction of an inch long to several feet. Many are marked with radiating, concentric, or parallel creases; others are inscribed within filigree of delicate branches. They seem to have no heads or tails, insides or outsides, fronts or backs; had no obvious circulatory, nervous or digestive systems. They were without teeth, eyes and almost everything we recognize in a body, including bones, muscles, mouths and internal organs. In the middle they had a depression that would indicate that whatever made it had a bulge. The Ediacarans are nearly impossible to classify. Paleontologists can not even agree on whether they were animals or vegetables, single-celled or multi-cellular. The fossils have in the middle a depression that would indicate a bulge in whatever caused such impression.

3. They constitute the earliest and oddest examples of complex life and are interesting in their own right. They have the appearance of a deformed coin.

4. They were first found in the 1860's in a quarry in England and were dismissed as inorganic material. Then in the 1940's they were found in the Ediacara Hills, in southern Australia, from where they get their name. The most famous was an Ediacaran named Dickinsonia that could be the size of a tack or as large as a tablecloth. In the 1950's, the Australian Paleontologist Martin Glaessner of the University of Adelaide made the bold assertion that most of the Ediacaran organisms were the earliest members of animal families still alive today. This concept prevailed until 1982.

In one of the stages of gestation we have the appearence of a 2 layered deformed coin and by the process of invagination we aquire a bump running through the middle of the waffer. Could it be that the bump we have in that stage of gestation is the depression of the Dikinsonia?



With the new evolutionary theory by jumps that is here proposed, science will have a tool that could well help resolve some of the unknown factors presented about the Ediacarans. Surely, we have to study the development and gestation of species after species and have a gigantic comparative with all the images of the process and compare the found Ediacarans with those images.

In the following mutation, the elliptic waffer folded up itself along the major axis, welding the edges. One end of the flat elliptic formation was transformed into a head and the other end into a tail. The central interior part of this cylindrical formation, became a simple digestive system. The mutation has the appearance of a sea horse: big head and tail, a potbelly and without extremities.

Definitely, all human beings passed through a stage of evolution with the appearance of a sea horse. From this transformation, we all carry the evidence of the mutation.



Strange likeness, sea horses are similar to one of our gestation [evolution] stages.

Everybody, male and female, and all other mammals, have a scar that goes from the throat all the way down to the genital zone. Every time we have two skins being stitched together, we have a scar —that’s why my book is named “Scars”, they are the vestiges that remind us of our evolution without depending on fossils, and everybody has them. By the way, in women when they are in last months of pregnancy, it seems that the belly is going to burst open by the scar, but, of course, it never happens. Also men with a hairy chest have a partition line in which the hairs get closer or separated precisely over the scar. Did we have branquia and a large intestine at this stage? If we had branquia, that would also settle the question of aquatic origin. If we had only small intestine that would settle the question of the origin of the appendix. In another mutation the large intestine was pegged on not at the end, in the annus, but higher up. That distance of small intestine from the old annus to where the large intestine was pegged on was transformed into an appendix. At this point of evolution we had gonads close to the kidneys and we were self reproducing, the same as some of the sea horses.

As you can see, in this gestation, evolution, stage, there is not any evidence of the existence of extremities.

The book: "Embriología Humana" (Human Embryology), of PhD Keith L Moore, and translated to Spanish by PhD Homero Vela Treviño, on page 327, it shows figure 17-1 and its description:



A. Bud of an arm. B. Plaque of a hand in paddle. C. Digital rays. D. Membranes between digital rays. E. Fingers united by membranes. F. Separated fingers. G. Bud of a leg. H. Plaque of a foot in paddle. I. Digital rays. J. Membranes between digital rays. K. Fingers united by membranes. L. Separated fingers.

B. Fig. 17-1 Schemes in which it is illustrated the different stages of development of hands and feet from the fourth to the seventh week. The first stages are similar for hands and feet, to the exception of the development of the hands before the feet by a few days.

With this information I do not have to work out, define, infer, decipher the order of the changes. Nature is showing it with all clarity. All we have to do is to learn to listen and observe nature.

Question: Where are Darwinists going to find fossils stage by stage of evolution that does not force them to work out, define, infer, decipher the order of the changes?

With my theory, there, in the processes carried out in the ovaries, testicles, spawn and gestation, each species according to its own, you can find the whole binnacle of evolution.

Without a doubt, in this study the author gets close, occasionally, to my concepts. Nevertheless, immediately he lets it be known that he does not know the pattern of changes.

When will Darwinists prefer the shame of having been wrong for so long and participate in the new studies, than the shame of continuing being wrong and stay in the past?

Available for talks over my theory

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La conversión de aletas en manos
viernes, enero 25, 2013, 03:59 AM
e57b La conversión de aletas en manos, 25 de enero de 2013

El siguiente artículo es mi traducción a uno escrito por Carl Zimmer y publicado por Discover en línea el 10 de diciembre de 2012. Al final encontrarán mis comentarios titulados “La conversión de aletas en manos a la Félix Rocha Martínez

La conversión de aletas en manos



Sus manos tienen, hablando en términos generales, 360 millones de años de antigüedad. Antes de eso, eran aletas, que sus peces antepasados utilizaban para nadar a través de océanos y ríos. Una vez que de esas aletas brotaron dedos, pudieron impulsar a sus antepasados, similares a las salamandras, por terreno seco. Con el avance rápido de 300 millones de años, sus manos se habían afinado para la manipulación: sus antepasados, similares a los lémures las utilizaban para agarrar las hojas y abrir los frutos. En los últimos pocos millones de años, sus antepasados homínidos tenían manos bastante humanas, que usaron para crear herramientas, desenterrar tubérculos, destazar presas cazadas, y sentar las bases para nuestro dominio global de hoy.

Sabemos bastante sobre la transición de aletas a manos, gracias a la obsesión moderadamente loca de paleontólogos, que se aventuran a lugares inhóspitos de todo el Ártico, donde están enterrados los mejores fósiles de este período de nuestra evolución. (Escribí sobre algunos de esos descubrimientos en mi primer libro “At the Water’s Edge”, A la orilla del agua).

Al comparar los fósiles, los científicos pueden calcular el orden en que se transformó el cuerpo de los peces en el tipo visto en anfibios, reptiles, aves y mamíferos, conocidos colectivamente como los tetrápodos. Por supuesto, lo único que puede preservar esos fósiles son los huesos de los primeros tetrápodos. Los huesos fueron construidos por los genes, que no se fosilizan. En definitiva, el origen de nuestras manos es una historia de cómo cambiaron los genes constructores de aleta, pero eso es una historia que requiere más evidencia que fósiles para contar.

Un equipo de científicos españoles nos ha proporcionado una visión de la historia. Han jugado con los genes de los peces, y convirtieron las aletas en proto-extremidades.

Antes de entrar en detalles del nuevo experimento, regrese de nuevo conmigo 450 millones de años. Esa es aproximadamente la época en que nuestros primeros antepasados vertebrados, -similares a las lampreas, sin mandíbula- desarrollaron las primeras aletas. Hace aproximadamente unos 400 millones de años, esas aletas se hicieron óseas. Las aletas óseas de los peces vivos –como el salmón o el pez de colores de hoy, todavía se construyen de acuerdo a la misma receta básica. Están hechos principalmente por una solapa rígida de rayos de aleta. En la base de la aleta, contiene una orilla saliente de hueso de la especie que constituye el esqueleto de todo el brazo (conocido como hueso endocondral). Los peces utilizan músculos que se insertan en el hueso endocondral para maniobrar sus aletas mientras nadan.

Nuestros propios peces antepasados modificaron gradualmente este tipo de aleta durante millones de años. El hueso endocondral se expandió, y los rayos de la aleta se encogieron hacia atrás, creando una nueva estructura conocida como una aleta lóbulo. Sólo hay dos tipos de peces de aleta lóbulo que sobreviven hoy: los peces pulmonados y los celacantos. Después de que nuestros antepasados se separaron de los suyos, nuestras aletas se transformaron más similares a extremidades. Las aletas delanteras evolucionaron en huesos que correspondían en forma y posición a nuestro cúbito y húmero.

Un fósil de 375 millones de años descubierto en 2006, llamado Tiktaalik, tenía estos huesos largos, con huesos más pequeños en el extremo que corresponden a nuestra muñeca. Pero todavía había rayos de la aleta formando flecos en los bordes de la aleta lóbulo. Para el tiempo de hace 360 millones de años, sin embargo, los verdaderos tetrápodos habían evolucionado: los rayos de la aleta habían desaparecido de sus aletas lobulares, y tenían verdaderos dedos. (La figura que estoy usando aquí viene de mi libro más reciente, “The Tangled Bank”, El banco enmarañado).

Ambas aletas y manos tienen su inicio en los embriones. Cuando crece un embrión de pez, desarrolla protuberancias en sus lados. Las células dentro de las protuberancias crecen rápidamente, y se activa una red de genes. Ellos no sólo determinan la forma en que se convierte la protuberancia, sino que también establecen un patrón para los huesos que más tarde formarán.

Los científicos han encontrado que muchos de los mismos genes se encienden en las protuberancias de los embriones de tetrápodos. Ellos han comparado los genes en embriones de tetrápodos y de peces para averiguar cómo los cambios en la red de genes convirtieron una especie de anatomía en otra.

Una de las diferencias más interesantes consiste en un gene conocido como 5'Hoxd. En la aleta en desarrollo de un pez, produce proteínas a lo largo de la cresta exterior desde el principio en su desarrollo. Las proteínas producidas provenientes del gene continúan, se apoderan de otros genes y los activan. Se encienden todavía otros genes y se desencadena una cascada bioquímica.

Antes, cuando usted era un embrión, el 5'Hoxd también se activó temprano en el desarrollo de sus extremidades. Después, se apagó, como lo hace en el pescado. Pero entonces, unos días más tarde, hizo una actuación repetitiva. Se volvió a encender a lo largo de la cresta de la protuberancia por segunda vez de lo que luego se convertiría en extremidad. Esta segunda ola de 5'Hoxd marcó una nueva pauta en su extremidad: estableció los lugares donde se desarrollarían los huesos de su mano.

Aquí, algunos científicos propusieron, podría ser un indicio importante de cómo evolucionó la mano. Cabe la posibilidad de que las mutaciones en nuestros antepasados causaran que el 5'Hoxd se volviera encender más tarde en el desarrollo. Como resultado, pudo haber añadido nuevas estructuras en el extremo de las aletas.

Si esto fuera cierto, significaría que algunos de los medios genéticos para construir una mano primitiva ya estaban presentes en nuestros peces antepasados. Todo lo que se necesita es asignar algunos genes a los nuevos tiempos o lugares durante el desarrollo. Tal vez, algunos científicos especulan, los peces de hoy todavía podrían llevar ese potencial oculto.

Recientemente Renata Freitas de la Universidad Pablo de Olavide en España y sus colegas se propusieron tratar de desbloquear ese potencial. Diseñaron un pez cebra con una versión alterada del gene 5'Hoxd, que podían encender cuando quisieran al empapar un embrión de pez cebra con una hormona.

Los científicos esperaron a que los peces comenzaran a desarrollar su aleta normal. Los peces expresaron su gene 5'Hoxd en la fase normal temprana. Esperaron que el gene se quedara de nuevo en silencio, mientras las aletas continuaban aumentando. Y luego rociaron el pez cebra con la hormona. El gene 5'Hoxd se encendió de nuevo, y comenzó a fabricar sus proteínas una vez más.

El efecto fue dramático. Los rayos de la aleta del pez cebra quedaron impactados, detenido el desarrollo, y el extremo de su aleta se hinchó con células que se convertirían en hueso endocondral.

Estas dos figuras (El artículo original, Discover virtual, 10 de diciembre 2012) ilustran esta transformación. La figura superior aquí se ve hacia abajo en la parte posterior del pez. El pez cebra normal está a la izquierda, y el manipulado está a la derecha. La figura de abajo proporciona una vista más cercana de una aleta. Los óvalos azules son hueso endocondral, y los rojos muestran un marcador que significa que están creciendo rápidamente.

Uno de los resultados más interesantes de este experimento es que una simple modificación –un último impulso del gene 5'Hoxd-produce dos efectos importantes a la vez. Al mismo tiempo reduce el área exterior de la aleta, donde se desarrollan los rayos de la aleta y se expande la región donde crece hueso endocondral. En la evolución de la mano, estos dos cambios pudieron haber ocurrido al mismo tiempo.

Sería un error decir que Freitas y sus colegas han reproducido la evolución de la mano con este experimento. Nosotros no evolucionamos del pez-cebra. Ellos son nuestros primos, que descienden de un antepasado común que vivió hace 400 millones de años. Desde que se dividieron, se han sometido a un montón de evoluciones, adaptándose a su propio entorno. Como resultado, un impulso tardío de 5'Hoxd fue tóxico para los peces. Esto interfirió con otras proteínas en los embriones, y murieron.

En cambio, este experimento proporciona una pista y una sorpresa. Proporciona cierta evidencia fuerte para una de las mutaciones que convirtió las aletas en extremidades de tetrápodos. Y también ofrece una sorpresa: después de 400 millones de años, nuestros primos los pez cebra, aún tienen algunos de los circuitos genéticos que utilizamos para construir nuestras manos.

Conversión de aletas a manos a la Félix Rocha Martínez

En la revista Discover, edición de marzo de 1997, en la página 52 se publica un artículo denominado "Cuando la vida era rara" (When Life Was Odd). De ahí extraigo la siguiente información:

1. Los ediacaranes han sido una fuente de perplejidad científica desde que fueron descubiertos hace más de un siglo. Se llaman así por las colinas del sur de Australia donde se encontró un yacimiento importante en 1940, pero las impresiones en rocas de ediacaranes han sido encontradas en todo el mundo.

2. Estas impresiones en rocas que han sido localizadas en Inglaterra, África, Rusia, Canadá, México y en muchos otros lugares, tienen un rango de dimensión que va desde una fracción de centímetro hasta varios decímetros. Muchos tienen marcas de pliegues radiantes, concéntricos o paralelos; otros están inscritos dentro de una filigrana de delicadas ramas. Parecen no tener cabeza o cola y partes internas o externas, anteriores o posteriores; no tenían sistemas circulatorios, nerviosos o digestivos que fueran obvios. Sin dientes, ojos y casi cualquier cosa que podamos reconocer en un cuerpo, incluyendo huesos, músculos, boca y órganos internos, los ediacaranes son casi imposibles de clasificar. Los paleontólogos no pueden ni siquiera ponerse de acuerdo sobre si son animales o vegetales, de una célula o multicelulares y en medio tienen una depresión que indicaría un abultamiento de lo que haya hecho tal impresión.

3. Constituyen los fósiles más antiguos y los ejemplos más extraños de vida compleja y son interesantes por méritos propios. Tienen la apariencia de una moneda deforme.

4. Primero fueron encontrados en la década de 1860, en una cantera en Inglaterra y fueron descartados como material inorgánico. Después, en la década de 1940 fueron encontrados en las colinas de Ediacara, en el sur de Australia, de donde toman su nombre. El más famoso fue un ediacarán denominado “dikinsonia”, que pudiera ser del tamaño de la cabeza de un alfiler o tan grande como un mantel de mesa. En la década de 1950, el paleontólogo australiano Martin Glaessner de la Universidad de Adelaide, hizo la audaz afirmación de que la mayoría de los ediacaranes eran los miembros más antiguos de familias de animales que todavía existen. Este concepto prevaleció hasta 1982.

En una de las etapas de nuestra gestación tenemos la apariencia de una moneda deforme de 2 capas y por el proceso de invaginación adquirimos un borde por el centro de la oblea. ¿Acaso pudiera ser que el borde que tenemos en esa etapa de gestación es la depresión existente en la dikinsonia?



Con la nueva teoría evolutiva por saltos por mí propuesta, la ciencia tendrá una herramienta que bien pudiera ayudar a resolver las incógnitas presentadas por los ediacaranes. Ciertamente, se tendrá que estudiar el desarrollo y la gestación de especie tras especie, tener un comparativo gigante con todas las imágenes del proceso y comparar los fósiles encontrados de ediacaranes con estas imágenes.

En la siguiente mutación, la oblea elíptica con un bordo central por invaginación se dobló sobre su eje más largo, soldando las orillas. Uno de los extremos se transformó en la cabeza y el otro en la cola. La parte central interior de esta formación cilíndrica se convirtió en un aparato digestivo simple. La mutación en general tiene la apariencia de un caballito de mar: una cabeza y cola grandes, botijón y sin extremidades. Definitivamente, todos los seres humanos pasamos a través de una etapa de evolución con la apariencia de un caballito de mar. De esta transformación, todos cargamos la evidencia de la mutación.



Extraña similitud, los caballitos de mar son similares a una de nuestras etapas de gestación, evolución.

Todos, hombres y mujeres, y todos los demás mamíferos tenemos una cicatriz que va de la garganta a la zona genital. Cada vez que se sueldan dos pieles tenemos una cicatriz —por eso, el libro se llama “Cicatrices”. Éstas son los vestigios que nos recuerdan nuestra evolución sin depender de los fósiles, y todos las tenemos. Por cierto, en las mujeres, cuando están en los últimos meses de embarazo, pareciera que la cicatriz a medio vientre se pudiera abrir, pero por supuesto esto no sucede. También los hombres de mucho pelo en pecho tienen una línea muy notoria que va de la garganta a la zona genital en la cual el pelo o se aproxima más o se aleja más precisamente sobre la cicatriz. ¿Tuvimos branquias e intestino grueso en esta etapa de gestación? Si tuvimos las branquias significaría una prueba más de nuestro origen acuático. Si sólo tuvimos intestino delgado, eso definiría el origen del apéndice. En otra mutación el intestino grueso fue añadido por invaginación, pero no al final, en el ano, sino un poco arriba. La distancia del intestino delgado entre el antiguo ano y el lugar en donde se añadió el intestino grueso, se convirtió en el apéndice. En este punto de la evolución tuvimos gónadas cerca de los riñones y éramos autorreproductivos, al igual que algunos de los caballitos de mar.

Como se puede observar, en esta etapa de gestación, etapa de evolución, no hay evidencias de extremidades.

El libro “Embriología Humana”, del Dr. Keith L. Moore y traducido por el Dr. Homero Vela Treviño, en la página 327, muestra la figura 17-1 y su pie de foto:



1. A. Esbozo del brazo. B. Placa de la mano en pala. C. Rayos digitales. D. Escotaduras entre los rayos digitales. E. Dedos unidos por membranas. F. Dedos separados. G. Esbozo de la pierna. H. Placa de pie en pala. I. Rayos digitales. J. Escotaduras entre los rayos. K. Dedos unidos por membrana. L Dedos separados.

2. Fig.17-1 Esquemas en los cuales se ilustran distintos periodos del desarrollo de manos y pies entre la cuarta y la séptima semanas. Las primeras etapas son semejantes para manos y pies, excepto que el desarrollo de las manos precede al de los pies en unos días.

Con esta información yo no tengo que calcular, definir, inferir, descifrar el orden de los cambios. La naturaleza nos los muestra con toda claridad. Todo lo que tenemos que hacer es aprender a escuchar y a observar la naturaleza.

Pregunta: ¿En dónde van a encontrar los darwinistas fósiles etapa por etapa de evolución que nos los obligue a calcular, definir, inferir, descifrar el orden de los cambios?

Con mi teoría, ahí, en los procesos que se llevan a cabo en ovarios, testículos, hueveras y en la gestación, cada especie de acuerdo a sí misma, se encuentra la bitácora completa de la evolución.

Sin lugar a dudas en este estudio se aproximan, en ocasiones, a mis conceptos. Sin embargo, de inmediato dan a conocer que no conocen el patrón de cambios.

¿Cuándo preferirán los darwinistas la vergüenza de haber estado equivocados por tanto tiempo y participar en los nuevos estudios, que la vergüenza de seguir equivocados y quedarse en el pasado?

Disponible para pláticas sobre mi teoría

Félix Rocha Martínez
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Big Idea: Bring Ancient Voices Back to Life
miércoles, enero 16, 2013, 02:13 AM
i56b Big Idea: Bring Ancient Voices Back to Life, January 15 2013

Following you will find a transcription of the article Big Idea: Bring Ancient Voices Back to Life found in Discover 08.09.2012 by Jill Neimark. At the end please find my request to Marguerite Humeau and to Bart de Boer.

Rebuilding the vocal tracts of extinct creatures could let us hear long-lost sounds: an ancient whale song, the cries of our ancestors.



The call of the wild has just gotten wilder. Along with bellowing lions and honking geese, you can now hear woolly mammoths that died out 14,000 years ago, the mating call of a now-extinct Hawaiian bird, and even a 3-million-year-old human ancestor, Lucy. Using three-dimensional imaging and a burgeoning knowledge of ancient anatomies, scientists can now rebuild ancient creatures’ vocal tracts and re-create their sounds.

Take our ancestor Lucy (Australopithecus afarensis), who stood less than four feet tall, swung from tree branches, and ran easily along the ground on two feet more than 3 million years ago. What did that diminutive prehuman sound like as she called to her kin?

Lucy could not speak the way we do, because she most likely had air sacs, balloon-shaped organs that attach to an extension of the hyoid bone, says Bart de Boer, an expert in the evolution of speech at Vrije University in Brussels. In modern humans, who lack air sacs, that bone supports the tongue muscles, enabling a wide range of vocalizations. “Air sacs make sounds louder and lower-pitched, just the way a musical instrument sounds lower and louder when it’s bigger,” de Boer continues. “I was in Brazil recently and heard howler monkeys in the wild. They sounded like scary monsters because of their air sacs.”

Such sounds may help fend off predators, though among great apes they are used mostly to impress each other. Air sacs may also have enabled creatures to make long, repeated calls without hyperventilating. But like bass drums, what they add in force they lose in precision.

On a computer, de Boer modeled the acoustic effect of air sacs and then built an actual model of a vocal tract of a Lucy-like creature, incorporating plastic tubing and a chamber to mimic an air sac. He forced air through the tubing to create various vowel sounds and found that test listeners had a harder time distinguishing them when air sacs were present than when they were not. With this kind of anatomy, de Boer says, Lucy’s vowels would have merged together until they were almost indistinguishable. The easiest vowel sound to make when air sacs are present is “uh.” To human ears, our ancestor might have sounded perpetually bewildered and yet a bit scary: “Duh ... duh ... duh ....”

A Mammoth Noise

French artist Marguerite Humeau sculpted Lucy’s vocal tract, which today sits in the permanent collection of the Museum of Modern Art in New York. She is also working on the vocal tract of the woolly mammoth. The mammoth’s white bones look like whorled ice cream, with an enormous tusk jutting into space. “I looked at archived larynxes of the mammoth’s descendant, the Asian elephant,” Humeau says, “along with photographs and scans of woolly mammoths preserved in ice in Siberia. And I created organs—such as the lungs, trachea, and larynx—with vibrating vocal chords, as well as nose and mouth cavities for resonance.” Then she added an air compressor to mimic the lungs sending air through the vocal tract. She also included a subwoofer to emulate the mammoth’s original volume. The result: “Children run from it when it roars,” she jokes.

Humeau’s next installation will re-create the sound of an extinct walking whale and the hell pig, a piglike omnivore that vanished about 16 million years ago. Working with composers and sound innovators, she hopes to have the animals communicate with each other via a computer program that would allow various parts of her exhibit to listen to each other and respond. “It’s almost like raising the dead,” she says. “You get these dark, deep sounds coming at you from millions of years ago.”

Ghostly Birdsongs

A creature’s call is more poignant and present than even the most perfectly preserved bone or tooth. John Fitzpatrick, director of the Cornell Laboratory of Ornithology in Ithaca (which houses the world’s largest collection of animal sounds, nearly 200,000 clips), begins public lectures by playing a “jazzlike, haunting mating call that delights the audience until they learn that it is the call of the extinct Kauai Oo, recorded in the 1970s.” Once common on the Hawaiian islands, the bird was answering a recording played by a scientist. “That bird has gone forever.”

Even more legendary is the call of the ivory-billed woodpecker, which sounds like the rubber horn on a toddler’s tricycle, bleating with the rhythm of a metronome and conveying a certain goofy joy. It was first recorded in 1935 in a Louisiana swamp, “when scientists dragged wagons’ worth of machinery used in early talkie films,” Fitzpatrick says. Cornell researchers are still seeking the woodpecker, which was thought extinct but may have been spotted in 2004. They use audio spectrography, which analyzes birdsong on a computer, to compare calls of woodpeckers in the swamps to that of the elusive bird.

Lately the Cornell Ornithology Laboratory has been working with artist Maya Lin, designer of the Vietnam Veterans Memorial in Washington, D.C. She is crafting a multimedia artwork called “What Is Missing," which includes the sounds of extinct and endangered species. Lin says, “This is my last memorial. I’ll be working on this until the day I die, because I believe we are degrading our habitat so rapidly that we’re in the sixth mass extinction.” The sounds of the Chinese river dolphin, the dusty seaside sparrow, the golden toad, and untold numbers of other animals have left the planet.
“I also showcase the sounds of endangered species, ones we can still save,” Lin says. “We’ve even got the sound of an endangered coral reef, which sounds like Rice Krispies crackling in milk.”

Sounds of the Jurassic

The voices of woolly mammoths and 3-million-year-old human ancestors are far from the only ones scientists have revived. Teams are reconstructing sounds from as far back as the Jurassic, a period when dinosaurs lived.

Walking Whale French artist Marguerite Humeau has re-created the song of Ambulocetus, a mammal that walked on land and swam like an otter. The 10-foot-long carnivore lived 50 million years ago in Pakistan. It produced high-pitched calls that probably traveled great distances. Her sculpture of the creature’s vocal tract is on display now through January 2013 at Cité du Design in central France.

Parasaurolophus Scientists at Sandia National Labs scanned the skull and crest of this plant-eating, duckbilled dinosaur and fed the data through a computer simulation to generate the sound it might have made 73 million years ago. If the dino had vocal cords, it voiced a low-pitched bird call. If not, it sounded more like the drone of a bullfrog.

Jurassic Cricket Biologists in Beijing determined the mating call of a 165-million-year-old male katydid by measuring fossils of the noisemaking apparatus in the insect’s wings. It seems the cricket produced a low-pitched chirp to attract females.

(End of transcription)

Request to Marguerite Humeau and to Bart de Boer:

Rebuild the vocal tracts of the Boskop fossils and make a comparative of them with those of Lucy, of the present human being, of hominids of the same epoch of the Boskop and of present apes most similar to human beings.

The reasons for this request you may find them in the following articles in this same blog:

1.- The extinct Human Species That Was Smarter than Us

2.- If Modern Humans Are So Smart, Why Are Our Brains Shrinking?

Available for talks over my theory

Felix Rocha-Martinez
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Gran idea: Regresar a la vida las antiguas voces
martes, enero 15, 2013, 02:21 AM
e56i Gran idea: Regresar a la vida las antiguas voces, 15 de enero de 2013

A continuación hallarán mi traducción al articulo Big Idea: Bring Ancient Voices Back to Life (Gran idea: Regresar a la vida las antiguas voces) de Discover 08/09/2012 por Jill Neimark y mi solicitud a Marguerite Humeau y a Bart de Boer al final.

La reconstrucción de los tractos vocales de criaturas extintas podría permitirnos oír sonidos perdidos hace mucho tiempo: un antiguo canto de las ballenas, los gritos de nuestros antepasados.



La llamada de la naturaleza acaba de hacerse más salvaje. Junto con los leones rugiendo y gansos haciendo sus sonidos peculiares, ahora usted puede escuchar a los mamuts lanudos que se extinguieron hace 14,000 años, la llamada de apareamiento de un pájaro ahora extinto de Hawai, e incluso un antepasado humano de hace 3 millones de años, Lucy. Con el uso de imágenes tridimensionales y un conocimiento creciente de las antiguas anatomías, los científicos ahora pueden reconstruir los tractos vocales de las antiguas criaturas y volver a crear sus sonidos.

Considere a nuestro ancestro Lucy (Australopithecus afarensis), que se alzaba menos de 1.2 metros de altura, pasó de unas ramas a otras de los árboles, y corrió con facilidad por el suelo con dos pies hace más de 3 millones de años. ¿Qué sonido hacía la diminuta prehumana cuando ella llamaba a sus parientes?

Lucy no podía hablar como lo hacemos nosotros, porque lo más probable es que haya tenido sacos de aire, órganos en forma de globo que se adhieren a una extensión del hueso hioides, dice Bart de Boer, un experto en la evolución del habla en la Universidad de Vrije, en Bruselas. En los seres humanos modernos, que carecen de sacos de aire, el hueso soporta los músculos de la lengua, lo que permite una amplia gama de vocalizaciones. "Los sacos de aire hacen sonidos más fuertes y de tono más bajo, tal y como un instrumento musical suena más bajo y más fuerte cuando es más grande", continúa de Boer, "Yo estaba en Brasil recientemente y oí a los monos aulladores en estado silvestre. Sonaban como monstruos que dan miedo, debido a sus bolsas de aire".

Estos sonidos pueden ayudar a defenderse de los depredadores, aunque entre los grandes simios se utilizan sobre todo para impresionarse unos a los otros. Las bolsas de aire también pudieran haber permitido a las criaturas hacer llamadas largas repetidas sin hiperventilación. Pero, como tambores de sonido bajo, lo que añade en fuerza pierde en precisión.

En una computadora, de Boer modeló el efecto acústico de sacos de aire y luego construyó un modelo real de un tracto vocal de una criatura parecida a Lucy, incorporando un tubo de plástico y una cámara para imitar un saco de aire. El aire forzado a través del tubo creó diferentes sonidos vocálicos y encontró que los oyentes de la prueba tuvieron más dificultades para distinguir cuando los sacos de aire estaban presentes que cuando no lo estaban. Con esta clase de anatomía, de Boer dice, las vocales de Lucy se fusionaron entre sí hasta que eran casi indistinguibles. El sonido de la vocal más fácil de hacer cuando están presentes los sacos de aire es "Uh" para el oído humano, nuestro antepasado podría haber sonado perpetuamente desconcertado y sin embargo daba un poco de miedo: "Duh... duh... duh.... "

Un sonido del Mamut

La artista francesa Marguerite Humeau esculpió el tracto vocal de Lucy, que hoy se encuentra en la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Ella también está trabajando en el tracto vocal del mamut lanudo. Los blancos huesos del mamut parecen helados de nieve esculpidos en espiral, con colmillos enormes que se proyectan al espacio. "Observé a las laringes archivadas de los descendientes del mamut, los elefantes asiáticos," Humeau dice, "junto con las fotografías y las exploraciones de los mamuts conservados en hielo en Siberia. Y he creado órganos, como los pulmones, la tráquea, la laringe y cuerdas vocales con vibraciones, así como la nariz y las cavidades de resonancia de la boca. "Luego añadí un compresor de aire para simular el envío de aire a los pulmones a través del tracto vocal. También incluye un regulador para emular volumen original de los mamuts. El resultado: "Los niños corren para alejarse del mamut cuando ruge", bromea.

La próxima tarea de Humeau es recrear el sonido de una ballena caminante extinta y el cerdo infierno, un omnívoro parecido al puerco que desapareció cerca de hace 16 millones de años. Al trabajar con compositores e innovadores de sonido, espera tener a los animales comunicándose entre sí a través de un programa de computadora que permitiría varias partes de su exposición escucharse el uno al otro y responder. "Es casi como resucitar a los muertos", dice ella. "Usted recibe estos sonidos oscuros y profundos que le llegan a usted de hace millones de años".

El canto de los pájaros fantasmales

La llamada de una criatura es más conmovedora y presente que incluso el diente o el hueso en el más perfecto estado de conservación. John Fitzpatrick, director del Laboratorio de Ornitología de Cornell, en Ithaca (que alberga la mayor colección del mundo de los sonidos de los animales, cerca de 200,000 clips), comienza las conferencias públicas, poniendo un "llamado inquietante de apareamiento parecido al jazz, que hace las delicias del público hasta que se enteran que es la llamada de la extinta Oo Kauai, grabada en la década de 1970. "Una vez común en las islas de Hawai, el ave estaba respondiendo a una grabación interpretada por un científico. "Ese pájaro se ha ido para siempre".

Aún más legendaria es la llamada del pájaro carpintero pico de marfil, que suena como la bocina de hule en el triciclo de un niño pequeño, balando con el ritmo de un metrónomo y transmitiendo con una cierta alegría tonta. Fue registrada por primera vez en 1935 en un pantano de Louisiana, "cuando los científicos transportaron vagones llenos de la maquinaria utilizada en las primeras películas habladas", dice Fitzpatrick. Investigadores de Cornell siguen buscando el pájaro carpintero, que se creía extinto, pero pudo haber sido visto en 2004. Ellos usaron la espectrografía de audio, que analiza el canto de los pájaros en un ordenador, para comparar los llamados de los pájaros carpinteros en el pantano al del pájaro esquivo.

Últimamente, el Laboratorio de Ornitología de Cornell ha estado trabajando con la artista Maya Lin, diseñadora del Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington, DC. Ella está elaborando una obra de arte multimedia llamada "Lo que falta", que incluye los sonidos de las especies extintas y en peligro de extinción., Dice Lin, "Este es mi último memorial. Voy a estar trabajando en esto hasta el día que muera, porque creo que estamos degradando nuestro hábitat con tanta rapidez que estamos en la sexta extinción en masa”. Los sonidos del delfín de río chino, el gorrión marino polvoso, el sapo dorado, y un número incalculable de otros animales que han dejado el planeta.

"También mostraré los sonidos de especies amenazadas de extinción, aquellas que todavía podemos salvar", dice Lin. "Incluso tenemos el sonido de un arrecife de coral en peligro de extinción, que suena como el crujido de Rice Krispies en la leche".

Sonidos del Jurásico

Las voces de los mamuts lanudos y ancestros humanos de hace 3 millones de años están lejos de ser los únicos que los científicos han revivido. Los equipos están reconstruyendo los sonidos de una fecha tan lejana como la del Jurásico, cuando vivieron los dinosaurios.

La artista francesa Marguerite Humeau de “Walking Dead” ha vuelto a crear la canción del Ambulocetus, un mamífero que caminaba sobre la tierra y nadaba como una nutria. El carnívoro de 3 metros de largo vivió hace 50 millones de años en Pakistán. Producía llamadas de tono alto que probablemente viajaron grandes distancias. Su escultura del tracto vocal de la criatura se encuentra en exhibición desde ahora hasta enero 2013 en la Cité du Design en el centro de Francia.

Los científicos que estudian al Parasaurolophus en el Laboratorio Nacional Sandia escanean el cráneo y la cresta de este dinosaurio herbívoro, pico de pato y alimentaron los datos a través de una simulación por ordenador para generar el sonido que podrían haber hecho hace 73 millones de años. Si el dinosaurio tenía cuerdas vocales, expresó su canto como el de un pájaro de tono bajo. Si no tenía cuerdas vocales, entonces sonaba más como el zumbido de un sapo.

Los biólogos del Jurásico de Cricket en Pekín determinaron la llamada de apareamiento de un saltamontes masculino de hace 165 millones de años, mediante la medición de los fósiles del aparato de hacer ruido en las alas del insecto. Al parecer, el grillo producía un sonido de tono bajo para atraer a las hembras.

(Fin de traducción)

Solicitud a Marguerite Humeau y a Bart de Boer:

Recrear los tractos vocales de los fósiles de los boskops y hacer un comparativo de ellos con los de Lucy, el ser humano presente, de homínidos de la misma época que los boskops y de simios presentes más similares al ser humano.

Las razones para esta solicitud las pueden encontrar en los siguientes artículos de este mismo blog:

1.- “La especie humana extinta que fue más inteligente que nosotros”.

2.- Si los humanos modernos son tan inteligentes ¿Por qué nuestros cerebros se están encogiendo?

Disponible para pláticas sobre mi teoría

Félix Rocha Martínez
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